miércoles, 31 de marzo de 2010

51. UN PASEO DESDE BAGERGUE (5k). Valle de Arán

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La idea de esta última escapada al Valle de Arán era subir al collado del Toro (que podéis ver al final del post n.14 de este blog -ordenadito desde ayer y con índice y todo), y desde allí contemplar de cerca las Maladetas. Pero cosa rara, esta vez la colega se me averió y estuvimos de paseítos viendo casas y cascotes que poner en los blogs hermanos (ya han salido algunos, como sabéis).

Pero como la cabra tira al monte, pues en cuanto vimos que podíamos dar cinco pasos en vez de tres nos animamos a conocer el camino que sube de Bagergue por el valle del Unyhola, esto es, el que va de frente al gran Mauberme (que hollaremos algún día) y el que, a su izquierda, sube al famoso collado de Varrados desde donde se puede dar la vuelta al valle de Arán por el Norte sin salir de España.

Bagergue es un pueblo aplastado por las nuevas construcciones y el pijerío arquitectónico del forropiedra, la madera barnizada y los geométricos tejados pizarra, pero en fin, aún puede uno parar en la iglesita, justo a la entrada y contemplar el barranco del Unyhola desde el pequeño camposanto.



Por dentro del pueblo quedan restos vernáculos (muy pocos) y en llegando a esta casa, bastante bien conservada/rehabilitada (excepto en la carpintería de los bobarriles...), ya se toma el camino de salida del pueblo.



Pocos metros más adelante hay una bifurcación: a la izquierda, la pista principal que va directa a al gran prado de la Borda de la Lana, y a la derecha el viejo caminito que lleva a la ermita de Santa Margalida. Nosotros tomamos el primero, algo más feo, pero con la intención de llegar un poco más lejos y volver por el segundo. Así pues, nuestra primera foto de la ermita, cuando pasamos a su altura, es desde abajo.



En llegando al gran prado el camino se vuelve a bifurcar de una manera evidente: a la derecha sigue la pista hacia el fondo del valle y el Lac de Montoliu (lugar ideal de acampada para atacar al día siguiente el Mauberme), y a la izquierda, el camino que cruza por en medio del prado, se llega hasta la Borda de la Lana y sube hacia Varradós




Este prado es un lugar ideal para hacer esquí de fondo o pasear con raquetas, pero cuando nos llegamos nosotros a él estaba la nieve un poco rara, dura por fuera y blanda por abajo, es decir, mejor para raquetas que para botas. Como estábamos ya a 2,5 km del punto de salida y no era cosa de tentar la suerte, en el punto de la última foto nos dimos la vuelta.

Ahora tocaba subir a la ermita, y como se puede ver en la siguiente foto (cosa rara) mi colega iba detrás.



Esta es la estupenda vista del gran prado, tomada desde la ermita.



Y aquí la ermita, la colega, y su felicidad. ¿Quién no es feliz en un lugar así?



Y para acabar, el bellísimo camino de la ermita hacia Bagergue. Poco más de un kilómetro.



He puesto la foto que abre esta entrada con una imagen bajada de internet para mostrar el día ideal para hacer este paseo. Con raquetas de nieve, claro está.

martes, 30 de marzo de 2010

INDICE DE MONTES DEL 1 AL 50

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1. DOS BARRANCOS EN ANGUIANO. La Rioja.

2. VUELTA A LA CABECERA DEL BARRANCO DE TREVIJANO. La Rioja.

3. UN PASEITO A PEÑA MOYA. Sorzano. La Rioja.

4. TRAVESIA DE URDANTA A ZALDIERNA. Ezcaray. La Rioja.

5. PEÑAS DE GEMBRES. Anguciana. La Rioja

6. EL ASPE. Candanchú. Huesca.

7. PEÑAS DE CELLORIGO. La Rioja

8. VUELTA AL MIDI D’OSSAU. Huesca. Frontera con Francia.

9. EL MONTARTO. Arties. Refugio de la Restanca. Valle de Arán

10. ORDESA. Por la senda de cazadores al refugio del Perdido

11. CIRCO DEL VIGNEMALE. Desde el Pont d’Espagne. Cauterets. Francia

12. EL CIRCO DEL GRAN FACHA. Desde el Pont d’Espagne. Cauterets. Francia

13. EL ALTO REDONDO. Jubera. La Rioja.

14. VUELTA A LOS PUEBLOS EN LADERA DEL VALLE DE ARAN. Benos, Begós, Vilamos, Arrés.

15. VALLE DE LOS PENITENTES. Codés. Navarra.

16. UMION. Santa María de Cubilla. Burgos

17. LA MUELA DE SEGART. Valencia.

18. PEÑA TELERA. Piedrafita. Huesca

19. EL BONETE DE SAN TIRSO. Bernedo. Alava.

20. EL TOLOÑO. Labastida. Rioja alavesa.

21. SANTOSONARIO. Sierra Cebollera. Villoslada. La Rioja

22. CASTILLO DE VINUESA. Sierra Cebollera. Villoslada. La Rioja

23. CEBOLLERA. Ermita de Lomos de Orios. Villoslada. La Rioja

24. EL GRAN FACHA. 3005 m. Pirineos. Desde el Refugio del Respumoso.

25. EL TAILLON. 3146 m. Pirineos. Desde el Refugio de Sarradets.

26. EL FELDBERG. 1493 m. Friburgo. Alemania.

27. CERRO CASTILLO DE MONTE REAL. Ajamil. La Rioja.

28. ESTACION DE ESQUI PIAU ENGALI. Saint Lary Soulan. Francia

29. PASEO AL EMBALSE DE VALBORNEDO. Navarrete. La Rioja

30. ESTACION DE ESQUI SAINT LARY SOULAN. Francia

31. ESTACION DE ESQUI DE GAVARNIE. Francia.

32. EL LEON DORMIDO. La Población. Navarra/Alava

33. PASEO POR HAUTACAM. Lourdes. Francia

34. TRAVESIA DE LA SIERRA DE ABODI. Ochagavía. Navarra.

35. MORZINE AVORIAZ. Estación de esquí. Alpes. Francia

36. PASEO AL LAGO DE LAS MINAS DE ORO. Morzine. Francia.

37. L’AGUILLE DE MIDI. Chamonix. Francia

38. JAVALAMBRE. Teruel.

39. PIENZU. Desde el Mirador del Fito. Asturias.

40. EL CANIGOU. 2784 m. Prades. Refugio de Cortalets. Pirineos Orientales.

41. PIQUE LONGUE DE VIGNEMALE. 3.298 m. Refugio de Baysellance. Pirineos Centrales.

42. MONT VALIER. 2.838 m. Refuge d’Estanous. Dep Ariege. Francia

43. ALGUNAS NOVEDADES EN EL TOLOÑO. Labastida. Rioja Alavesa.

44. CASTILLO DE TORROELLA DE MONTGRI. Gerona

45. LA RHUNE.. 905 m. Pirineos Pays Vasque. Ascain. Francia.

46. MONCAYO. 2314 m. Tarazona. Monasterio del Moncayo. Zaragoza.

47. CODES. 1416 m. Monasterio de Codés. Navarra.

48. DE SANTA ENGRACIA A SANTA CECILIA EN MOTO. Jubera. La Rioja.

49. REFUGIO DE GABARDITO. Un paseo con raquetas. Valle de Hecho. Huesca.

50. TRAVESIA DE URKIOLA A IGURIA. Vizcaya.


domingo, 14 de marzo de 2010

50. TRAVESIA DE URKIOLA A IGURIA (16k 200+ 700-)

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Pocas son las travesías de montaña que hacemos porque para ello hace falta una infraestructura mayor de gente o de contactos con el objeto de dejar los coches en la salida y poder volver a por ellos. No recuerdo muy bien cómo lo solucionamos en la excursión planificada por mis hermanas en diciembre de 1998, pero la cosa funcionó bien. La larga y bellísima travesía que aquí cuento se inicia en el Santuario de Urquiola, junto al puerto del mismo nombre, y finaliza en Iguria, un pequeño barrio de caseríos en la carretera de Elorrio a Campazar que tiene encima una ermita, Santa Lucía, que como es tradición, celebra su día grande el día 13 de ese mes. La referencia de la gran pirámide del Amboto que se deja a la izquierda es sin duda el mayor atractivo del recorrido.

Estrenaba por entonces mi primera cámara digital, una Sony que grababa sus fotos en diskettes de plástico de ínfima capacidad. Muy moderna en aquel momento pero con pésimos resultados. Una pena no poder ofrecer mejores imágenes de esa travesía. A cambio, google earth nos permite recorrer y medir paso a paso el itinerario y fotografiar el relieve. Mezclando unas imágenes con otras puede que nos hagamos una buena idea de la excursión.

Nueve de la mañana, foto en el momento de la salida y primer repecho hacia la cota del Urquiolamendi.





Se desciende un poquito y se continúa por la falda del Amboto hasta alcanzar el collado, que es el punto más alto de la travesía. Desde el punto de salida mido con Google Earth 4 kms. Por delante, aparece al fondo el monte Udala mientras que el sendero va alternando por entre bosques de pino o de haya.






Hacia atrás dejamos la majestuosa cara norte del Amboto



El sendero gira a la izquierda y cumbreando y descendiendo poco a poco se llega a la famosa campa de Besaide (el claro más amplio de la foto) donde hay un monumento que señala el punto de encuentro de las tres provincias vascongadas. Desde el punto de salida mido 11, 2 km, así que fue el momento de hacer la parada para almorzar.





De Besaide desciende una pista amplia hacia Elorrio, pero bajado un kilómetro hay que dejarla y tomar un desvío a la derecha, y entre bosques y vueltas intentar dar con la ermita de Santa Lucía, asunto nada fácil si no se conoce el lugar porque está escondida entre árboles. Tampoco se ve claro en la foto de google earth donde está, así que el trazado que he dibujado sobre esta foto es meramente indicativo. La foto del grupo en la puerta de la ermita sí que es real.






De la ermita hasta Iguria aún hay un trecho de casi 2 kilómetros, y aunque son de pronunciado descenso, con todo lo que se lleva en las piernas, se hacen largos. La travesía en total es de 16 kms, con lo que llegar a eso de la 1 o una media, es lo esperado.

lunes, 8 de febrero de 2010

49.REFUGIO DE GABARDITO. Un paseo con raquetas

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Con las botas de monte, con los esquís, con la moto..., y ahora también, con raquetas de nieve. Por variedad que no sea. Las raquetas siempre me habían parecido unos trastos un tanto ridículos, pero bien es cierto que tienen su momento. Sobre todo cuando llega tu cumpleaños y no saben que regalarte, ja ja ja, que es lo que pasó el año pasado. Mi colega vio que estaban de oferta en Decathlon y San Mateo me las bendijo. Y como mi imaginación en regalos no da para mucho, en cuanto llegó su cumple en noviembre, le puse las suyas. Ya sólo había que esperar que nevase.

Hasta este año sólo habíamos dado un par de paseos con raquetas de nieve alquiladas, ambos con mi hermana Mercedes y su marido Jose Igartua. El primero, por las campas de Isaba y el segundo (más reseñable en este blog/algún día lo pondré) desde el Pla de Beret hasta Montgarri. Pues bien, para el estreno de nuestras raquetas en propiedad, elegimos el paraje del refugio de Gabardito, lugar que quería yo conocer por ser el punto de partida al Bisaurín, monte al que le tengo muchas ganas.

Llevaba dos días nevando y la carretera desde Hecho hacia arriba estaba completamente helada, así que pusimos las cadenas nada más pasar Siresa, momento que recoge la foto.



Eran las nueve de la mañana y el tractor quitanieves acababa de limpiar la carretera hasta Gabardito por lo que fue un lujazo ser los primeros en subir.



Esta es la foto con la que celebramos el momento de calzarnos y estrenar las raquetas.



Y este es el refugio de Gabardito donde alquilamos un par de raquetas para Elena, a quien todavía no le ha llegado su cumpleaños...



Los chicos del refugio estaban pisando los caminos que constituyen la pista de esquí de fondo. Les preguntamos por circuitos para caminar y no nos supieron decir nada (muy organización aragonesa-española), y que el sendero hacia el Bisaurín lo podríamos perder porque no había marcas y la nieve lo podría haber desdibujado. Comenzamos por lo tanto a andar por el sendero/pista que sube hacia el Bisaurín no sin la recomendación de los chicos del refugio de que fuéramos por un costado de la pista, no se la fuéramos a estropear. Es un poco decepcionante salir a andar con raquetas de nieve y tener que hacerlo por una pista pisada, pero bueno, ya vendría luego lo bueno, pensamos.



La pista nos llevó hasta un llano en el que vimos que el sendero tenía que subir por encima, y subiendo ya por la nieve profunda, de momento dimos con él.




Pero enseguida la nieve del bosque lo desdibujó todo y las ramas cargadas de nieve o los árboles caídos nos hicieron perder el sendero.



Fue bastante decepcionante tener que darse la vuelta cuando apenas llevábamos andados cuarenta minutos. Al volver al llano, encontramos por suerte a uno de los chicos del refugio haciendo la pista con esquís de fondo y le preguntamos de nuevo que qué podíamos hacer. Nos señaló el inicio de una pista que subía por el bosque y que como era bastante ancha, seguramente la podríamos seguir sin perdernos. Y eso fue lo que hicimos hasta completar una hora más de caminata y decidir que había llegado la hora del almuerzo



Regresamos al refugio, vimos que en todo el día no habían subido ni cuatro coches, devolvimos las raquetas alquiladas y nos marchamos con un cierto sabor agridulce de la excursión. El lugar es una maravilla, andar con raquetas por nieve profunda, una experiencia sensacional, y pasar un día entre los pinos, el silencio y la nieve, una gozada. Véase si no este pequeño video.



Pero es bastante triste que no haya ni un solo sendero marcado con simples indicaciones en los pinos, tiempos, o dificultad. Así es muy difícil crear afición.

Como llevaba el indicador GPS, de vuelta a casa lo puse en formato Google Earth y este es el resultado de nuestro paseo. El Bisaurín es el pico de la derecha. A ver si hay más suerte cuando intentemos subirlo en verano y no se nos echa la niebla..., porque con las señalizaciones oficiales “made in Aragón”, va uno dado.



Excursión realizada el 31 de enero del 2010.

miércoles, 6 de enero de 2010

48. DE STA ENGRACIA A STA CECILIA Y UN CUENTO DE NAVIDAD

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Una amable lectora del blog me ha preguntado estas navidades por mail si había subido yo desde Sta Engracia de Jubera a algunas minas abandonadas que hay por allí, y si le podía dar alguna pista del recorrido. Mi respuesta ha sido negativa pero me ha recordado que una excursión iniciada precisamente en Sta Engracia de Jubera dio pie a que, haciendo pinitos en la ficción, llegase a escribir yo nada menos que un cuento de Navidad. La excursión no fue andando sino... ¡en moto! con lo que abro un poco más todavía este blog a todo tipo de pequeñas aventuras geográficas. Ya sé que las motos no gustan mucho a quienes andan por el monte, pero si se usa con respeto hacia los caminantes y hacia la propia montaña, no hay por qué desdeñar sus estupendas posibilidades para descubrir el paisaje.

Aquel día de noviembre de 1988, Fernando Caballero y yo vinimos con nuestras motos desde Logroño, subimos por el sendero desde Sta Engracia hasta Sta Cecilia, y regresamos por la pista hacia Lagunilla de Jubera, descubriendo así este pequeño tramo de tres kilómetros y medio que bien vale una excursión a pié. Si lo pudimos hacer en moto es porque las que teníamos entonces eran casi unas trialeras, pues el sendero que une ambos pueblos creo que no es apto para grandes motos de trail. El terreno está semiabandonado y es muy erosionable por lo que me imagino que estará peor que entonces.



Sale el sendero de Sta Engracia (600 m) en dirección Oeste junto al barranco del pueblo y ladea por la solana hasta llegar justo debajo de Sta Cecilia (876 m), donde hice la foto que abre este post. No tiene pérdida. Lo he medido con google earth y son 3,5 km y 276 m de desnivel, así que para la ida, la vuelta, y la visita y almuerzo en Sta Cecilia, bien se pueden emplear tres horas. Como el terreno es seco y no hay ni una sombra, lo mejor será evitar el verano.





Aquella excursión estuvo marcada por la hospitalidad del Beta, el único habitante de Sta Cecilia, que departió con nosotros un buen rato, nos enseñó las ruinas de su pueblo, y hasta compartimos el almuerzo en su bodega. Recuerdo que hasta nos dio de probar un vino que hacía él mismo de algún majuelo que tenía por allí arriba y que, como no podía ser de otro modo, era bastante rasposo. Hace unos años me dijeron que había muerto, así que estas fotos son un homenaje póstumo.



















Continuamos recorrido por la pista que sube hacia el collado (928 m) que separa el valle de Sta Engracia del de Lagunilla, y por donde pasa el camino hacia Bucesta. Subiendo hacia ese collado hice las dos últimas fotos de Sta Cecilia,





es decir, las fotos que inspiraron el título del “cuento de navidad” que escribí unos días después como recuerdo de aquella excursión. La directora de La Rioja del Lunes me pidió un texto para un suplemento navideño y ni corto ni perezoso (atrevida que es la ignorancia) me hice pasar por el Beta y me inventé esta historia. No os riáis mucho de mi pésimo estilo literario. Bastó con leerlo en letra impresa para que no me animara a escribir ficción nunca más. Pero como es un bonito recuerdo de este lugar lo pongo a continuación. Y encabezando el texto, la pequeña acuarela que hice sobre la primera imagen de Sta Cecilia para ilustrar su publicación. Ya que no puedo desear ahora Feliz Navidad, vaya para mis pocos lectores el deseo de un Feliz Año 2010 y de una feliz excursión entre estos dos pueblos si se animan a hacerla.





DOS CAMINOS
(un cuento de navidad)

Soy el único vecino de un pueblo de la sierra, hace años abandonado. Vivo con mi mujer y dos de mis hijos a una hora del poblado más cercano por camino de herradura, pedregoso y semiderruido, ya casi intransitable, que bordea el barranco. Aún así, yo lo prefiero a la nueva pista que hace poco y con gran esfuerzo, hemos construido por la cumbre para llegar con el Land Rover. Subiendo por el viejo camino, el pueblo, quizás hoy más que nunca, aparece imponente: las casas grises y medio en ruinas, rodeadas por una fila de olmos muertos, le confieren el aspecto de una antigua fortaleza, casi inaccesible. Desde el collado por el que cruza la nueva pista, el destrozado caserío, sin embargo, pudiera parecer un vertedero de escombros. Rara vez sube alguien por el barranco; las profundas erosiones del torrente impresionan hasta atemorizar. Los nietos, los parientes, los viejos vecinos y los curiosos, cazadores o excursionistas, nos llegan por la pista.

Los años de soledad aquí arriba han sido años de paz. Es cierta la observación: vivimos cerca del cielo. No hemos tenido ningún otro sobresalto que las enfermedades de los animales o el estrépito nocturno del desplome de alguna de las casas abandonadas. Las tormentas, gracias a Dios y a la fe de mi mujer en Santa Bárbara, han pasado siempre de largo y, en el peor de los casos, alguna chispa nos mató ganado dejado en el monte. Tras la marcha del último vecino, los días más aciagos fueron aquellos en que los curas, acompañados de la Guardia Civil, vinieron a llevarse todo lo que había de valor en la iglesia y en la ermita. NO sentí que arramplasen con los retablos, los cristos, los muebles de la sacristía y hasta con sus puertas. Me dolió, por mi mujer y mis hijos, que se llevaran la santa de la ermita arrancándomela de mis brazos.

Dos días antes de la Navidad del año pasado sucedieron los hechos que aquí relato. Constituyen el único sobresalto grave en la paz que disfrutamos.

Había vendido en la feria una partida de novillos y antes de subir al pueblo deposité las ganancias en la Caja de Ahorros. Llegué al anochecer y festejamos la venta con una cena especial y con el pensamiento puesto en la celebración del día siguiente, cuando también el hijo mayor, su mujer y los nietos nos hicieran compañía. Lucía una espléndida luna llena cuando nos fuimos a la cama. En la calle reinaba la paz de siempre, aunque el perro, quizás por la luna, ladraba más que de costumbre. Ya estaba metido en la cama intentando dormirme cuando el perro aumentó más y más sus ladridos. Me vestí y bajé a reprenderle. De vuelta a la cama, el perro volvió a ladrar aún más fuerte y como nervioso. Mi mujer me miró a la cara con rostro preocupado. Me quedé clavado y dije: aquí hay gente; apaga inmediatamente las velas. Volví a bajar a la calle junto al perro, que rayaba en la histeria. No estoy seguro pero creo que ví algo moverse. Maldije no haber bajado la escopeta y entré en casa de inmediato a por ella. Ya la tenía el hijo menor en sus manos, dispuesto a bajar. ¡Los cartuchos! ¿Dónde habéis puesto los cartuchos? Gritó mi otro hijo. Los nervios nos atenazaban y no había forma de dar con ellos. Mi mujer balbucía ¡ay Dios mío, ay Dios mío! ¿dónde los habré puesto? ¿dónde los habré puesto? Al fin aparecieron debajo del armario. Cargó el hijo la escopeta y saltamos a las escaleras. ¡No salgáis! ¡no salgáis! gemía la mujer y madre, ¡que os van a matar! ¡que os van a matar! Hemos hecho aquí frente a todas las adversidades y ahora no va a ser menos, le contesté. ¡Vamos hijos! Nadie aquí nos va a robar la paz.

Nos asomamos a la puerta, donde el perro, sin despegarse un palmo, ladraba y ladraba impidiéndonos oír los posibles movimientos de los ladrones. Al fin vimos a uno cruzar corriendo la calle, o eso nos pareció, y soltamos un disparo que resonó con gran intensidad. Armados del valor de la detonación y de no recibir respuesta, salimos hacia la era en donde vimos cómo otro individuo salía del quicio de la puerta de un corral y se echaba monte abajo. Permanecimos los tres junto a una pared esperando acontecimientos, pero nada ocurrió. A cierta distancia la visibilidad era nula, a pesar de la luna, y los posibles ruidos quedaban encubiertos por los persistentes aullidos del perro. Cuando el frío y la quietud empezaron a acumularse en nuestros huesos y en nuestros nervios, los hijos decidieron llegarse hasta el Land Rover para salir en su búsqueda: seguro que han venido por la pista hasta el carrascal y de ahí han subido andando para no hacer ruido con el coche; veta a casa, padre, y encerraros bien, que a estos les vamos a dar su merecido, me dijeron.

Bajaron en el auto hasta el carrascal pero no vieron nada, así que dieron la vuelta y regresaron al pueblo, donde el perro salió a recibirlos, ahora más tranquilo. No pegué ojo en el resto de la noche, con el oído bien atento y venga a darle vueltas a lo sucedido. Algún granuja, pensé, se ha enterado de la venta de los novillos y ha subido pensando que tendría aquí las perras. Aunque, quién sabe, igual eran mozos del pueblo de abajo que subían a por algún cabritillo para la cena de Navidad. Al día siguiente bajé a denunciarlo a la Guardia Civil, donde me dijeron que había tenido suerte en no dar a nadie con aquel disparo y que anduviese con cuidado con el Land Rover y con dejar las llaves puestas, pues lo mismo habían subido a por él.

La cena de Nochebuena fue feliz, como todas, aunque algo distinta. Hablamos más de la cuenta de sucesos, robos y ladrones, temas poco apropiados para una festividad así. Ya se nos han olvidado casi los sucesos de aquella noche y ahora los contamos entre risas y vino, como una aventura más. Desde entonces no siento ningún miedo adicional; la paz es la de siempre. De aquel 23 de diciembre sólo me ha quedado la curiosidad de saber por cual de los dos caminos vinieron: si por el que se fueron los vecinos en busca de la civilización, o por el que de tanto en tanto la civilización vuelve al pueblo.