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martes, 4 de octubre de 2016

225. CERRO CEBOSA, 1.530 m (17k, 600+) Tramo circular de la Marcha Hoyos 2016.



El año pasado, después de mi trote otoñal entre Aldeanueva y El Horcajo (v Montes 193), estuve estudiando la zona con google earth para proyectar algún recorrido por esas montañas, pero como no vi muy claro que hubiera senderos bien trazados, lo dejé en un segundo plano. Este mes de septiembre, sin embargo, cuando vi que la Marcha de Hoyos 2016 iba a discurrir por esa zona, eché un vistazo al recorrido que pensaban hacer y pensé que sería una buena oportunidad para aprovechar sus señalizaciones. Las Marchas de Hoyos nunca me han interesado por sus largas distancias y desniveles, y porque la propaganda institucional y periodística de este sarao me echa para atrás: de repente quinientas personas por un sendero perfectamente balizado con políticos y fotógrafos de La Rioja, y al domingo siguiente nada. Pero en fin, era una ocasión inmejorable para aprovechar el balizamiento, llevar el gps y hacerse con el track.


El recorrido de esta edición tenía además la particularidad de que se le podían quitar los 7 kms iniciales de Villoslada a Lumbreras y los 7 finales de vuelta entre Lumbreras y Villoslada, dejándolo en unos estupendos 16 kms circulares con salida en Lumbreras, paso por el despoblado de El Hoyo, ascensión al Cerro Cebosa, paso por El Horcajo, paso por San Andrés y regreso a Lumbreras. Como la Marcha salía de Villoslada a las 8 de la mañana, yo me presenté en Lumbreras poco antes de las nueve cuando ya habían pasado los fieras que la hacen corriendo. En el control de Lumbreras me pidieron la tarjeta de la marcha y como me hice el sueco, ya hubo un tipo con gafitas tipo de las SS que me miró con mala cara y levantaba la mano como con ganas de decirme que no tenía derecho a ir por el sendero balizado por la organización. Como si ese día el monte fuera suyo... Les dije que yo era de otra guerra (verdad), y que iba a Aldeanueva (mentira); y santas pascuas. Eché a andar hacia El Hoyo por un sendero descendente bastante evidente que además de las marcas de la Marcha tenía otras de color naranja y amarillo que vete a saber quién las ha puesto y dónde puede encontrar uno sus razones:


Al pararme a hacer la foto del cruce de este arroyo, cuando el sendero empieza por fin a subir, me di cuenta de que con el lío del "control" de la salida, aunque había puesto en marcha mi reloj Suunto, se me había olvidado poner el track del endomondo, ay, y ya llevaba más de un kilómetro recorrido. El mapa que me grabó la célebre aplicación del móvil resulta un poco engañoso pero en cualquier caso vale la pena ponerlo aquí. A cada punto kilométrico le subimos un número (donde dice 2 debe decir 3) y ya está. Luego salen 17 kms, que tampoco es verdad, pero en fin, es lo que tienen las tecnologías estas, que no hay que tomarlas como ciencia exacta.


De todos modos, y aunque en el futuro no haya cintas de plástico de Cajarioja, el sendero hasta El Hoyo se conserva bastante bien, tiene las marcas amarillas y naranjas en algunos árboles, y son poco más de dos kilometros por zonas que en otro tiempo debieron de estar cultivadas:


Sólo en algún prado puede haber algún despiste pero poca cosa. Con las cintas de la Marcha, aquel paso del fondo parece una puerta del triunfo:


Los tres o cuatro "marchadores" que me adelantaron en estos dos primeros kilómetros entre Lumbreras y el Hoyo iban a muy buen ritmo, pero no corriendo. Uno de ellos me sirvió para dar un poco de color al paso por las ruinas del despoblado del Hoyo, cuando el camino gira noventa grados a la derecha.


Según las indicaciones de la organización el siguiente tramo coincidía con el sendero que va de El Hoyo al Horcajo, pero entre que había un poco de niebla y que me despisté una miaja tirando hacia la izquierda, por poco me pierdo. Por detrás mío venían algunos marchadores a muy buen ritmo, y cuál no fue mi sorpresa al ver que dos de ellos eran mis viejos compañeros del Maratón Rioja, Eugenio y Ricardo, con quienes compartí maratones en San Sebastián, Madrid y Valencia:


Les saludo, les hago una foto, les digo que yo no voy de "marcha" y me despido hasta otra ocasión:


Peeeeero, ay ay ayyyy, cuando veo que la niebla se disipa y que Eugenio y Ricardo no se me van muy lejos, me sale la vieja vena corredora y competitiva, pongo yo también una buena marcha...:


...  y casi les alcanzo antes de llegar a la cima del Cerro Cebosa:


Alucino en este tramo con el desbrozado que se ha hecho de la vegetación para trazar el recorrido. No acierto a imaginar con qué tipo de máquina han realizado la limpieza de los brezos pero de lo que estoy seguro es que dentro de un par de años se habrá perdido y no será tan fácil subir por aquí.

Otra sorpresa agradable de este tramo es que, vestido de hombre de la organización, me encontré con Román Soriano (al que conocí en la reciente subida al San Lorenzo) quien me hizo una foto con su móvil. A ver si consigo que me la pase y la puedo poner aquí porque con las prisas no me hice ni una selfie.


En la cima del cerro había un buen nutrido grupo de "organizadores"... por lo que yo no me entretuve a contar mi vida (ja ja) y seguí al grupillo que se había formado con los ocho o nueve marchadores que me habían pasado durante toda la subida y que habían empezado a correr hacia El Horcajo. Y como correr hacia abajo no se me da nada mal pues hasta les pasé y me llegué a poner en cabeza (!):


Al llegar al Horcajo todos se pararon "a fichar", "aguar" y tomar alguna cosa, momento que aproveché para hacer una foto y hacerme el longui.


Los únicos que no se entretuvieron en el avituallamiento fueron Eugenio y Ricardo, así que me uní  a ellos y nos fuimos corriendo solos hacia San Andrés por unos prados increíbles de bonitos, saltando por dos o tres curiosos pasos/escalera de vallas para el ganado, que como decía Ricardo, iban muy bien para estirar un poco (ja ja ja). Al paso fui viendo algunos postes indicadores: de los de madera con dos rayitas y hasta de los "artísticos" en acero oxidado (!). Algún día me enteraré a qué recorrido hacen alusión...


Al pasar por los meandros del Arroyo del Perrón, lo vi tan bonito que les dije a mis colegas que siguieran adelante sin mí, que yo me quedaba a hacer unas fotos. Fijaros que belleza:


Para cuando me quise volver a ponerme en marcha vi que por detrás se acercaba corriendo una pareja bastante senior del grupillo con que habíamos coronado el Cerro Cebosa y aunque en principio les dejé pasar, acabaría yendo con ellos hasta Lumbreras:


El sendero desde Cerro Cebosa hasta Lumbreras no siempre es en bajada como decía el perfil de la marcha, sino que es más bien un tobogán.



Lo pongo aquí para que se den cuenta de la diferencia (les tendríamos que denunciar por publicidad engañosa ja ja ja). Sumando todas las subiditas desde Cerro Cebosa a Lumbreras sale otro Cerro.


Al paso por el prado lleno de vacas de la siguiente foto  les cogí a los dos hombres de negro, y al llegar corriendo por detrás les di un buen susto porque creyeron que yo era una vaca (!). De paso les conté la triste noticia de ese montañero de Orio que murió hace poco más de un mes amochado y aplastado por un vaca cuando salió sólo a pasear, así que hacían bien en tomar precauciones. La Mesa de Cebollera al fondo decoraba este magnífico lugar:


En la bajada de ese prado (también balizado con postes de madera y rayas amarillas y naranjas) avistamos las casas altas de San Andrés y adelantamos a otro marchador que me da que hacía trampas como yo, porque llevaba mochila y botazas y no le había visto antes.


En los últimos repechos hacia Lumbreras me tuve que parar a tomar una barrita energética porque no había ingerido nada sólido en todo el recorrido y al ritmo de los hombres de negro me temía una pájara. Aunque la barrita estaba caducada (ja ja ja) me dio la vida y volví a pillarles y entrar con ellos en Lumbreras. Allí les dije a modo de despedida que yo no era de la "marcha" y que no iba a ir con ellos hasta Villoslada, y esprinté hasta mi coche pasando por el control de la "marcha" entre gritos de ¡para, para!  ¡que te vas sin fichar! (ja ja ja). Fichar en el monte..., ¡qué ocurrencias!


Dejo aquí el track que me grabó el reloj Suunto que siempre tiene alguna imprecisión (algún km de menos y algunos picos de altura en que se vuelve loco) pero que os puede venir de perlas para hacer este bellísimo recorrido de media montaña antes de que se borren las huellas de quinientos marchadores y vuelvan a crecer los brezos en la subida a Cerro Cebosa. Mi consejo es hacerla en plan tranquilo en unas cuatro horas y no en las 2h 50' en que la hice yo por culpa del veneno que me inocularon mis colegas corricolaris Eugenio y Ricardo, a quienes despedí a voces desde Lumbreras porque aún les llegue a ver bajando hacia el río Piqueras cuando me montaba en el coche.






¡Ah!, se me olvidaba: como no podía ser menos en un evento "institucional y periodístico" como este, vaya también mi cordial felicitación para los mandos y miembros de nuestra Benemérita Guardia Civil que, agazapados cual salteadores en un coche negro detrás de la Venta de Panzares, colaboraron activamente con la Marcha haciendo fotos con el radar a quienes a las ocho de la mañana, cuando no hay apenas tráfico y ni un alma en Panzares, pasan con su coche a la peligrosísima velocidad de 60 kms por hora en vez de los preceptivos 50. Con colaboradores así, el tráfico es mucho más seguro y las arcas del Estado pueden estar bien tranquilas. Y los montañeros de bien, tan felices y contentos.


martes, 5 de julio de 2016

212. MARCHA POR EL BOSQUE EN VILLANUEVA DE CAMEROS (12,5k 300+)



No suelo ir a excursiones masivas (y menos si hay que pagar...), pero el anuncio de una marcha por los bosques de Villanueva de Cameros con camiseta y comida incluida por 10€ me pareció una opción muy atractiva para hacer una caminata matinal en los primeros días de Julio, cuando el sol pega de lo lindo. Lo organizaba la Asociación de Amigos de Villanueva de Cameros, y contra lo que suele ser habitual en este tipo de eventos (largas palizas de más de veinte kilómetros y miles de metros de desnivel acumulado) ofrecía un recorrido muy amable de unos trece kilómetros y no más de trescientos metros de desnivel. Coincidió también que la iba a hacer un amigo mío, Julio Arnáiz, y su familia, y eso siempre anima. La única pena es que mi habitual compañera de fatigas se acatarró el día anterior y prefirió quedarse en casa a reponerse. Este es el track que me grabó Suunto, que siempre mide un poco menos de lo que dan otros gps.


Salida a las diez de la mañana de la plaza del Ayuntamiento. La foto la he tomado de la web de facebook Recuerdos de Villanueva porque se me ve a mí (con un polar negro) justo en el momento en que pongo en marcha el Suunto:


Comenzamos el recorrido por la margen izquierda del arroyo que baja del pantano de Ortigosa:


El sendero está casi perdido en algunos tramos y machacado por las vacas en otros, así que me parece excelente idea hacer marchas como estas para pisarlos y recuperarlos:


Hay bastantes bajadas al río hechas por los pescadores y algún desvío que otro para subir a algún ribazo por lo que convendría poner alguna marca con hitos o pintura en esos puntos para no perderlo con facilidad nada más empezar. Con los dos paisanos que llevaba delante no había pérdida pero para quien lo quiera repetir convendría rematar la tarea iniciada con la organización de la marcha.

A los dos kilómetros justos se llega a un pequeño encauzamiento de hormigón con un puente desde el que ya se ve al fondo un trocito de la presa del pantano. El sendero nos deja unos metros por encima del puente, de ahí que parezca rara la dirección de los dos excursionistas que se ven en la foto:


Se cruza el puente, se asciende por la pista de asfalto que va junto a la presa y... ay ¡se indigna uno de que toda la energía ahí almacenada lleve desaprovechándose desde que se construyó el pantano porque no tiene una miserable central eléctrica! ¡y el de Pajares igual!


Y venga a llenar de molinillos las líneas de cumbres... En fin, dejemos la política por un día que hemos venido a disfrutar del monte. El paso de la carretera tampoco es buen momento para el disfrute de la naturaleza, pero apenas vamos por ella unos metros hasta coger la pista asfaltada que sube a Peñaloscintos:


Enseguida vemos a la derecha su caserío (más abundante de lo que creía, o sea... que tendré que hacer una visita más detallada) y su iglesia:


Al llegar a la curva de noventa grados a la derecha que nos llevaría al pueblo, giramos noventa grados pero a la izquierda hacia una entrada de madera bien balizada con las marcas del GR y otras marcas blancas y moradas que no sé de qué serán (eso de la abundancia de senderos y marcas institucionales sin saber de qué van tiene también su miga...).


Comienza ahí un tramo de bosque verdaderamente espléndido, bonito de veras:


La foto de presentación da cuenta también de esta zona por lo que se ve que no paraba de hacer fotos hacia delante (ya se ve que iba yo en cabeza para disfrutarlo a gusto) y hacia atrás. 


A veces aparecen montones de piedras como de restos de construcciones:


Aunque lo que yo esperaba era ver las del despoblado de El Hoyo. Antes paramos en el cruce de una pista para reagrupar a la gente:


Y para que unos metros más adelante no siguieramos por la pista sino por el sendero del GR, bien marcado a la izquierda con las marcas rojas y blancas y con una de esas chapas "artísticas" que... mejor se la lleve alguien a casa para decorar el pasillo:


Digo yo que la pista llevaría al despoblado porque unos cientos de metros más adelante, al llegar a la señal de la siguiente foto, uno de los paisanos señaló unos muros de piedra que quedaban arriba a la derecha diciendo que esos eran los de EL HOYO.


Me dio un poco de pena no pasar por este despoblado pero no me importó mucho porque pienso volver pronto a andar por estos bosques. Y es que en otoño tienen que estar impresionantes. A partir de esa señal se sube un ligero repecho y se llega a la ermita de LOS LLANOS (más o menos km 7 del recorrido) donde la organización nos obsequió con agua, zumos y fruta. 


Desde esta ermita se puede bajar directamente por una pista hasta Villanueva (también se podía bajar desde la señal anterior en caso de querer acortar) pero para alargar un poco más el recorrido y hacerlo más variado, la organización había previsto retomar el GR que va a Villoslada hasta un arroyo donde hay un puente de madera que no cruzamos y que sirve para otra reagrupación general. 


La parte más "salvaje" del recorrido consistía en bajar poco menos de un kilómetro por el monte junto a este arroyo tratando de crear algún sendero nuevo con la ayuda de las marcas que la organización había puesto en los árboles:  


El monte no está muy sucio pero lo mejor sería hacer las marcas con pintura para que no se perdiera. Si queréis hacer el recorrido por vuestra cuenta, lo mejor es seguir el track que os dejo aquí o, como decían los organizadores, no alejarse mucho del arroyo que baja a nuestra derecha porque el punto de salida es precisamente el del paso por encima de ese arroyo del canal que viene de Villoslada:


El arroyo no se cruza porque nos iríamos a Villoslada (lo crucé yo para hacer la foto). Lo que se hace a partir de ahí es caminar a piso llano por encima del canal que lleva agua de Villoslada al pantano de Ortigosa, una importante infraestructura que yo no conocía:


Cerca de un kilómetro más adelante nos encontramos con la pista que baja de la ermita. Allí me planteé bajar trotando lo que quedaba (dos km y pico) a ver qué tal se me había recuperado la rodilla que se me torció en el Udala y parece que respondió bien. Y así llegué al frontón de la ermita de los Nogales en poco menos de las tres horas que daba la organización para el recorrido. Allí nos esperaban dos calderos de patatas con chorizo y conejo que nos supieron a gloria...


y que degustamos en amistosa camaradería. 


Los de la Asociación se lamentaron de que hubiera venido tan poca gente -casi sobró entero uno de los calderos de patatas con chorizo. Ya se ve que lo que ahora priva es la competición o darse palizas de más de veinte kilómetros. Pero a mí me parece una iniciativa a imitar. Si todos los pueblos riojanos marcasen (y cuidasen) un itinerario de similares características para recorrer lo mejor de su entorno, yo lo aplaudiría por igual y me apuntaría encantado. 

Enhorabuena pues a la Asociación de Amigos de Villanueva por este bonito recorrido que han dado en denominar "Marcha Pirina"... no sé muy bien por qué. Se me pasó preguntarles, pero ya me dirán si ven estas líneas. 

Excursión realizada el sábado 2 de julio del 2016. Y para acabar, la peliculilla del Suunto:


miércoles, 19 de febrero de 2014

142. CAPILDUY. TRAVESIA ARLUCEA-APELLANIZ. (21k 600+). ALAVA



Pocas veces hemos salido al monte con grupos excursionistas, así que ya tocaba. El día de la subida a EL CUERVO coincidimos en la Venta de Venancio con el grupo riojano KOMANDO CHILIZARRIAS, y como es gente simpática y está en él una amiga de Rosalía, abrí su web y elegí hacer con ellos una travesía cercana en Alava al otro lado del León Dormido: de Arlucea a Apellániz subiendo al Capilduy por el Barranco de la cascada del Molino, un lugar verdaderamente hermoso y sorprendente como vamos a ver en las fotos. 

Para hacernos una idea de la subida al Capilduy por el barranco de la "cascada del molino" he hecho esta panorámica con google earth:


Según la grabación que hizo mi track de endomondo, la ascensión tiene ocho kilómetros, y como entre Arlucea (700 m) y el Capilduy (1.175) no llegan a 500 metros de desnivel, la subida es bastante suave y la única dificultad es el fango de la putrefacción de las hojas de haya o alguno de los cruces del arroyo si baja fuerte (como fue en nuestro caso). Vamos con las fotos:


Como el grupo siempre queda a las 9 en la estación de autobuses de Logroño, de Arlucea salimos pasadas las 10 de la mañana.


Tras un kilómetro de aproximación por un camino, se cruza el arroyo por un puente y se empieza a ascender por un sendero que obliga a la gente a ponerse en fila india.


En los sucesivos pasos del río la gente se entretiene y se va dispersando. Ir al monte en un grupo de 35 personas tiene su gracia (su alegría más bien) pero obviamente se pierde intimidad con la montaña.


Por aquello de ver monte en vez del culo del que va delante u oír la cháchara de los de detrás nos fuimos a la cabeza del grupo, y aquí vemos a Rosalía sorteando un paso de fango con numerosas pequeñas cascadas de agua cayendo por la ladera


En la cascada del molino, Rosalía pidió foto con su amiga Isabel Chicote.


En la parte alta del barranco el hayedo está así de bonito aunque con tanto manto de hojas desaparece el sendero.


Del hayedo se sale a una campa a la derecha del barranco (km 6) y se realiza una reagrupación que la mayoría aprovecha para comer algo... con la consiguiente desesperación de aquellos a los que se nos queda el sudor frío.


Por la campa donde hicimos la reagrupación se gana un poco de altura y se llega hasta una valla de espino que corta el paso (terrenos de entrenamiento de la ertzantza parecen ser). Pero junto a la valla y entre los brezos hay un sendero que sube hasta la cumbre del Capilduy, señalada y ocupada por un altísimo radar meteorológico con una gigantesca bola en lo alto que parece el globo de un ojo. La foto de la cumbre la he puesto para abrir el post pero no están todos pues aunque yo pensaba que iba a ser el sitio para almorzar (según nuestra costumbre) no lo fue para el grupo, que enseguida se puso en marcha para abajo.


La pradera es tan amplia e íbamos tan ligeros y tan sin saber a donde que hubo cierta descoordinación (cosas de los grupos tan grandes).



Allí nos enteramos que el organizador del recorrido era un tal Castor que siempre había ido por detrás y que nos echó la bronca (poca bronca) por irnos hacia el San Cristóbal en vez de hacerlo hacia el San Justi, que por lo visto estaba previsto subir (cosa que de la que la gente de la cabeza no teníamos ni idea).  Pues nada, en llegando al borde de la cortada entre el San Cristobal y el San Justi tiramos para este último y llegamos a su buzón (km 16 marcaba el track).


La cima del Capilduy es aquel piquito que se ve al fondo. Ya digo, ocho kilómetros por medio (!). Ahora tocaba ir hacia el Este...


Pero antes de que la descoordinación y el cansancio hicieran mella en la gente y la pusieran de mal humor, se dio la orden de comer (casi ya a las tres...! hora muy española) lo que en un grupo tan numeroso se convierte poco más o menos en una fiesta alegre de romería en la que todos pugnan por ofrecerte lo que han traído: vino, pimientos rellenos, queso canario, queso Cameros, sardinas a la vinagreta (mmm), galletitas de chocolate y hasta un huevo en sopas de ajo calentado con infiernillo que se preparó el colega del anorak azul que se sentó al lado mío. Ah! y café calentito de la señora Chicote (ahí se la ve sirviéndolo en chupitos de plástico), aguardiente de la petaca del señor de gris de la izquierda y un par de cigarritos compartidos con Aurora, la de mi pueblo (para viciosos los de Anguciana).


En la siguiente foto se ve al grupo en pleno levantando la fiesta y preparándose para el último tramo de la travesía: subir (llanear) hasta el San Cristóbal y bajar a Apellániz:


El sendero en balcón de esta parte del recorrido es precioso y para prueba esta foto del manto morado de hayedos desnudos a nuestros pies con la silueta de la parte de atrás del León Dormido (de atrás para los de Logroño, claro está):


Otra vez cogimos la cabeza del grupo (por aquello de intimar un poco más con el monte), y fuera por la alegría del estómago lleno o porque en realidad está muy cerca, enseguida llegamos a la cruz del San Cristóbal.



Desde la cima del San Cristóbal (km 20) hice una foto al recorrido que habíamos hecho desde el San Justi (al fondo a la izquierda):


Ya sólo quedaba bajar a Apellániz y aunque la mayoría lo hizo volviendo pasos atrás para coger un sendero más cómodo a media ladera, los del grupo de cabeza nos tiramos por la fuerte pendiente para divertirnos un poco.


El premio fue que llegados a la zona más llana apareció por debajo una cortada de piedra francamente bonita que también pudimos franquear por un estrecho paso.


Bajando a media ladera llegamos finalmente al sendero que va directo a Apellániz, muy bonito también.


Allí nos esperaba el autobús. Pero antes de montarnos en él disfrutamos un poco del tranquilo ambiente del pueblo (tan tranquilo que no había ni un bar abierto para la tradicional cerveza) y en su gran plaza aprendimos a limpiarnos las botas de barro antes de volver al coche (!). Y es que viajando con otros siempre se aprenden cosas.


Al poco de bajar del San Cristóbal se me acabó la pila del móvil y se cortó la grabación del Endomondo. Pero como no quedaría más de un kilómetro para la meta, pongamos que fueron 21 kilómetros el recorrido y 5 horas más o menos el tiempo de caminata real (en la campa, en la cima y en la comida lo paré).


Realizados, eso sí, en un día espléndido de sol, agradable fresquito y apenas viento: 16 de febrero del 2014.