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domingo, 22 de junio de 2014

156. LA MUELA DEL PORTÚS, 551 m. (12k 550+) CARTAGENA



Las montañas de Cartagena son ásperas como ellas solas y con el sol que pega en Junio no apetece mucho meterse; pero como andábamos con ganas de monte y el martes 10 salió encapotado, a las 7 de la mañana saltamos de la cama para subir cuando menos a la Muela del Portús, una ascensión corta y sencilla pero variada, sobre todo si la hacéis como nosotros: subiendo por el lomo que sale del Portús y volviendo por la parte de atrás. También yo separé el track de la subida (4,5 kms / 1h 33') del de la bajada, (7,46 k / 1h 39') aunque por razones geográficas pongo primero el segundo y debajo, el primero:



El sendero arranca justo en la rotonda donde entroncan la bajada al El Portús y la entrada al camping naturista y aunque no hay ninguna indicación es bastante evidente:


En cuanto ganas un poco de altura la vista se te va hacia atrás, especialmente, a esa cota tan árida que también pensábamos subir, el Mirador del Moco, pero puesto que San Bernabé no da para más, se quedó para otra ocasión:


Aunque estaba nublado y el entorno parece reseco, entre la humedad y el calor me empezaron pronto a cambiar el color de la camiseta....:


El sendero llega a los pinos y deja de ser tan claro, pero no tiene pérdida. Atraviesa una zona quemada y llega ante una ridícula señal al borde del camino que sube desde el pequeño barrio de EL RINCON y que dice: "Prohibido el Paso. Propiedad Privada". Sólo le falta la firma del señor marqués:


Hacemos caso omiso y tomamos la pista que sube zigzagueando hasta la ermita de la Virgen de El Portús (¿será propiedad privada también?):


Tras hacer unas fotos al pequeño altar de la Virgen seguimos para arriba hasta una especie de parking o explanada a la que llega también el sendero que viene de la zona superárida de la "casa del Comandante":


Echamos un vistazo a dicho sendero pero nuestra ruta es la contraria: subir por las trazas bien marcadas que hay en esa ladera y llegarnos hasta la escalera metálica con la que se supera cómodamente el farallón superior de rocas:


Desde la parte superior de las rocas no se ven las antenas que hay en la cima, pero tras andar un poco por su lomo en dirección Oeste enseguida aparecen y se llega a ella. Lo importante es no perder el sendero porque los arbustos no son de los que acarician las piernas...


Foto de coronación con el pequeño trípode porque allí no había nadie. (La sudada de la camiseta llega casi hasta abajo):


No hacía frío pero tiraba un aire bastante desagradable y no habíamos subido ni un simple cortavientos. Miramos de guarecernos en las dos casetas de las antenas que tenían la puerta abierta, pero estaban cochinísimas. Así pues echamos un vistazo a la zona occidental de la ensenada de El Portús...


... y tiramos para abajo por un sendero que enseguida aparece en la ladera norte...:


... hasta un punto donde no había viento y pudimos comernos el bocadillo y las cerezas que habíamos llevado como almuerzo. Así se puede apreciar también la vista de la Muela por este lado, justo detrás de Rosalía.



De este sendero que se va haciendo camino sale a mano derecha otro sendero bastante evidente que va por encima del primer cordal aunque luego empieza a bifurcarse por diferentes cordales y la cosa se complica un poco.


La solución es tomar siempre el de la derecha, aunque con el último que elegimos (km 2,5 del descenso) lo que en realidad hicimos fue meternos en el pinar confiando en que pronto saldría a la pista que sube a la ermita, -como así fue, pero no muy pronto, sino kilómetro y medio más adelante. Poco antes de dejar ese sendero encontramos una caseta tan bien hecha que nos sorprendió mucho. El enigma se resolvió muy rápido: en su interior había un cartel escrito en alemán (...) :


El sendero que traíamos y que pasa junto esta caseta, sale a otro que baja de un cordal, y como en el encuentro no hay ninguna señal y pasa bastante desapercibido, si lo queréis hacer de subida (o nosotros repetirlo en sentido contrario) la única solución es tirar de track y gps.

Lo que no tiene pérdida y sí muchas señales es la embocadura del camino que sube a la ermita, que encontramos un poco más adelante: Prohibido, prohibido, prohibido.


Hacia abajo no hay mayor problema y en poco menos de un kilómetro llegamos a un pequeño barrio de casas llamado EL RINCON:


Por su pequeña carretera llegamos a la general que nos devuelve a EL PORTÚS. Son casi dos kilómetros de desagradable asfalto y bastante tráfico que hicimos todo el rato mirando a ver si dábamos con algún paso que nos permitiera bajar al camino que va por el fondo de la rambla, pero o no lo hay o no hubo suerte. A cambio, encontré al borde de la carretera este curioso almendro con el tronco en forma de escultura moderna:


Una mañana muy bonita de monte que se saldó con una gran jarra de cerveza y un buen rato de playa antes de comer aunque... sólo para bañarnos, porque el sol que se había ido asomando un poco en la bajada, se volvió a ocultar y ya no salió más en todo el día.




viernes, 20 de junio de 2014

155. EN KAYAK A LA CUEVA DEL GIGANTE (7k). EL PORTÚS. CARTAGENA



Desde los post sobre los ríos de Oregón no se me ha ido de la cabeza la idea de probar con los kayak, pero ya ha pasado mucho tiempo sin encontrar el momento o la oportunidad. En realidad mi proyecto no era meterme en un kayak por el mar pero como en estas pequeñas vacaciones de San Bernabé encontramos a un tipo que hacía excursiones desde la pequeña cala de El Portús, lo primero que hice al llegar fue preguntar si había posibilidad. Y la hubo. El lunes 9 de junio es también día de fiesta autonómica en Murcia, y Jandro, que así se llama el responsable del Portús Kayak, programó una salida a la Cueva del Gigante con tan mala suerte (para él) y tan buena suerte (para nosotros) que sólo nos apuntamos Rosalía y yo.


Portús Kayak tiene una página en facebook donde cuelga las fotos de las excursiones que realiza, pero con lo poco rentable que le salió nuestra salida, Jandró pasó de hacernos fotos, y como yo no tengo cámara acuática, he tenido que coger prestadas de esa página algunas fotos de otros días para ilustrar esta pequeña aventura de unos 7 kms de recorrido. No me importó lo más mínimo prescindir del típico reportaje fotográfico porque lo importante es el lugar y la experiencia, pero sí me fastidió un poco que nos metiera a Rosalía y a mí en un kayak de dos plazas en vez de permitirnos ir en kayaks individuales, y es que cuando vas dos, y tú vas detrás (cortesía obliga), te pasas el tiempo pendiente de la sincronización de las paladas o de corregir el rumbo de la pequeña embarcación por la diferencia de fuerza de las paladas hacia un lado u otro.


Por culpa de ir dos te desentiendes también de coger un poco de técnica en la forma de remar. Al principio no haces más que biceps y a poco que le mires al guía te das cuenta de que metiendo el codo hacia dentro remas más con todo el brazo, y como nos dijo después, con los músculos del abdomen.


En la ida a la cueva nos llevó junto a la roca, experiencia fantástica donde las haya porque al no haber olas te puedes arrimar a ella todo lo que quieras.


La entrada a la cueva está semioculta por unos arbustos y se llega a ella dejando el kayak entre las piedras del borde y trepando un poco. A la izquierda de la hoquedad se puede ver una cadena puesta en la roca para quien se anime a llegar hasta este recóndito lugar andando por el monte. No se lo aconsejo y no precisamente por la dificultad de este último paso, sino porque yo me metí un poco con pantalón corto por un sendero poco andado del Portús y hay unos pinchos que te dejan las piernas como un ecce homo.


La espeleología sigue sin estar entre mis aficiones y proyectos deportivos (o arquitectónicos) pero ya que estábamos allí había que entrar. La gran cavidad del acceso impresiona por su tamaño y porque no se ve el agua de las fotos por ninguna parte. Hay que pasar de uno en uno por una minúscula garganta, descender un poco, encender las linternas y tirarse al agua para vernos metidos entonces en un lugar verdaderamente fantástico.


Las fotos de grupos de la página de facebook no hacen justicia a nuestra experiencia de silencio y de contemplación de las caprichosas formas escultóricas y de las luces y sombras que que creábamos con nuestras tres linternas, pero como no hay otra cosa pongo una foto de estas para hacernos una idea y tener un recuerdo.

Al salir de la cueva nos propuso remar otro poco hasta un pequeño arrecife que hay en dirección Este hacia Cartagena pasando por unas preciosas cárcavas de las que Jandro nos dijo que eran su Zabriskie Point particular. Como tampoco pudimos hacer una foto de esa cárcava ni la he encontrado por internet, pongo una imagen del rodaje de la película de Antonioni para recordar su divertida y culta referencia.


Para el regreso al punto de salida nos propuso cambiar de perspectiva y alejarnos un poco de la costa. Y aquí es donde más en falta eché la cámara de fotos porque como este blog trata de las formas arquitectónicas de las montañas, he de decir que las fachadas al mar son seguramente la cara más desconocida y menos compartida de nuestros montes. Si tuviera oportunidad de recorrer muchas costas en kayak seguro que me compraba una cámara acuática pero... no creo que caiga esa breva. No hay tiempo en una vida para hacer de todo lo que se nos ofrece.