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miércoles, 15 de junio de 2016

210. CAÑÓN DEL RÍO LOBOS (I) (11k)



Llevábamos años queriendo hacer el recorrido del cañón del río Lobo en la provincia de Soria pero siempre leía relatos de recorridos parciales y no acababa de entenderlo en toda su dimensión ni dar con la mejor estrategia excursionista. La mayor parte de la gente va desde Ucero hasta la ermita de San Bartolomé, recorrido que en buena parte se puede hacer también en coche, por lo que no me interesaba hacerlo así. Pero también había leído que el cañón empieza en Hontoria, en la provincia de Burgos, a más de veinte kilómetros de la ermita, y que podía hacerse entero, aunque lo recomendable era dividirlo en dos etapas de unos doce kilómetros cada una, pues hacia la mitad hay un acceso rodado y un parking junto al llamado Puente de los Siete Ojos. Como parecía ser un destino turístico de primera magnitud me imaginé que podría haber algún servicio de furgonetas o taxis para poder empezar en un lado y acabar en otro, pero en cuanto vi cómo estaba por allí de organizada la infraestructura turística decidimos alquilar un coche en Soria, e ir con dos automóviles para dejar uno en cada punto del recorrido. Y así, el sábado 11 de junio a mediodía llegábamos a San Leonardo de Yagüe donde habíamos reservado habitación, dejamos un coche en el Puente de los Siete Ojos y nos fuimos con el otro hasta Hontoria para empezar a andar a eso de las cuatro de la tarde. Antes de ello comimos en el Hostal Torres (comida casera a 10€ el menú) y hasta hicimos una visita al curiosísimo Castillo "abaluartado" de Manrique de Lara cuyas ruinas de piedra podían ser el mejor preámbulo de las paredes del cañón.


En Hontoria hay un gran parking de coches a la entrada del cañón en la margen derecha del río, pero el nuestro se quedó allí más solo que la una. Se ve que no íbamos a ver a mucha gente. No está muy claro por dónde se empieza a andar porque poco antes del parking había un cartel que señalaba el comienzo de la ruta por un sendero que va por la margen izquierda mientras que el que sale del parking está, obviamente, a la derecha.


A unos quinientos metros de la salida vimos que nuestro sendero se estrechaba y que había un paso de piedras para pasar al de la izquierda, por lo que decidimos cambiar de lado. Craso error porque un poco más adelante, vemos que el camino de la margen izquierda gira noventa grados a la izquierda y se va a unos campos que hay por allí. Tuvimos que cruzar a la derecha por un paso bastante inestable de piedras pequeñas de esos en que, como decía Rosalía, de ahí no pasa la abuelita.


Mucho cartelito de mucho sendero pero ya parece que estamos en ruta. Lo siguiente que vemos es una valla para que no se nos ocurra acercarnos al río y ¡un aparcamiento de bicis en medio del campo! ¡dios mío en qué se gastan el dinero los responsables de los parques naturales!


Unos cientos de metros más adelante toda esta parafernalia queda atrás y podemos solazarnos con lo que nos imaginábamos que iba a ser la tónica del recorrido: un sendero al lado del agua más o menos entre pinos y paredes de roca:


Pero cuál no sería nuestra sorpresa cuando otro poco más adelante (ni 2 kms desde la salida) el río se esconde bajo tierra y todo lo que queda a nuestro lado es una reseca cascajera:


Por lo menos empiezan a aparecer hermosas paredes de piedra a ambos lados del cañón que hacen como de peana de los grandes pinos que tienen encima:



Pero agua, ni gota. Y así hasta el puente de los Siete Ojos. Rosalía se sintió poco menos que estafada (menos mal que todavía no cobran por entrar, ja ja ja). Esto es el cañón del exrío Lobos, nos decíamos uno a otro. Es de suponer que en invierno tendrá agua, pero lo que no está claro entonces es si se podrá pasar tan fácilmente de uno a otro lado, porque el sendero enseguida se pone a cruzar una y otra vez el cauce por unos rústicos puentes de pedruscos que ahora no era necesario usar.


Hay tramos, como en la foto de arriba, donde las paredes de roca tienen una escala muy reducida y son de lo más amable, pero también hay mucho tramo donde se camina sin más por un sendero de pinar.


De kilómetro en kilómetro aparece un pequeño mojón con una chapa de hierro donde está grabado el kilometraje en sentido inverso. El primero que vimos fue el 24 y ese que está a la derecha de Rosalía en la siguiente foto debe de ser el 20 o el 19.


Tenía yo curiosidad por sentir los cambios de dirección que se producen en los dos meandros centrales del recorrido, pero apenas me di cuenta cuando pasamos por ellos. A falta de agua, lo más interesante seguía estando en las distintas formas y escalas de las paredes que nos íbamos encontrando.


No nos cruzamos más que con media docena de personas sueltas y una excursión de autobús de unos veinte, lo que para un sábado del mes de junio no es gran cosa.


El cañón se abre y se cierra constantemente. En la foto de arriba vemos a Rosalía en una zona amplia sobre otro de esos rústicos puentes por los que se cambia de margen. En la de abajo, las rocas del cauce tenían unos líquenes oscuros muy bonitos.


Como el recorrido es Noroeste Sureste e íbamos por la tarde, el sol lo llevábamos de derecha así que las paredes que más brillaban eran las de la izquierda:


A unos dos kilómetros del final y en la margen derecha hay una fuene que aún tenía agua: La Canaleja.


Pero por si tuvieras tentaciones de beber agua de la madre naturaleza, la Consejería de turno te quita las ganas:


Vaya cartel más estúpido. ¿No sería mejor que la Junta de Castilla y León se gastara cuatro euros en hacer de vez en cuando un análisis y quitara el maldito cartel? Yo por supuesto que bebí y no tuve ningún problema intestinal, así que ánimo y traeros una llave inglesa... o si es fija, del 10 o del 12 calculo que será... Contra el vicio institucional de poner carteles imbéciles, la virtud cívica de llevárselos a casa para decorar el pasillo ja ja ja. Bueno, aunque... mucho mejor llevarse el recuerdo de las últimas paredes del cañón, cada vez más arquitectónicas:


Un kilómetro antes de la llegada al puente de los Siete Ojos, el sendero se desdibuja y va por cualquier lado. El puente es obra reciente y de hormigón, y para acceder al parking situado a la izquierda del mismo hay que pasar por debajo del mismo para no tener que saltar la bionda e ir  por la carretera (como hicimos nosotros).


Llegando al coche el track me marcaba 11 kms exactos en 2 horas 40'. No es una media para presumir de marcha, así que debimos entretenernos mucho mirando y haciendo fotos. Aquí un poco más ampliado el recorrido de este primer tramo:


Como la tarde es larga por estas fechas, aún tuvimos tiempo de ir a Hontoria a por el otro coche y llevarlo al parking de Ucero para el día siguiente. Y de vuelta a San Leonardo, cenar en el estupendo restaurante de la Cabaña Real de Carreteros para reponer fuerzas.

lunes, 3 de agosto de 2015

188. PICO FRENTES, 1.375 m., Soria (275+)



Corta y rápida ascensión (+275 m) a una pequeña pero bonita montaña a la que le tenía ganas desde julio del 2012 cuando hice este par de fotos desde Valonsadero:



Había visto en alguna ruta de wikilok que se subía desde el pueblo de Fuentetoba, es decir, por la parte izquierda de estas vistas (foto de presentación) y hacia allí me fui en una mañana libre que tenía en estos últimos días de julio estando de conferencias vespertinas en Soria. La ruta parecía sencilla y corta, y como estaba solo, me puse ropa de corredor y pensé que podía hacerla trotando. Dejé el coche en la salida de un camino que hay antes de llegar a unas urbanizaciones, justo enfrente de una parada de autobús, puse el endomondo, y tiré hacia arriba.


El camino se corta enseguida por una puerta con cancela muy oxidada que dice propiedad privada, pero como tenía pinta de cartel muy viejo y yo quería ver un convento que hay encima del pueblo, pasé por fuera de la cancela y me acerqué hasta él. 


El convento parecía abandonado así que yo seguí a lo mío girando a la derecha y tomando un sendero bastante evidente pero que en su embocadura no tiene señal alguna.


Hacia atrás se veían unas bonitas rocas que me paré a fotografiar porque tenía idea de que en tiempo húmedo hay por ahí una cascada (luego me he enterado que está en la zona baja donde he puesto las trazas amarillas en el track). 


Por delante, el sendero se introduce en una cárcava por cuya margen izquierda discurre el otro sendero que había dejado a la derecha en la puerta de la cancela y que luego tomaré para bajar. 


Cuando se acaba este tramo aparece un par de canchales de piedra bastante empinados y hay que dejar de trotar y ayudarse todo lo posible con los bastones. Como en ese momento no estaba para fotos por el esfuerzo, lo veremos en la bajada. 


El problema de ir a tope es que te pierdes con más facilidad. Como había visto que en la parte alta había gente que hacía también un recorrido circular, al llegar a la roca tiré recto y..., me perdí un poco, ay, porque el sendero que sigue por debajo de la roca es el que usan los escaladores para acercarse a las paredes verticales de la cima, un sendero que según avanzas va desapareciendo hasta... llegar a una placa con flores, conmemorativa de algún infortunado montañero que no subí a mirar de cerca pero sí me paré a fotografiar.


Ahí me dí la vuelta hacia atrás hasta encontrar el único paso que hay a la parte superior del roquedo y en el que podría haber alguna marca mejor que un pequeño cahir de tres piedrecitas que es todo lo que vi luego. Una vez arriba seguí por el borde de la roca donde aproveché para intentar trotar otro poco y alcanzar enseguida la cima. 




Selfie con el Valonsadero abajo y descenso por el interior del monte para hacer el recorrido un poco más circular aunque...


... enseguida vuelvo a salir a la amplia traza de la subida desde donde se divisa abajo Fuentetoba. 


Es tan amplia y cómoda esa traza que me volví a pasar el punto por donde había cruzado el roquedo, aunque esta vez no más de veinte metros, como también puede verse en el track ampliado que he puesto arriba. Hombre, poner un par de montoncitos de piedras tampoco cuesta tanto. Si no se anima nadie, otro día que suba más despacio lo pongo yo mismo. 

Pero esta vez iba con ganas de trotar y eso es lo que hice a continuación en los canchales de piedra fina, donde se puede bajar a saltos porque la zapatilla agarra como en la nieve primavera. 


Entre fotos, despistes y demás contemplaciones, al final el track me marcó 54 minutos, lo que quiere decir que lo podría hacer en menos de 45', y que los tipos que corren de verdad lo harán en menos de media hora. Pero como es un tramo tan corto, no creo que se les ocurra a mucha gente hacerlo en plan cabra. 

No fui al lugar de la cascada porque ya me habían dicho que en el estiaje está seca; pero como hay fotos muy bonitas por internet, tomo una prestada para hacernos una idea de que si se sube en tiempo húmedo es inexcusable acercarse a verla:


A cambio de agua en movimiento yo seguí mi mañana yendo a moverme en las aguas quietas del embalse de Vinuesa o de la Cuerda del Pozo. Alquilé un kayak en el camping Urbión y me llegué con él hasta playa Pita dando una vuelta de unos 5 kms, con los que completé una estupenda mañana deportiva. Este es más o menos el recorrido que hice paleando:


Soria, 28 de julio del 2015.

miércoles, 20 de mayo de 2015

185. GARRAI - SAN SATURIO, SORIA (en kayak)


Desde noviembre pasado en que me bauticé con el kayak ha pasado un largo invierno de fríos y muchas crecidas de ríos, pero el reencuentro con las aguas no ha podido ser más bonito y esperanzador. Se lo debo a Carlos Alvarez que lo organizó todo y me invitó; a César Aguilar que me llevó a mí y al kayak hasta Soria en su furgo y que hizo estas magníficas fotos; y por supuesto, al Club Mansilla de Piragüismo que me dejó el kayak verde largo de travesía con el que se me ve en la foto de presentación.


Carlos nos ofreció dos posibilidades: ir desde el puente de Garrai hasta San Saturio en Soria, o ir desde San Saturio en adelante hasta la presa de Rábanos. Como la segunda ya la había hecho él y nos dijo que discurría todo el rato por aguas tranquilas, al final nos decantamos por la primera que tenía un poco más de vegetación y aventura, o sea, tres o cuatro rápidos. Al final hicimos 9 kms, que son los que he señalado en rojo en la foto área.


Como soy muy nuevo en esto del kayak, mi primera preocupación era acertar con la ropa a llevar. El traje de neopreno de 20 euros de decathlón demostró ser una pieza perfecta y el impermeable superior de 30 tampoco estuvo mal pero porque hizo bastante viento. En días más caluroso mejor sin él.


La segunda cuestión a resolver es lo de las fotos, y para esta primera salida del año ni me lo planteé por si me iba al agua. Por suerte, César Aguilar llevó su Canon con protector impermeable y de ese modo puedo compartir el extraordinario ambiente de ese tramo del Duero en este mes de mayo.


De las cuestiones técnicas tengo que agradecer también a César y Carlos el par de lecciones que me dieron, una cada uno. Primero: nada de quedarse enganchado en las ramas porque el kayak sigue para delante y vas al agua; y Segundo: en caso de que el kayak se desequilibre hacia un lado por una rama o una piedra nada de echarse para el otro: palada plana sobre el agua en plan de apoyo y a recuperar la posición.


Aparte del permiso de navegación, tema sobre el que poco sé y mejor dejarlo para otro día, lo más importante es dar con los puntos en que se puede entrar y salir del río. España no es Oregón -donde hay entradas a los ríos perfectamente acondicionadas cada media milla. Aquí hay que buscárselas con google earth y esperar que el río no haya cambiado mucho después del invierno. La ley que impide a los ayuntamientos hacer limpiezas de las riberas provoca que la mayor parte de nuestros ríos tengan unas orillas excesivamente salvajes. El puente de Garrai, donde se juntan el Tera y el Duero, con parking al lado parece tener garantías de que no deje de ser un buen punto de entrada al agua.


Las fotos de google earth tampoco son muy fiables en cuanto a la situación y dificultad de los rápidos. El único del que Carlos nos informó era ese que se ve pasado el puente de la circunvalación norte de Soria, pero nada más salir nos encontramos con otros dos y... en curva (!) y luego, durante el recorrido, dos más. El asunto del caudal es toda una suerte. De haber más, la corriente sería más fuerte y peligrosa, y de haber menos, los rápidos mostrarían más piedras con las que chocar y desequilibrarse. No sé cómo nos lo podremos encontrar en otras fechas pero lo cierto es que parece que nosotros dimos con el caudal perfecto.


César es biólogo y naturalista y tiene un blog lleno de cosas maravillosas que ya está en el blogroll de al lado aunque también tenéis el enlace aquí. Iba todo el rato junto a la orilla observando la vida que contiene y en esa roca que se ve ahí delante descubrió un nido de unos pajarillos que no sé cómo se llaman pero de los que, gracias a él, tenemos un recuerdo enternecedor:


Carlos y yo nos sorprendimos más cuando descubrimos en un cerro de la margen derecha, la ermita de Nuestra Señora del Mirón:


 Y al pasar debajo de ella, las ruinas de una muralla de la que no teníamos ni idea de que existía:


Al llegar al puente por el que va a la ermita de los Arcos de San Juan de Duero teníamos previsto parar porque hay un pequeño embarcadero en la margen derecha y unos grafitis en el puente que recomiendan "no pasar". Como el trayecto se nos había hecho corto, nosotros pasamos el puente y salvamos el azud cruzando a pie por la pequeña isla.


A partir de ahí el Duero está estancado hasta la presa de Rábanos (segunda posibilidad de paseo), pero como nosotros ya teníamos bastante, bajamos sólo hasta San Saturio donde César volvió a hacer unas fotos magníficas.



Como esta parte del río es muy tranquila, volvimos a subir aguas arriba hasta donde habíamos dejado el segundo coche y para no tener que volver a saltar la isla sacamos los kayaks un poco antes en una estupenda rampa de hormigón que hay antes de llegar al viejo puente del ferrocarril.


Realizada el 16 de mayo del 2015. Y para acabar los tres protagonistas:

El organizador


El fotógrafo naturalista


Y el que les ha contado esta pequeña historia