Mostrando entradas con la etiqueta Alpes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alpes. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de enero de 2011

65. EL MONT JOLI, 2527 m, desde Mont Arbois (11,5k 725+) Megeve, Francia

.

Como dentro de unos días, buena parte de mi parentela (hermanos, cuñados, sobrinos etc.) se van a ir a esquiar a Megeve, aprovecho y saco del cajón de los recuerdos esta bonita ascensión al Mont Joli, la cumbre que corona dicha estación de esquí, a la que subimos, como dice mi croquis de presentación, el 6 de agosto de 1999.

Nuestro plan no era subir sino darnos un paseo por allí para ver el Mont Blanc de cerca, pero te pones te pones y...

Bueno, empecemos desde abajo:


En la postal típica de Megeve, el Mont Blanc se asoma por encima de las pistas de la estación de esquí, pero es una imagen un tanto falsa porque está hecha ganando altura en la ladera opuesta del valle. Desde el mismo Megeve no se ve. Para ver el Mont Blanc de cerca hay que subir a la estación de esquí, al menos hasta el Mont Arbois,  y eso es lo primero que hicimos (el telesilla funciona también en verano).


Una vez en el Mont Arbois, y como el Mont Blanc (detrás) estaba neblinoso, nos dijimos: pues vamos dando un paseíto hasta el Mont Joeux a ver si mientras tanto se despeja. Pero como la distancia entre una y otra cota fue sólo de 45 minutos, al Mont Blanc no le daba la gana de mostrarse limpio, y... como el camino hasta el Refugio del Mont Joli parecía muy sencillo, pues nos animamos a continuar andando.



La cosa empezó a ponerse más cuesta arriba del refugio en adelante. Aquí le vemos a Elena justo dejando el refugio tras de sí, con la silueta del Mont Charvin y los Aravis al fondo.


Desde un poco más arriba se ve el valle del río Arve, con St Germain les Bains abajo, y el refugio del Mont Joli en el camino:.

E incluso llegando a la cima, el cielo empezó a ponerse negro (en verano se preparan unas tormentas de narices a partir de mediodía):


Pero la suerte nos sonrió, las fuerzas no nos fallaron y aquí se nos puede ver a los cuatro "paseantes" la mar de alegres en la cima:


El único que no quería alegrías era el Mont Blanc que seguía detrás envuelto entre nubes.
En la parte alta del descenso hice dos bonitas fotos: una del sendero que baja de la cumbre por el lomo y otra, mostrando el lado descarnado de la vertiente que mira al Mont Blanc:



Como ese día la tormenta se retrasó un poco, aún tuvimos tiempo de ir al lado del valle de Megeve (donde está tomada la postal de arriba), coger otro teleférico, ver la cima conquistada (justo en el centro de la foto), seguir sin ver el Mont Blanc...


... y jugar un rato bajando en los bogsleighs de verano.


En invierno todo será distinto, pero en todo caso y por lo que vi, parece una estación bastante amplia, sin muchas pendientes y con grandes avenidas entre pinos, donde seguramente  mi hermana Mercedes lo pasará muy bien. También debe de haber rincones más pendientes para esquiadores de mayor nivel y conexiones con la zona de San Gervais, pero eso mejor que nos lo cuenten los viajeros que van ahora.

Y para acabar, una foto de las dos jovencitas e improvisadas montañeras en la plaza de Megeve, -aunque por la vestimentas, debí de tomarla otro día (como pasamos el verano en Ugine, un pueblo a pocos kms. de Megeve, debimos de ir por allí varias veces).


Que Vds lo pasen bien.
.
.

domingo, 24 de octubre de 2010

62. VUELTA A LAS TRES CIMAS DE LAVAREDO (6k 200+) Dolomitas, Italia.



Dormir en los refugios de Lavaredo para un montañero es como meterse en el vestuario del Real Madrid para un aficionado al fútbol. Te codeas sin querer con la crema y nata de la escalada a nivel mundial. Cenas escuchando como una pareja estudia los pasos de la dificilísima vía de escalada de mañana o desayunas viendo como tipos todo hechos de fibra van ordenando el material de cuerdas y fisureros. Pero esa cercanía a la élite tiene obviamente un pago: el de no estar solos. Las tres cimas de Lavaredo, al menos en verano, son casi un parque temático, un resort turístico, una procesión de coches y gentes de todo tipo. Por ello, el primer acontecimiento maravilloso de nuestra excursión fue conseguir una habitación doble en el Refugio de Auronzo en pleno agosto y con sólo una semana de antelación. Habíamos planificado la visita a Lavaredo en nuestro retorno desde Baviera a casa por Italia, pero no me podía ni imaginar que fueramos a tener tanta suerte. ¡Hasta la telefonista del refugio hablaba español!

En la red habíamos leído varias reseñas de esta sencilla excursión pero como cada uno la vive y cuenta a su manera, la nuestra no estará de más. Todos los relatos coinciden en las maravillas del lugar pero todos difieren en la parte organizativa. Lo que está claro (y de ahí nuestra suerte) es que para dar la vuelta a las torres no es necesario dormir en refugio alguno porque la excursión se hace en menos de dos horas, pero la ventaja de hacerlo como la hicimos ¡es poder darla sin gente!

Como todo el mundo cuenta, el acceso más conocido a las torres de Lavaredo es el de una carretera de peaje de 6 kms de largo que parte del Lago de Misurina a 1793 m y llega al Refugio Auronzo a 2.320 m. El desnivel es brutal y como dicen muchos, el peaje también: 20€. Pero lo más hiriente del lugar es con mucho el caótico y desparramado parking junto al refugio, con parada de autobuses inclusive.  Como nosotros llegábamos por la tarde, nos cruzamos con un rosario de coches que bajaba de pasar el día arriba y no tuvimos problema alguno en aparcar junto al refugio, situado, como puede verse en el mapa que pongo más abajo, en la cara sur de las tres cimas. Los senderos que por ambos lados llegaban al refugio vomitaban gente como si fueran salidas del Metro, pero poco a poco aquello se iba quedando en calma. Preguntamos cuánto costaba dar la vuelta y nos dijeron que unas tres horas. Como eran las cinco y media de la tarde y la cena en el refugio la daban a las siete y media nos animamos a ir cuando menos hasta el collado oriental, o collado Lavaredo, para ver la cara norte de las tres torres con la luz del atardecer. Y este es el reportaje fotográfico:

Mientras se dejan las torres a la izquierda lo primero que llama la atención son los otros macizos de la zona, erizados de bellísimas agujas de piedra, como este llamado Grupo de Cadini (que luego nos tocaría en suerte enfrente de la ventana de nuestra habitación, por lo que lo vimos con todas las luces posibles).



Yendo por el sendero hacia el refugio Lavaredo (a la izquierda en la foto), nos cautivó el paredón del fondo, llamado Monte Paterno, o Paternkoffel, pues en la zona casi todo es bilingüe por la proximidad con Austria.



Pero mirando hacia la izquierda, es decir, a la parte trasera o sur de las famosas torres, el panorama de agujas es espectacular.



Y forzando un poco la mirada, descubrimos a unos escaladores que estaban haciendo sus últimos largos en una de las más aéreas (la he puesto en la máxima definición para que ampliándola se pueda ver el jersey rojo de uno de ellos):



Tras llegar al collado en menos de cincuenta minutos aún bajamos un poco al lado norte para mejorar la perspectiva y la iluminación pues a las seis de la tarde teníamos el sol prácticamente de frente y las paredes de las torres a contraluz. En una las lomas cercanas al sendero vimos a un tipo con un trípode y maletín lleno de objetivos y le pedimos que nos hiciera una foto a los dos con mi cámara. Nos aseguró que íbamos a tener una foto hecha por un profesional pero..., bueno, el resultado creo yo que no es para tanto, ja ja ja. Estos italianos..., por presumir que no quede. 



Al margen de fotos, lo que está por contar es que regresamos al refugio, disfrutamos de la noche, y tras el desayuno de las 7 (un poco tarde ya) salimos a hacer la vuelta completa antes de que subieran del valle las caravanas de coches. Pongo aquí el mapa del recorrido para que orientar a los que quieran ir.



Igual que el día anterior por la tarde, salimos del Refugio Auronzo por el sendero 101 pero con distinta luz y esta es la vista del refugio Auronzo y el sendero con el sol de amanecer.



La foto de arriba, la de la presentación de esta entrada, la hice en el collado Lavaredo a eso de las 8 de la mañana. El sendero “oficial” desciende hacia el norte para ir hasta el refugio Locatelli (sendero 105) pero nosotros preferimos aventurarnos por el que va justo debajo de las paredes que está marcado con una línea negra a trazos y  recorrer con la mirada los increíbles muros de piedra para descubrir en ellos a los valerosos escaladores que las desafían  Y así, en el costado de la gran torre central, la más alta, capté la imagen de estas dos o tres cordadas:



Mientras que en la mismísima pared había no menos de diez tíos metidos a los que se les oía mejor que se les veía (también he puesto estas fotos en el máximo tamaño para poder compartir la emoción de su aventura):



Por lo que respecta a nuestro paseo hay que decir que el sendero que escogimos no es precisamente “de paseo” pues en su zona central la pedrera es enorme y hay que seguir los cahires para no perderse o descalabrarse




En la tercera de las torres, a la derecha de ese escalofriante extraplomado había también una cordada con más de media pared recorrida (¿a qué hora habrían empezado?) y un tío debajo que la subía en solitario:



Como decía al comienzo de esta entrada, sólo de verles tan cerca te pone el corazón en un puño y... el cuello a punto de  torticolis porque entre la grandiosidad de la pared y la de la emoción de su osadía no puedes dejar de mirar hacia la izquierda. Por suerte, pasada la tercera torre el sendero se hace más suave ya todo es un paseo hasta el collado de Medo,



y luego, hasta el refugio. La vuelta por este sendero nos costó 2 horas 10 minutos, incluídas las numerosas paradas para la contemplación y las fotos, así que a las 10, cuando el parking empezaba a llenarse de coches y gente, nosotros estábamos ya listos para huir de allí con el mejor de los sabores: el de haberlo hecho de la mejor de las formas posibles para disfrutar del lugar en relativa soledad.

Realizada el 22 y 23 de agosto del 2010 con Rosalía.
.
.

viernes, 1 de mayo de 2009

35 MORZINE AVORIAZ LES GETS, esquí en Alpes SS 2009




Hace unos años las estaciones de esquí de los Alpes nos parecían algo remoto y casi inalcanzable, pero gracias a los vuelos baratos y a los ánimos que de vez en cuando da algún ministro de industria patriota diciendo que para combatir la crisis mejor “que esquiemos en España y que no vayamos a los Alpes”, creo que dentro de poco vamos a conocerlas mucho mejor que las más cercanas.

Esquiar en los Alpes es un lujazo y no por el precio, que es poco más o menos como aquí, sino por la cantidad de recorridos que ofrece cada estación y la calidad de la nieve.
Como el aeropuerto con más vuelos baratos es Ginebra y el centro de esquí más cercano y conocido es Morzine, para allí que nos fuimos esta semana santa del 2009. Caía a mitad de abril pero como en este invierno había nevado mucho no había ningún problema de esquí siempre y cuando no se le hagan ascos a la nieve primavera.. Morzine está a tan sólo 1.000 metros de altitud y como veremos en las fotos que aquí traigo ¡pudimos bajar esquiando hasta el mismo pueblo!
Para abrir boca pongo arriba (cortado en dos partes, pues no me cabe de una vez en el scanner) el gran plano-esquema de la zona esquiable de Portes du Soleil que agrupa nada menos que 12 estaciones de esquí, 7 francesas y 5 suizas. Tanto remonte, tanta pista y tanto nombre, abruma un poco al novato, pero como nuestra intención no era comernos toda la nieve sino pasar unos días tranquilos, exploramos tan sólo Avoriaz, Les Crosets y Les Gets.

La curiosidad nos llevó en primer lugar a Avoriaz, pues su emplazamiento a 1.700 mts encima de un tremendo acantilado había despertado mi interés en el reconocimiento previo que hice de la zona con google earth. Cogimos el forfait y el primer telesilla en el aparcamiento de Le Prodains y en cuanto divisamos el núcleo residencial de Avoriaz le hice unas cuantas fotos. Es un poblado caótico de edificios de apartamentos a cual más abigarrado y forrados de madera en el que no hay coches y todo se mueve con esquís, trineos y remontes.




No me hago la idea de meterme en un sitio así y más si está tan atiborrado de ingleses, como parecía ser el caso, pero en fin, hay gustos para todo.

Lo segundo que yo buscaba era la vista de los Dents du Midi, que también había descubierto en una foto publicitaria de la estación. Subimos por tanto a Chavanette y desde su collado pudimos contemplar esas magníficas rocas y hacer esta foto:



Allí mismo está la frontera con Suiza y comienza la estación de Les Crosets, pero el acceso directo tiene su miga porque es a través de una larguísima y pendiente pista negra llena por completo de bañeras que llaman “el muro suizo”. Como aún estábamos algo fríos para meternos en aventuras preferimos acceder por la vecina pista de Cuboré (que no es negra pero que también es toda de bañeras) y el Pointe de Mossette. En la estación de Les Crosets pudimos ver la última extravagancia que han inventado para entretener a los esquiadores más osados: una piscina alargada de poco fondo en la que los esquiadores pueden probar el esquí acuático después de descender por la nieve. Los más probaban el agua, así que, o tenían otra vestimenta a mano o ya me dirás como acababan el día. Me pareció tan peregrino el invento que no hice foto, pero a cambio si hice una panorámica de la estación en la que se puede ver al fondo y a la izquierda el denominado Muro suizo:



La última foto que pongo de ese primer día es la del descenso desde Avoriaz hacia el coche para mostrar su tremendo acantilado y los no menos tremendos bloques de apartamentos que surgen de su cima.



Rara vez esquiamos dos días seguidos, así que en los días intermedios hubo paseos y excursiones montañeras, pero eso lo contaré en otras entradas. El siguiente día de esquí fue para explorar la zona de les Gets que es bastante más baja que Avoriaz pero que tenía tanta o más nieve, y una amplitud, enlaces y perspectivas que no me imaginaba. Una vez que alcanzamos el cumbrero que separa Morzine de Les Gets, que solo tiene1505 m. de altura bajamos a les Gets e hice esta foto:



Luego subimos a La Rosta y nos llevamos la sorpresa que desde allí se divisa todo el macizo del Montblanc. Había neblina y nubes al fondo pero ya se imagina uno la grandeza de la perspectiva con esta foto:



Pasamos el día esquiando en las largas pistas de Le Ranfolly y en el valle de Chamoisserie que corresponde al famoso puerto del tour de “La Joux Plane” (recuerdo a Pepe Garrido que seguro que también lo habrá subido en bici).



Y finalmente bajamos esquiando hasta el mismísimo Morzine (1000 metros) por la única pista que tenían aún habilitada. Todo un lujo:



El tercer día de esquí volvimos a subir a Avoriaz con la intención de llegarnos hasta Chatel pero nos pilló una tormenta de nieve de las que asustan. Sobre todo porque... justo cuando llegamos a sitio seguro ¡se le rompió la bota a Rosalía! Si le llega a pasar en medio del temporal hubiéramos tenido que pedir socorro a las motos y no hubiera sido fácil dar con ellas en medio de la ventisca. No pudimos bajar esquiando hasta el coche y tuvimos que coger el funicular del acantilado pero ahí estamos la mar de contentos y sonrientes (una vez seguros), remozándonos de nieve en plena semana de pascua.