jueves, 17 de abril de 2008

1. DOS BARRANCOS EN ANGUIANO (7k 250+)


Cuando mis amigos arquitectos de fuera me preguntan qué es lo mejor que hay en La Rioja en materia de arquitectura, yo siempre les respondo lo mismo: los paisajes. Y cuando se quedan esperando que les de una explicación a tan extraña respuesta les aclaro que no me refiero a esos paisajes más o menos horizontales entendidos como piezas y soporte de los edificios y ciudades, no, sino a esos otros paisajes verticales que emergen del terreno cual edificios y que se pueden contemplar como tales.

El catálogo de peñas de la Rioja es tan amplio y hermoso que creo que da para plantearme una Guía de Arquitectura de La Rioja sólo con ellas. Como para verlas hay que calzarse la botas de monte y echarse la mochila al hombro, el género literario donde pueden localizarse estas “arquitecturas” es el de las guías montañeras, así que también me planteo que en vez de hacer más “guías de arquitectura” la mejor forma de llevar a los amigos hasta ellas será la de relatar algunos de mis itinerarios montañeros. Buena idea, pienso, para los post de fines de semana.

Sin ir más lejos, ayer Sábado Santo, hicimos un recorrido extraordinario al que le tenía muchas ganas: los dos barrancos que suben desde Anguiano hacia el Este. Y como puede verse por las fotos, me traje tres piezas de antología (y… unas cuantas más, digamos que menores, que no caben en el post).

El itinerario se inicia en la iglesia de Anguiano (a la que volveré otro día cuando comente otra de mis recomendaciones favoritas de arquitectura en La Rioja: las hallenkirche del siglo XVI), y el camino no tiene pérdida porque está marcado como parte del GR riojano con las correspondientes rayitas rojas y blancas.

El sendero sube a veces por el mismo cauce del barranco o a la derecha del mismo, y en días húmedos (como ayer) tiene tramos de auténtico lodazal. Las dos puertas de cierre para el ganado que nos encontramos en el primer tramo de la subida son de lo más cutre: la segunda de ellas, por ejemplo, está hecha con un somier. Mucho GR, mucho letrerito en madera y luego…, ay, estas cosas. Pero en fin, dejemos las penas en la “civilización” y sigamos hacia arriba, que hay mucho para gozar.

Mientras se sube por este barranco la mirada se desplaza una y otra vez hacia dos focos de atención: el valle en V que vamos dejando atrás, con la iglesia de Anguiano siempre abajo y el picudo monte de San Quiles como telón de fondo al otro lado del Najerilla (foto 1), y los farallones de roca que empiezan a aparecer a la izquierda.



Cuando se pasa por debajo de ellos (foto 2) es preciso detenerse a admirarlos pues aparece una canal central que los separa en tal forma que me recuerdan a mis queridísimas Peñas de Gembres (de las que hablaré otro día, claro).

A partir de ese punto el barranco se hace asimétrico: hayedo a la derecha, por debajo del llamado Pico del Aguila (que no ofrece desde este recorrido nada singular), y pastizal rocoso a la izquierda; y es entonces cuando, sin avisar, el sendero salta al lado izquierdo y zigzaguea hasta llevarnos al collado (1 hora más o menos, desde Anguiano).


Al igual que las “plazas”, los collados son poco fotogénicos (foto 3), pero si no hace mucho viento, son lugares de lo más acogedor y placentero, y aunque a nosotros nos llovió y tiraba un gélido solano, nos importó poco y echamos el almuerzo allí mismo refugiados en una roca. Por el collado pasa una pista del tipo “sólo para vehículos autorizados” que por el lado derecho sube al Serradero (GR), y que por el lado izquierdo (que es el que yo elegí para este itinerario) nos va a bajar de vuelta a Anguiano por el barranco del Regatillo. En el primer tramo del descenso, la pista serpentea por un precioso hayedo hasta encontrarse de frente con el arroyo, que no llega a cruzar, y que dejará siempre a su derecha. Con el deshielo de estos días, ayer bajaba alegre y ruidoso. Cuando la pista sale del hayedo, el paseo se convierte en una auténtica promenade arquitectónica con dos singulares focos de atención: a la izquierda (foto 4) un animado grupo de “rascacielos” cuyas siluetas van cambiando a cada paso que damos:


y a la derecha (foto 5) la imponente masa edificada de toda una “Gran Vía” cuyos paramentos están adornados de todo tipo de líneas, texturas, huecos y juegos volumétricos. Una auténtica maravilla:


El descenso es algo más largo que la subida, pero como cuesta menos de andar, se hace también en una hora; así que, contando otra para el almuerzo, con tres horas se puede completar esta estupenda excursión montañera y… arquitectónica.



(Excursión realizada con Rosalía, Teresa y Elena el 7 de abril del 2007)