lunes, 20 de noviembre de 2017

248. KAYAK EN EL SIL


23 de julio del 2013. Atraídos por unas fotos impactantes, vamos al embarcadero de Os Chancis


En el parking no había nadie (!)


Contemplamos las impresionantes viñas escalonadas


Bajamos al embarcadero donde había kayaks atados, pero tampoco había nadie


El moderno bar de diseño típico de arquitecto estaba cerrado


Un horario de verano que ni en Francia (!)


Mucho cartel y mucha actividad..., sí sí. 


Probamos suerte en Doade y por el camino cogemos a dos jóvenes canarios haciendo autoestop


El embarcadero de Doade es como para trasatlánticos (!) y había muchos autobuses de turistas


Un extraño puente/presa corta el paso de los barcos grandes


En uno de los extremos del puente vimos que había kayaks de alquiler


No es un embarcadero muy elegante que digamos, pero menos da una piedra


Cogimos kayaks dobles (15€ dos horas) e intentamos palear hasta el meandro de Cubela pero no llegamos; a cambio nos dimos un par de  baños en el agua que estaba muy buena


Foto con Virginia y Carlos, los autoestopistas canarios que también se apuntaron a hacer kayak




lunes, 23 de octubre de 2017

247. PRADO ARADO, Viguera, 6,5 k 250+



Llevo unos meses dando vueltas a la idea de cerrar todos mis blogs. Hay ya mucha gente que dice que la bloggosfera va de retirada porque apenas hay eco, respuestas o "feedback" de los lectores, y yo mismo, que al principio pensaba que los blogs podían ser algo así como cartas abiertas, cada vez estoy más convencido de que tienen ese carácter íntimo y personal de un diario que no tiene por qué estar expuesto al público. Como caminar por esa hoja de navaja que separa lo privado de lo público empieza a ser fatigoso (yo de momento no diré que peligroso) dan muchas ganas de darle a la opción de "solo para lectores invitados" que permite blogger, y seguir esta colección de relatos y recuerdos en el estricto ámbito de lo efímero y personal. Tengo acumuladas en carpetas y tracks no pocas excursiones del pasado verano sin contar, y no por falta de ganas de recordármelas a mí mismo, sino por esas dudas en seguir haciéndolo públicamente. Así que, de momento, si doy un salto en el tiempo y cuento ahora la salida que hicimos el pasado 9 de octubre, es porque este recorrido tiene algo de creativo y reivindicativo: y es que al concluirla me asaltó la idea de hacer un catálogo de sendas bonitas de La Rioja, una tarea que trasciende el ámbito de lo personal. Deportivamente hablando esta ruta no es gran cosa: seis y pico kilómetros con un desnivel de entre doscientos y trescientos metros, pero que nos lleva a visitar un rincón muy bonito y desconocido de la geografía riojana, (Prado Arado) y a hacerlo por un par de sendas que bien podrían estar en ese pretendido catálogo: la senda de Miraflores y un pequeño tramo del viejo camino de Viguera a Montalbo. Sendas o tramos de sendas que aún se conservan y que son una verdadera joya de nuestro "patrimonio" y un verdadero recreo para el paseante. Tramos de sendas que, por ejemplo, podrían estar bien señalizados en su comienzo y su final, y hasta con la denominación de la entidad o entidades que contribuyan a su conocimiento y conservación. Con el relato de esta pequeña excursión siento cierto orgullo en contribuir a su conocimiento, aunque si a nadie le importa y ni lo agradece ni dice nada, pues se lo cuento a mis amigos tomando unos vinos o a mis familiares en casa y ahí se quedará todo. Así me ahorro el cada vez más fatigoso esfuerzo de seleccionar fotos y tracks y de ponerme a redactar textos cada vez más repetitivos y farragosos.


Y dicho esto, vamos con la descripción de esta pequeña excursión. El punto de salida, como en todos los posts, lo dejo marcado en el link situado al final del texto: Camino asfaltado de Viguera a Peña Puerta justo debajo de la cantera de yeso situada al norte del camino donde una puerta de tubos y otra hecha con un palé cierran el paso del ganado.


La áspera subida a las canteras es breve.


El paso por la pista que la cruza por la mitad es bastante tétrico, pero como es domingo, por lo menos está tranquilo:


Justo encima de la cantera (a la izquierda en la foto) se ve el pequeño cerro que contiene las dos sendas que justifican la publicación de este post. Se puede subir por cualquiera de las dos y bajar por la otra. Nosotros elegimos la de Miraflores, es decir, la de la izquierda, porque su entrada es más fácil de localizar:


Pongo entre puntos amarillos los dos tramos de senda que tanto disfrutamos ese día:


Y es que en cuanto se supera el primer tramo, algo desdibujado por las trochas de ganado, el sendero aparece perfectamente marcado, algo que seguramente les debamos a los aficionados del mountain bike:


En cuanto se gana un poco de altura y se mira hacia atrás la vista es espléndida:el "castillo de Viguera" en toda su hermosura:


Pasados los tres tramos iniciales con giros de noventa grados se entra en un encinar y se disfruta de una buena sombra:


Kilómetro y pico después, el sendero "muere" en las campas de "Prado Arado":


Las vacas pastan a sus anchas y el dueño de la granja tiene aquello como si España fuera un país del tercer mundo. Qué digo tercero, parece que estuviéramos en un país excomunista:


¿De verdad que no hay aún alguna ordenanza similar a la de los solares urbanos que obligue al mantenimiento de estas propiedades en ciertas condiciones de ornato? Bueno..., dejemos el asunto por hoy que hemos venido a hablar de bellezas y... que esto va para blog privado. Dejamos atrás la "granja" (o lo que sea) por el camino que lleva a la pista de Cerrollera y contemplamos el pago de Prado Arado con el Serrezuela arriba a la izquierda y Peña Saida justo encima:


Como es bastante corta, no es una excursión como para llevar almuerzo, pero como la hicimos al mediodía y con un sol espléndido, y además tuvimos el acierto de meter en la mochila un bocata y un cuartillo de vino, subimos un poco más arriba de la campa que hace las veces de collado (porque estaba bastante sucia de las vacas) y pasamos un rato magnífico almorzando mientras contemplábamos el ancho panorama:


Allá, detrás de nosotros el Castillo, todo el Serradero y hasta el San Lorenzo:


Y hacia el norte, la explanada de Logroño con el Codés al fondo.


Después del almuerzo tocaba encontrar la entrada al viejo sendero de Montalbo para iniciar el regreso:


No es nada difícil, sobre todo si te has marcado previamente el punto con el gps pero tampoco es evidente si no has estudiado el terreno:




Una vez en él no hay más que bajar y disfrutar:


Aunque en algunos tramos está muy erosionado e inclinado y a punto de venirse abajo:


Los BBTeros que bajan por él tienen que ser muy valientes. En la salida se junta con el barranco y se desdibuja un poco, sobre todo para quien quisiera recorrerlo en sentido contrario:


Por eso juntamos unas pocas piedras para hacer un pequeño hito que advirtiese de su entrada:


Aparte de estos dos senderos, he encontrado un tercero que sube a Prado Arado desde la ermita de San Marcos. Se llama Sendero de Hoyancos aunque en google aparece algo desdibujado. Cualquier día de este invierno voy por él para incorporarlo al catálogo de senderos bonitos de La Rioja si es que, claro está, reúne las condiciones adecuadas y se deja marcar en su comienzo y final. La zona de Prado Arado se merece mucho más de una visita.



sábado, 14 de octubre de 2017

246. LAS MÉDULAS, León



No sé si llamarlo virtud o defecto, pero, seguramente por mi condición de arquitecto, antes de ponerme en marcha, suelo estudiar mucho las cosas, o lo que es lo mismo, me gusta trabajar a fondo los "proyectos". Levantar un edificio es una actividad compleja y cara, por lo que no se puede construir una casa sin un buen proyecto previo. Por extensión, cuando voy de excursión, suelo estudiar antes el terreno, calcular las distancias, los tiempos, los desniveles, etc. En el verano del 2017, sin embargo, salimos de viaje con un propósito completamente opuesto, es decir, con la idea de disfrutar de la sorpresa y de lo que nos fuera saliendo al paso sin preocuparnos mucho de lo que fuéramos a ver o de la forma en que lo visitáramos. Improvisando sobre la marcha, vaya. Y así, después de la excursión hecha desde Molinaseca (ver post anterior), nos dimos cuenta de que estábamos muy cerca de las famosas Médulas, y nos dijimos: pues vamos para allá... Que...¿cómo se accede? ¿qué es lo que se visita? ¿cuáles son los mejores senderos? Pues..., ya lo iremos viendo cuando lleguemos. No es un sistema nada aconsejable, porque se pierde tiempo y se vende uno a la suerte, pero bueno, es otra opción vital. Lógicamente, si me pongo aquí a contar nuestra visita a Las Médulas es porque supongo que quienes visitan este blog lo hacen para obtener información de cara a organizar sus propias excursiones. O dicho de otra manera: que aunque no sean arquitectos, son de los míos. De todos modos, lo que está claro es que no somos muchos los que nos organizamos así, porque mismamente, al llegar a las Médulas todo el mundo nos apiñábamos en el punto de información para ver qué había que ver o por dónde había que ir. Había tanta gente en la caseta de la entrada del pueblo que los guías no daban abasto, así que que echamos un rápido vistazo a uno de los carteles explicativos (esos que suelen tener unos mapas y unas indicaciones catastróficas de entender) y echamos a andar hacia donde fuera con tal de huir de las hordas de visitantes. Y como lo primero que nos vino al paso fue el así llamado "circuito interior" y en aquel momento no arrancaba apenas nadie a andar por allí, pues por allí nos fuimos. Sin duda es lo más espectacular y apenas son tres kilómetros y medio de recorrido.


Como casi todo el mundo sabe, las Médulas no son otra cosa que los restos o ruinas de unas montañas, excavadas y escarbadas en tiempos de los romanos para sacar oro. Arrancado todo el preciado metal a la tierra, durante siglos y siglos nadie dio valor alguno a aquellos parajes, pero hete aquí que la "industria del turismo" los ha descubierto no hace mucho y se ve que la gente acude como moscas. De momento no cobran por entrar, -como no lo hacen en la playa de las Catedrales de Lugo o en el Nacimiento del Urederra en Navarra, o en San Juan de Gaztelugatxe.../ repertorio de lugares recién puestos de moda-, y aún está todo un poco deshabillé, pero tiempo al tiempo, que todo se andará.


El recorrido por entre los curiosos picachos dejados al azar después de la tremenda explotación minera es verdaderamente subrealista, pero no lo es menos que de repente te encuentres pelotones de de personas atascadas en cualquier rincón escuchando las explicaciones de los guías. Nosotros tuvimos suerte de sortear los tres o cuatro pelotones que nos encontramos, y pudimos disfrutar a nuestras anchas de un paseo bastante tranquilo.


Los dos puntos destacados (highlights, creo que los llaman ahora) eran dos enormes cuevas. Estar dentro de ellas sin el jaleo del paso de los grupos no debe de ser nada fácil, pero mira por donde que nosotros lo logramos:




Hay senderitos sin señalizar que se pierden entre los picachos y la vegetación, lo que da idea de que todavía no está todo el terreno controlado por las autoridades del lugar, pero nosotros no estábamos por escudriñar más de lo que generosamente se nos ofrecía a la vista, y es que aparte de los picos y las cuevas encontramos en los magníficos y viejos castaños el tercero de los "highlights" de la visita:


Contentísimos de haber podido realizar el recorrido interior sin las apreturas que nos temimos al ver los parkings y la oficina de entrada, regresamos al punto de partida dispuestos ya a marcharnos, cuando uno de los trabajadores encargados de que no entraran coches al pueblo, al ver que teníamos pinta de andar con alegría, nos dijo que fuéramos la mirador de las Pedrices: son poco menos de tres kilómetros, y la vista del conjunto es estupenda.


La caminata hasta el mirador de las Pedrices (punto 2 en la foto aérea) es en realidad el primer tramo de lo que llaman "el circuito exterior", que por lo que contaban algunos visitantes (ojeo rápido allí mismo al móvil), era muy largo (más de doce kilómetros) y no valía la pena. Y es que, para llegar al mirador de Orellán (punto 3 de la foto de arriba) se podía ir en coche por el lado de la entrada a Las Médulas, o sea, por el norte de este área.


Efectivamente, el largo camino en dirección al suroeste parece una aburrida pista rural por la que vas dejando atrás  sin mayor emoción el cogollo más espectacular. A los lados de ese camino, vas viendo montones de piedras que le dan un aire aún más destartalado al lugar...


Al principio piensas que son los típicos montones de piedras que sacan los agricultores de los campos, pero cuando ves que no hay cultivos y que las hay por todas partes, caes en la cuenta que son los restos del lavado de la montaña para encontrar las pepitas de oro. Cuando coges altura y llegas finalmente al mirador de las Pedrices...


... se te abre ante la vista todo ese enorme territorio dedicado al lavado de la tierra y la extracción del oro. No es una zona tan espectacular como la de las ruinas de la montaña, pero con solo pensar en el trabajo que se llevó a cabo allí se te encoge el corazón.


A la derecha de esos campos se tiene una vista global de las montañas escarbadas y del pequeño pueblo de Las Médulas debajo:


Fotografiando con el tele se obtiene un poco más de detalle, pero no mucho.


Desde el mismo mirador de las Pedrices, se ven hacia el sur otras montañas no menos escarbadas, en este caso para la obtención del carbón:


Pero lo más interesante quizás de haber subido hasta el mirador de las Pedrices es ver justo por donde sigue el "recorrido exterior" una gran cavidad abierta en la montaña que ofrece una visión mucho más clara del proceso de movimiento de las tierras y lavado posterior en busca de las codiciadas pepitas de oro, sobre todo, después de ver el cartel explicativo que te encuentras allí mismo.



Visto lo visto, retornamos al parking, salimos de Las Médulas y dimos la vuelta a la montaña por el norte para subir hasta Orellán por una estrecha carretera donde me temo que se atascará más de una autocaravana cuando se tenga que cruzar con otra.


En el parking no hay ni un maldito puesto de cervezas y hay que subir casi un kilómetro para llegar al mirador superior, pero ya se ve que vale la pena:


A mediodía cierran el "corredor de Orellán" que permite meterse un poco en la montaña por los conductos hidraúlicos que sirvieron para su explotación. Así pues, nuestro consuelo fue contemplar mientras bajábamos hacia el coche una hermosa pirámide llamada Peñas de Ferradillo o de Voces, que es el nombre del pueblecito que se ve debajo:


Un mil cuatrocientos al que seguramente no subirá casi nadie y que dejamos para otra ocasión porque por hoy ya habíamos andado bastante. Entre los 3,5 km del recorrido interior, los 6 de la ida y vuelta al mirador de las Pedrices y los 2 de la subida y bajada del parking al mirador de Orellán ya teníamos hecha la tarea deportiva del día.


Al menos la de las piernas, porque por la tarde, aún nos divertimos otro poco paleando en el pequeño embalse de Carucedo, situado a la entrada del parque de las Médulas, donde un tipo muy amable alquila los kayaks al económico precio de 5€ por persona/hora.


Un estupendo día de vacaciones de verano para... ¡no haber planeado nada!