domingo, 18 de septiembre de 2016

222. RECUERDOS DEL PICO SAN LORENZO. LA RIOJA



Como comenté en los inicios de este blog (Montes 5), las Peñas de Gembres son las auténticas protagonistas por el lado Norte del paisaje de mi viejo y querido pueblo de Anguciana. Pero lo que aún no había dicho es que la majestuosa silueta del San Lorenzo preside a lo lejos el amplio horizonte que se abre por el Sur. De manera que estas dos señaladas referencias (junto con el Toloño por el Noreste y Cellorigo por el Noroste) han sido siempre los polos de atracción de mis contemplaciones y sueños montañeros.

Además de ello, el San Lorenzo fue desde siempre una montaña mítica para nosotros porque se quedó ligada en el tiempo a una de las fechas más significativas de la historia de España del siglo XX: el sábado 18 de julio de 1936. Tenía mi padre entonces 20 años recién cumplidos (el 16 de julio), y la fortuna quiso que hubiera pedido una semana de permiso por su cumpleaños. En el penúltimo día de su semana de permiso organizaron una excursión al San Lorenzo ¡de las de aquellos tiempos! que incluía subir en bicicleta desde Anguciana hasta Ezcaray (treinta y pico kilómetros por unas carreteras que no son las de ahora), subir al monte, bajar, y volver hasta Anguciana. Pues bien, cuando regresaban victoriosos de su hazaña en el San Lorenzo tuvieron las primeras noticias boca a boca de lo que se les venía encima. En su condición de soldado, el domingo se presentó a las autoridades militares de la región, no pudo volver a Madrid, y seguramente su suerte cambió para siempre: porque el cuartel donde estaba haciendo la mili, el de la Montaña en Madrid, iba a ser el escenario de una de las luchas más crueles y sangrientas de los primeros días de la guerra.


1) En el verano de 1969, es decir, treinta y tres años después de aquella ascensión tan significativa, se le ocurrió llevar al San Lorenzo a todo el que estuviera dispuesto a subirlo, y reunió a un montón de gente de lo más variopinta: su amigo Jose Mari San Juan, el médico del pueblo don Honorato García, todos los primos Angulo, los primos Marcotegui, otro amigo de mi padre que no me acuerdo bien quién es (Jesús González Hierro quizás), sus cuatro hijos mayores y algunos de nuestros amigos. Diecinueve más el fotógrafo, José Mari San Juan (que obviamente no sale en las fotos), me salen veinte.

Salimos desde Ezcaray y recuerdo que iríamos hacia el collado de Bonicaparra para alcanzar mucho más adelante la senda oriental de la Cuña y llegar al collado de Ormazal donde están hechas este par de fotos. Pero en los primeros hayedos nos perdimos, al amigo de mi padre le dio una pájara, empezó a echarse la niebla por arriba y hubo cierto nerviosismo ante un posible fracaso de la expedición


Al final los más mayores se quedaron en las laderas del Cabeza Parda y los más jóvenes (que éramos los más) hicimos cima. Aparte de Jose Mari San Juan, mi hermano y yo llevábamos también una rudimentaria Werlisa con la que hicimos unas pésimas fotos en la cumbre, pero por lo menos se me ve en una.


El que está conmigo creo que era un amigo de mi hermano Ricardo que se llamaba Pedro Mari (digo se llamaba porque alguien me dijo que ya había muerto). Tenía yo entonces quince años: 


Como el organizador no hizo cumbre, debió de bajar ya pensando en un nuevo itinerario y en una expedición más ligera de gente.


2) Y así, a comienzos de 1970 nos llegamos hasta Urdanta y sin pensárnoslo dos veces atacamos todos directo hasta la cumbre. José Mari San Juan no vino y nos quedamos sin sus estupendos reportajes fotográficos. Nosotros llevamos nuestra Werlisa pero nada más empezar la excursión se abrió y se medio veló el carrete (!). Las dos únicas fotos que se salvaron las hicimos al comienzo o al final de la excursión en Urdanta, aldea que tenía el aire de aquel famoso reportaje de Buñuel sobre las Hurdes. 



3) El San Lorenzo perdió su aura de lejanía y grandiosidad cuando a mediados de los setenta se creó la estación de esquí y se abrió la carretera hasta lo que desde entonces se conoce como Valdezcaray. Tengo el vago recuerdo de que nada más estar transitable la carretera fui a ver todo aquello con unos amigos de la expedición del 69, y que subimos al pico con la nostalgia de un viejo conocido o de un paraíso perdido. Al no ver aquella salida como algo reseñable, ni siquiera debimos de llevar cámara de fotos.


4) Un año después, verano de 1976, repetimos ascensión desde la recién inaugurada estación de Valdezcaray pero en plan excursión de amigos y... amigas. Con cámara de fotos, claro. Porque yo tenía ya puesta la vista en una chica de la cuadrilla que... me interesaba mucho más que el San Lorenzo.


Hice algunas fotos muy graciosas de mis cuatro compañeros, Quique, Rosalía, Maite y Jacinto, bailando en la cima...:


Pero lo que recuerdo perfectamente de aquel momento es que de la alegría del baile pasamos a la preocupación por el descenso. Estando almorzando en la cima se echó una espesa niebla y perdimos completamente la noción de nuestra orientación, de modo que no teníamos ni idea de hacia dónde tirar. Lo solucionamos dando vueltas en espiral desde el centro de la cumbre hasta dar con alguna referencia de la cara norte (por su fuerte pendiente) y salir de allí como a unos noventa grados. Desde entonces me dije que había que ir siempre al monte con una brújula, cosa que casi nunca he hecho.  


5) A partir de entonces comenzamos a ir a Valdezcaray a esquiar y el San Lorenzo se fue quedando en segundo plano como un mero decorado. Sin embargo, a finales de octubre de 1981 cayó una gran nevada que nos impidió llegar en coche hasta Valdezcaray, y una o dos semanas después, cuando se había ido buena parte de la nieve y aún no había empezado la temporada de esquí volvimos para pisar un poco de la blanquilla que había quedado por las cumbres Nos acompañó mi hermano Ricardo y en primera instancia nos acercamos al mojón del Cabeza Parda que siempre habíamos dejado a un lado:


Luego intentamos subir al San Lorenzo, pero creo recordar que la nieve estaba muy dura y resbaladiza y que a mitad de su última pala nos dimos la vuelta. No llevábamos crampones ni piolet. Todo lo más una simple cachaba.  


6) En aquel invierno, o quizás en el siguiente, nos compramos las botas mixtas y los esquís de travesía y una de las primeras salidas que hicimos con ellos fue para subir al San Lorenzo por el camino de Colocobia y su pala occidental:


Me extraña que no nos hiciéramos alguna foto en la cumbre (quizás por el lío de tener que quitar y guardar las pieles de foca con mucho frío o viento), porque lo que sí recuerdo bien es que no bajamos por donde habíamos subido sino por la pala oriental que tenía mucha más nieve. 


7) Tanta familiaridad teníamos ya con el San Lorenzo que en el verano siguiente, esta que ven en la foto de arriba y el menda se metieron a subir al pico por la cara norte. Así, como quien no quiere la cosa. Recuerdo las dificultades que pasamos en varios pasos agarrándonos a las hierbas para no irnos hacia abajo, pero a fe que lo conseguimos. 


8) En agosto del mismo 1982, Rosalía y yo llevamos en nuestro Land Rover a mis padres y su amigo José Mari San Juan hasta el collado de Tres Cruces para que hicieran cima por última vez. No era muy mayor mi padre entonces, sesenta y cuatro años (uno menos de los que tengo yo ahora), pero en aquel entonces nos parecía que no eran edades para mayores proezas. Como se puede ver, mi madre subía con las zapatillas de esparto de andar por casa. En todo caso, y según me ha dicho mi hermano Ricardo, mi padre subiría con él una vez más por este mismo itinerario.


Por entonces ya habían instalado ese altar y ese pilar con la Virgen de Valvanera que yo no recordaba de anteriores ocasiones. La siguiente es la foto del descenso por ese cómodo sendero trasero que hasta entonces nunca habíamos hecho:


9) En el verano de 1990, cuando nuestra peque tenía ya cinco años, repetimos excursión por este mismo sitio para llevar a nuestras dos hijas a la cumbre del venerable San Lorenzo:




Desde entonces y hasta la excursión del post anterior no habíamos vuelto por allí arriba. Veintiséis años son muchos para ignorar un monte que no es para nosotros el escenario de una simple excursión, sino un punto fundamental de nuestro paisaje y una parte importante de nuestra vida: casi como un ser querido. Cierto que desde Logroño no se ve como desde Anguciana, y que en una de las últimas fotos que le hice desde la ermita de mi pueblo lo vi así de mancillado:


... pero lo que está claro es que después de la excursión de Azarrulla ha vuelto a ocupar en nuestro corazón el lugar que se merece. 


sábado, 17 de septiembre de 2016

221. SAN LORENZO 2.283 m, desde Azarrulla



Poco antes de llegar al número 200 de este blog pensé en subir al San Lorenzo desde Ezcaray para conmemorar así mi primera ascensión al techo de La Rioja, hecha cuando aún no existía la estación de esquí y ninguna pista para vehículos por allí arriba. Pero pasé del número 200 y me quedé con las ganas de subir al San Lorenzo, así que a la primera oportunidad que se presentó, la de una "marcha social" del club Sherpa de Logroño (mi viejo club de montaña logroñés, el de Javi Caballero, el Buri y Miguel Angel Cuesta...), nos apuntamos Rosalía y yo, y aquí traigo el relato de esta excursión dejando para otro post más épico y nostálgico la enumeración de las veces y los distintos itinerarios por los que he subido a nuestro gran pico.


La oportunidad de ir con la gente de Sherpa nos ofrecía la novedad de subir desde Azarrulla haciendo una circular muy bonita: ascendiendo por el corto y pendiente barranco del Gabazulla y descendiendo por el más largo y húmedo del río Usaya.

La información de la marcha me llegó por facebook, ese cotilla veloz que tantos pajaritos nos mete en la cabeza, pero el método de inscribirse fue algo más lento y costoso, lo que nos creó algunas dudas que afortunadamente superamos sin más.

Domingo 11 de septiembre del 2016. Ocho de la mañana en la estación de autobuses. Cuarenta y siete excursionistas. No está nada mal. Recuerdo alguna salida en la que no había mucho más de una docena y se decía que lo de poner autobús era una ruina para el club. Sol espléndido y nueve grados centígrados en Azarrulla. A las nueve y cuarto echamos a andar. Qué digo a andar, a correr. Uno de los organizadores dijo en el autobús que íbamos a subir al ritmo del más lento y que el tiempo estimado para completar la excursión estaría entre las ocho o nueve horas, pero se puso en cabeza Román Soriano y el primer repecho lo hicimos a uña de caballo. ¿Cómo? me dije yo: a este ritmo lo hacemos en cinco horas.


Pero las cosas no iban por ahí: en la entrada al barranco del Gabazulla nos llegó el primer aviso de la extraña forma de avanzar en estas marchas sociales, es decir, a base de arreones y parones.


Aprovechamos la primera parada para quitarnos ropa y ponernos en plan deportivo, así como para echar un vistazo al frondoso valle del Usaya por el que regresaríamos luego.


La entrada al barranco del Gabazulla no se hace desde el pueblo y por el fondo del barranco como decía el planito que nos habían dado los organizadores, sino desde el lomo de la Peña Corocia (foto de la primera parada) tal y como contaban en la descripción de la ruta. El sendero desde el lomo entre ambos barrancos hasta el cauce del arroyo es prácticamente horizontal. Al llegar al seco Gabazulla cogemos en su margen derecha un sendero por el hayedo y volvemos a volar:


La oscuridad hace que las fotos salgan borrosas y que se dispare el flash de mi cámara automática. Los hayedos son lugares especiales cuya escasa luz precisa de cámaras mejores.

Llegando a los restos de una caseta de mampostería muy vasta a la que llaman caseta del huevo se hace una nueva parada y... otra larga espera para la reagrupación:


En ese punto se produce un relevo en la cabeza del grupo y un cambio radical de escenario. Fernando Areitio toma el mando y Román Soriano pasa a la cola. El terreno a recorrer ahora es un hayedo muy inclinado sin apenas sendas por el que vamos todos en procesión "haciendo senda" en zig zag y andando y parando como en un atasco, o sea, haciendo el acordeón. Apenas pude pararme a hacer una foto porque paraba a los que venían detrás, así que las dos únicas que hice de tan bonito tramo fue cuando después de un atasco en unos troncos me dejé caer a la cola del pelotón:


Los comentarios más oídos eran: "¿por aquí no bajaremos, no?" "¡no me quiero imaginar esto con lluvia!"


Tramo muy duro para hacer en solitario pero muy bonito para hacerlo en grupo y al paso de un guía con un ritmo más sosegado. Al salir del hayedo se hizo una nueva parada y volví a posiciones de cabeza:


El siguiente punto de referencia es ese árbol espino de ahí arriba al que subimos ya por terreno abierto y al paso de Fernando Areitio, o sea, cómodo y sostenido:


Pero al llegar al árbol, nueva parada y nueva reagrupación. Y es que empezaba a haber gente que perdía la fila incluso a este ritmo.


Aprovechamos la parada para tomar algo de fruta y aprovecho yo para hacer una bonita foto a Rosalía con el barranco de Gabazulla que acabábamos de subir y la aldea de San Antón abajo (la aldea de Azarrulla no se llega a ver por estar justo en la boca del barranco)


El siguiente tramo, algo más suave, consiste en llegar hasta unos prados secos desde donde ya aparece a lo lejos el objetivo de la excursión: el pico de San Lorenzo.


Nos salió a recibir allí Roberto Yustes, el tercer organizador de la marcha, quien por culpa de alguna lesión no pudo venir con nosotros y decidió subir con su furgoneta hasta el punto donde íbamos a cruzar la pista. El grupo y sus amigos se paran a saludarle y algunos pocos, cansados ya de tantas paradas, seguimos hacia delante, ...


Emprendemos la subida al Colocobia por la pista de la estación de esquí y... nos perdemos el avituallamiento de agua y sandías que traía Roberto Yustes en su furgoneta.


En la cima del Colocobia les esperamos, no sea que se enfaden si nos vamos directos hacia la cumbre. Además hubiera quedado muy feo. Una marcha social es una marcha social y hay que estar a las duras y las maduras. Mientras esperamos que lleguen le hago una foto a Rosalía en la cima del cogote del Colocobia donde nunca habíamos estado:


Junto a las instalaciones del telesilla de Colocobia la organización avisa de que es el último punto discreto donde las chicas pueden hacer pipí y hacemos una última fiesta. A partir de ahí vuelve a coger la cabeza Román Soriano y echa a correr hacia la cumbre dejando un reguero de gente atrás que ni en la subida al último puerto de montaña de las vueltas ciclistas:


Cada cual puso su ritmo o siguió una rueda cómoda, pero al final, cuando el sendero se empezaba a deshacer, cada uno hizo lo que pudo y la ristra de montañeros desperdigados quedaba de lo más colorida:


Lo importante era hacer cumbre con buena cara y disfrutar del almuerzo en agradable compañía. Lo que no estaba previsto es que un grupo de cabras se invitasen por su cuenta:


Por lo general cada uno se trae sus viandas y se comparten algunos pequeños detalles del postre, por lo que en estas ocasiones siempre me causan admiración algunos participantes que no sólo traen lo suyo sino que hacen y suben cosas para compartir con todo el que quiera: la gigantesca tortilla de patata con saborcillo picante que subió Marino, fue para quitarse el sombrero. Y el gran termo de café o el bizcocho que subieron otras dos montañeras cuyo nombre no conseguí recordar, fueron también como para darles un fuerte aplauso. Hubo incluso quien se puso a repartir un chupito de licor pero nosotros no llegamos a apuntarnos a ese lujo porque en ese momento Rosalía y yo nos apartamos un poco para hacernos la tradicional selfie de la cumbre...:


... y una simpática foto de un par de cabras que estaban aprovechando la única sombra de la cima: con lo que parecían decirnos que por muy cabras que fueran, para locos, nosotros:


Antes de abandonar la cumbre del San Lorenzo nos hicimos un par de fotos de grupo. Esta que pongo aquí es la que me ha llegado vía facebook/ sociedad Montaña Sherpa / Antonio Santamaría Briñas. Estupendo recuerdo:


Iniciamos el descenso por el sendero que va hacia el collado de Tres Cruces, es decir, en dirección sur:


Pero como se ve muy bien en el track (y en la siguiente foto), lo dejamos cuando llegamos a la parte alta del lomo sur del barranco del Usaya (poco antes del km 10) y giramos noventa grados a nuestra derecha. Como apenas hay sendero por ahí, Los organizadores habían dejado prudentemente unas cintas de plástico blancas y rojas por si salía día de niebla y pudiéramos necesitar su ayuda.


En el punto en que se cruza la pista que va de Valdezcaray a Tres Cruces hay una gran empalizada de troncos de madera de pino que..., volvió a servir para una nueva parada y la consiguiente reagrupación, y es que también los ritmos de bajada eran muy diferentes entre unos y otros:



Los organizadores nos avisan de que en el siguiente tramo nos vamos a poner las botas finas de polvo, y a fe que fue verdad. Yo casi echo a correr para que sólo sean las botas y no los pulmones, porque la polvareda que íbamos a levantar cuarenta y siete montañeros era como para temer:


La entrada al barranco estaba también perfectamente señalizada por los organizadores y por la gente que suele subir al San Lorenzo por este itinerario. Había un mástil con plásticos encima de un árbol y un palo más pequeño con plástico que se puede ver en la siguiente foto:


El sendero que nos va a llevar al fondo del barranco es de lo más variado porque pasa por zonas de mucho brezo y frescas laderas de hayedo. En unas y otras se agradecen las tiras de plástico que han dejado atadas en las ramas porque tiene tramos en que no está muy limpio o evidente:


Pero el punto que más duda puede suscitar es el de un cartel indicador con dos direcciones que encontramos poco antes del km 15 de mi track:


Se ve que Alturraza es de donde venimos, y la Solana Usaya es... donde no hay que ir. El cartel está puesto ahí para que lo vean los que suben por un empinado sendero de hayedo que es por donde tenemos que bajar hasta el río:


Es bastante evidente porque el río está cerca y casi se oye desde allí, pero como yo iba primero y tenía mis dudas, esperé a que llegara Román y me sacara de ellas. La disculpa para una siguiente reagrupación fue meter los pies en el agua a la altura del "séptimo puente" y relajarlos un poco. Qué fresquita que estaba.


A partir de ahí, Rosalía, Lola, Marino, otro colega y yo soltamos las piernas para bajar a nuestras anchas por el fantástico "sendero de los siete puentes" que nos iba a llevar a las cervezas frescas que  prometía la llegada a Azarrulla...


... pero Fernando Areito bajó corriendo para pararnos y decirnos que estaba muy feo eso de no llegar todos juntos al pueblo.


Le hicimos caso un poquito, pero no mucho, porque una cosa es la estética del grupo y otra la sed que ya llevábamos. Los que se entretuvieron mucho en la bajada se tomaron las cervezas calientes... ja ja ja: pues en el bar de Azarrulla no tenían previsto vender tantas cervezas de golpe.


Dejo aquí el enlace al track por si alguien quiere usarlo (ojo a la zona del hayedo porque no creo que sea muy preciso) y la peliculilla que me grabó el Suunto (que da siempre menos kms) y que esta vez es bastante mala, porque por dar visiones panorámicas de la sierra apenas muestra los recorridos por el fondo de los valles:



Y aprovecho también la ocasión para dar las gracias más sinceras a los organizadores de esta excursión, Román Soriano, Fernando Areitio y Roberto Yuste, y nuestro reconocimiento al nivelazo físico de toda la gente del Sherpa que subió con nosotros y que consideran que una marcha de 1.400 de desnivel y dieciocho o diecinueve kilómetros es de nivel medio/alto.

¡Pues que no cuenten conmigo para las de nivel superior...!