jueves, 14 de agosto de 2014

162. LA COLLARADA, 2.883 m (1200+) Desde La Espata



Esta gran montaña que preside la entrada a los Pirineos desde Jaca ha sido durante toda mi vida como un gran sueño incumplido. Antes incluso de verla e identificarla, le oí hablar de ella a Chuchi de Galdácano, el de Cianoplán, mi primer mentor en cosas de montañismo. A finales de los ochenta había realizado su ascensión desde Canfranc vivaqueando en los barracones de los constructores del emblase de Ip, y me habló con tal entusiasmo de lo que le había reportado su aventura que ya nunca se me olvidaría. Este invierno nos acercamos a ella con raquetas (v Montes 144) y empecé a planificar su ascensión para el verano pensando en un vivac y un baño posterior en alguna poza del río, e invitando a todo ello a María Belmonte y a un viejo amigo del Sherpa, el Buri. Elegí como fecha el fin de semana más próximo al 16 de julio, que parece que nos da suerte, pero al final la expedición se quedó reducida a Rosalía y a mí, taxi-Land Rover hasta la Espata y nada de vivac, que la espalda de mi colega no está para esos trotes. Los blogs están llenos de relatos y fotos de las rutas y ascensiones a esta montaña, así que poco voy a añadir yo salvo los comentarios más personales y por supuesto, nuestras fotos de recuerdo.


El Land Rover que tiene dispuesto la Oficina de Turismo de Villanúa para no dejar que los coches suban por la pista hasta los dos mal llamados refugios de la Espata y la Trapa (ya vimos en la primera inspección que dormir en este último era hacerlo entre basura...), suele salir a las 7 de la mañana, pero si les pides que te suban a las 6, también lo hacen pues el chófer, Pablo, es muy amable. Cobran 10 euros por persona y afortunadamente no me sentí culpable de la poca rentabilidad del viaje y del madrugón de Pablo pues cuando nos llegamos a la Oficina de Turismo donde habíamos quedado, había otros dos montañeros más.  El tiempo estaba así así y al salir del Hotel Lacasa, donde nos habíamos hospedado, nos cayeron unas pocas gotazas que no asustaron para nada a mi valiente socia (a mí sí...). Los compañeros de Land Rover habían decidido subir desde La Trapa en vez desde La Espata, así que a las seis y media en punto nos dejaron a nosotros dos solos y echamos a andar para arriba con las primeras luces del día siguiendo el track 1119471 de wikilok de xfer8850. 


El sendero llega enseguida a uno de lo únicos pasos entre las rocas de ese largo resalte que ofrece esta montaña en su vertiente sur y hay que echar las manos un poquito, pero nada del otro jueves. No lo sabíamos en ese momento, pero de regreso a Villanúa el dueño del bar de la plaza nos contó que en este tramo perdieron la vida hace cuatro años tres montañeros navarros sepultados por un alud (!).


Pasado el resalte rocoso te entra cierta impaciencia por ver ya la parte alta de La Collarada pero aún falta un rato de fuertes pendientes herbosas que te van llevando hacia el Noreste con algunas marcas en las rocas del sendero y unos grandes cahíres en torno a algún palo, un poco más arriba.


Esperando a ver La Collarada se empieza a disfrutar en cambio de las vistas hacia los laterales o hacia atrás:  al Sureste, Punta Espata y detrás el gran lomo del Bacún (foto de arriba); y hacia el Sur- Suroeste, la salida del valle del río Aragón con Villanúa debajo.


Los hitos están muy distanciados en este tramo, por lo que en caso de niebla es recomendable (obligatorio) guiarse por gps. Cuando esta pendiente semiherbosa llega hasta el borde lateral de lo que la toponimia aragonesa llama un "cubilar" (antiguo recipiente glaciar), aparecen al fin las siluetas rocosas de La Collarada (izquierda) y su vecina menor, la Collaradeta (derecha):


La belleza de este tramo creo que queda perfectamente reflejada en la foto de presentación de este post o en esta otra de arriba. No acababa de salir el sol pero tampoco se cubría mucho más, así que un poco más adelante, felices y contentos por nuestra progresión, avistamos el "paso de Abete", que está en ese cambio de color de roca de gris a marrón y en esa invisible línea en la que empieza la "alta montaña":


Excitados por lo bien que se iban poniendo las cosas subimos hasta él en un pispás y avistamos el otro "cubilar" al que hay ir dando la vuelta por la derecha hasta asomarse a las dos ventanas o collados de Ip con la cima rocosa de la Collarada a la izquierda. Extraordinario ambiente rocoso, solitario y desértico, de lo que puede llamarse ya "alta  montaña".


El viento soplaba fortísimo de sur y en la primera ventana a Ip salió la foto muy mal. Al pasar por la segunda tampoco salió mucho mejor pero es inevitable ponerla:


Más bonita quedó la que le hice a mi socia un poco más arriba sin miedo de que el viento me la tirase hasta el embalse.


Mi idea inicial era haber almorzado en ese collado, o cuando menos tomar alguna barrita energética antes de atacar la cumbre porque en otras ocasiones he llegado un poco desfallecido a los últimos metros, pero el fortísimo y molesto viento no nos daba tregua, y después de nuestras primeras experiencias en trepa y escalada, la roca del último tramo nos llamaba con más fuerza que nunca. Cuando llegamos a ella recogimos los bastones y echamos mano a la piedra con una alegría y una confianza tan inusuales en mí que se me olvidó el haber parado un poco y haber hecho alguna foto de ese bonito tramo algo más vertical. La única que os puedo mostrar es justo la de Rosalía cuando ya lo estaba superando. No tiene ninguna dificultad ni da ningún vértigo, así que nadie se asuste por la imagen que este tramo ofrece desde abajo (ver tres fotos antes) o por esta otra desde arriba:


Pasado ese resalte rocoso, llegamos a la cima a las 9:30, es decir, en tres horas justas desde La Espata.


El pequeño abrigo de rocas está pensado para los vientos del Norte y como las cimas me dan un poco de yuyu yo hubiera bajado un poco para almorzar, pero Rosalía se empeñó en sentarnos al otro lado del murete de piedras mirando a la pala de Ip y a fe que acertó.


Mirando al Midi y al Balaitús sacamos nuestros bocatas y la botellita de vino, y como estábamos más solos que la una (o que los dos) hasta nos hicimos una feísima foto selfish, ja ja ja (feísimo yo, claro):


En esas estábamos cuando del lado Oeste de la cima apareció un tipo pidiendo disculpas por interrumpir tan hermoso momento. Tantísima educación en estos tiempos nos dejó tan impresionados, o incluso conmovidos, que le invitamos rápidamente a sentarse con nosotros, beber nuestro vino y compartir conversación. César Fandos, arquitecto técnico y de Zaragoza. Un gusto conocerle. Tanto es así que nos animamos a bajar tras él (y tras otros dos montañeros rapidillos de los que están poco más de cinco minutos en la cumbre) por la ruta por donde habían subido, es decir, por la de la Trapa, haciendo una circular que no teníamos pensada.


Además de la compañía y la curiosidad por conocer este otro recorrido, debo decir que la pendiente de este primer tramo de descenso por roca en canal me pareció algo menos vertical y más fácil de destrepar que el del lado por donde habíamos subido, así que eso también contó en la decisión.


Viene luego el tramo más temido por muchos montañeros, el del gran canchal de piedra suelta donde Rosalía se dio (cosa rara, ay) una pequeña culada. Suele ser habitual que la pendiente se aprecie más en las fotos de arriba hacia abajo que en la de abajo hacia arriba, pero mira por donde que en este monte los efectos fotográficos son distintos y es mirando a la canal que habíamos bajado como se aprecia mejor la inclinación de esta pala.


A esta altura del descenso es obligado mirar hacia el Oeste y contemplar la extraordinaria zona de "el Campanar de la Collarada", esa extraordinaria meseta de roca marrón con un arco delante que parece un resto arquitectónico. Y de fondo, el Aspe y el Bisaurín.


Otro de los curiosos efectos fotográficos que observé mirando hacia atrás durante el descenso fue el de la perspectiva de la canal por la que habíamos bajado y es que a medida que te alejas de ella parece no ya un duro escollo...


... sino una pared casi imposible (!!) o por lo menos muy respetable.


Supongo que esa diferencia de perspectiva debe de impresionar a los que suben por este lado, claro que... mejor que la impresión de dificultad vaya de más a menos que no al revés, porque si no se le quitaban a uno las ganas de acercarse a esa roca tan lejana y gallarda.

Tampoco en esta parte del recorrido hay muchos cahíres o marcas y la pérdida o el extravío en caso de niebla puede dar algún mal rato. Llegados a la embocadura de un torrente hay que seguir bajando hacia el Oeste hasta una tubería negra de saiplén que conduce ya sin pérdida hasta la famosa canal de la Trapa y el pequeño agujero rocoso que tiene encima:


Nosotros no tuvimos problema alguno pues nos cruzamos con los esforzados voluntarios que estaban marcando la carrera 2KV Collarada del día siguiente dejando en el camino unas pequeñas banderitas moradas. En todo caso, al llegar a la canal el camino parece como si desapareciera en el abismo y fuéramos a volar sobre los prados de La Trapa


Para que nadie se pierda hay un montón de señales amarillas y blancas y hasta una cadena a la que agarrarse cuando el sendero se pone abrupto o, especialmente, para cuando la roca esté húmeda:



De la cima hasta el refugio de la Trapa tardamos exactamente 2 horas y en la mesa tan bonita que tiene debajo de un árbol les hice a César y Rosalía una foto similar a la que había hecho en la excursión del pasado invierno:


César se brindó a bajarnos en su coche desde donde lo había dejado, es decir, en la barrera de la pista, así que desde allí mismo llamamos al Land Rover para que se olvidara de nosotros. Para que veáis hasta donde llega la amabilidad de Pablo os cuento que se ofreció a devolvernos la mitad del importe del trayecto (!). Desde La Trapa hasta la barrera nosotros conocíamos ya el trayecto del valle de los Azus pero no el magnífico sendero trazado entre los pinos que seguramente será difícil de seguir cuando lo cubra la nieve pero que en verano es realmente bonito. Antes de tomarlo echamos la vista atrás para fotografiar la canal de la Trapa y apreciar una vez más el efecto de magnificación que siempre se da en este monte: si uno la ve al subir, seguro que se pregunta con asombro: ¿seguro que hay paso por ahí...?:


Aquí un par de fotos del sendero de descenso en su inicio y en uno de los tramos inferiores, en que los ciclistas de montaña lo han convertido en una acusada V:



Ya no medí el tiempo pero sería poco menos de otra hora. Así pues, la ascensión de 1.200 de desnivel la completamos con unos 1.600 de descenso. Como la batería del móvil se me agotó al poco de empezar a bajar, he completado el track de la parte grabada con líneas discontinuas.


 Nos quedaron por hacer los otros 400 metros de desnivel que hay hasta Villanúa que... los dejamos para los corredores del día siguiente... Y es que lo que fuera una bonita excursión de sábado se convirtió el domingo en el magnífico espectáculo de la carrera 2KV, es decir, 2 kilómetros en vertical desde Villanúa al Collarada ida y vuelta. Por ello, después de despedirnos de César y echar la siesta, salimos a ver el ambientillo previo a la carrera y me hice una foto con el fabuloso récord que marcó hace un par de años un corredor marroquí. ¡¡¡Dos horas y diecisiete minutos en subir y bajar desde Villanúa hasta la Collarada por el recorrido completo que... sólo bajar en parte ya nos había costado a nosotros tres horas!!!


Al día siguiente pues, nos levantamos prontito para no perdernos a las 8 de la mañana la salida de todos los superhombres y supermujeres que lo iban a subir y bajar corriendo. Noventa y cinco en concreto.


 Y después de desayunar y recoger nuestras cosas en el hotel, a las diez en punto ya estábamos apostados cerca de la meta para aplaudirles en su llegada. No habían pasado unos minutos de las diez cuando apareció el ganador que parecía bajar como una pluma sin apenas rozar el suelo:


A los tres minutos el segundo corredor...:


y veintitantos segundos después el tercero, y todos ellos habiendo pulverizado el récord del marroquí (!!!). qué jornada tan gloriosa!!!


Como es habitual en nosotros nos quedamos aplaudiendo casi hasta que hubo bajado el último pues a todos los consideramos unos superhéroes. Y dado el buen ambiente que reinaba en la meta, Rosalía aprovechó para hacerse una foto con el supercampeón, el castellonense David Prades:



y con el vecino de la habitación del hotel, Manuel Martos Sánchez, que entró en en el puesto 23 aunque por categorías de edad fue el primero en la suya (!).


Magnífico broche deportivo y humano que completó nuestra modesta conquista al Collarada y que amplió nuestra comunión emotiva con esta montaña.