martes, 18 de septiembre de 2012

104. BALCON DE PINETA Y LAGO DE MARBORÉ, 2.600 m.(16k 1.300+)



La ascensión al Balcón de Pineta y consiguiente visita al Lago de Marboré es una clásica del Pirineo que no podía faltar en nuestro palmarés, así que no hemos querido que pasara este verano sin hacerla. He escogido la vista aérea de Google para la presentación porque se entiende así mejor la relación con otras excursiones en el mismo macizo ya contadas en este blog: la de Ordesa, en el post 10, o la del Taillón, en el post 25.

Todas las guías la pintan como una ascensión bastante dura, pues no en vano son 1.300 mts de desnivel, por lo que poco antes de las seis de la mañana del pasado 27 de julio del 2012, cuando todavía no había amanecido, ya estábamos ante la barrera del parador de Turismo preguntándonos donde demonios podíamos dejar el coche. Suele pasar en los sitios más concurridos que los carteles más elementales brillan por su ausencia. Damos la vuelta ante la infranqueable barrera del Parador (donde apenas hay sitio para darla) y regresamos al gigantesco y destartalado parking que hay al otro lado del río y que habíamos dejado a la izquierda sin darnos cuenta (sin cartel que lo indicara, vaya).

La campa parking de "acogida" es enorme pero aún así y a pesar de estar a oscuras, enseguida damos con cartelitos que indican la dirección (que no el camino) de subida hacia el Este. Alegremente echamos a andar y a los cinco minutos ya nos hemos perdido. El camino junto al río que habíamos tomado lleva hacia una campa sin salida. Primer cabreo de la mañana y vuelta para atrás. El GPS de endomondo lo cuenta mejor que yo:


Para coger la pista que sube hacia el puente de El Felgueral donde propiamente se inicia la ascensión por sendero de montaña, hay que olvidarse del río y tirar un poco a la izquierda. La verdad es que cuando tienes una gran excursión por delante, estos despistes iniciales en unas campas de mala muerte te ponen de mala uva. Siempre he dicho que lo más importante de una ruta no es marcar con claridad la cima sino los puntos de salida. Pero un Parque Nacional debe de ser un organismo funcionarial muy complejo, donde con poner carteles de prohibiciones ya tienen bastane. Ya lo vimos en el post de Ordesa.

Nos amanece e el trayecto de la pista y nos consolamos mirando hacia arriba. ¿Por donde se superará esta muralla de roca? nos preguntamos.


Tras los dos aburridos kilómetros de la pista  llegamos al puente sobre el barranco que baja de la cascada y volvemos a tener ocasión de divertirnos..., es decir, de perdernos, o sea, de cabrearnos. Aquí desbarra hasta el mapa de la Alpina, que dibuja el sendero nada más pasar el puente de la Felguera. Véase.


En efecto, nada más pasar el puente y en el lugar que señala el mapa vemos un sendero que asciende junto al barranco pero... mira por donde que los del Parque no se han dignado poner en él cartelito alguno... (?). El mapa es el mapa, me digo, y lo tomamos. Pero, ay, enseguida se estrecha, se pone sucio de hierbajos y maleza y hasta pasa por tramos en que parece que lo vamos a perder. "Este no puede ser el sendero de una subida tan conocida y popular. Me cagüen el mapa, los del Parque y el país de m. este", perjuro.


Pero no queda otra que seguir subiendo y ya se aclarará el camino, que por suerte, cuanto más subes menos vegetación hay. Al final tiramos monte arriba hacia la derecha y acabamos encontrando el sendero verdadero más arriba de una fuente que sabíamos que había por allí y donde dicen que hay que tomarse el primer descanso de la mañana. Para nosotros el descanso fue encontrarlo.


Con los sudores de la primera hora de subida (y del cabreo) el objetivo de la cámara que llevo en el bolsillo se me empañó y no me di cuenta, así que las primera fotos salen un poco borrosas, pero bueno, para contar el momento en que nos pilla el sol a media subida, ya vale.


O para contemplar a contraluz y mirando hacia atrás la silueta del pico de La Munia, y la altura que vamos cogiendo.


Mientras nosotros seguimos mirando hacia arriba para tratar de averiguar por donde demonios va el sendero que ha de cruzar la imponente muralla que tenemos encima, y mientras el sol va secando por su cuenta el vaho del objetivo de mi cámara, un montañero solitario que venía por el camino bueno nos alcanza y me sobrepasa.


Aunque nos dice que es de Tudela, resulta ser todo un experto en la zona pues viene aquí todos los años. Ni sabe la de veces que habrá subido al balcón. Más de veinte, me asegura. Nos acompañó hasta el embudo final donde se paró a reponer fuerzas y se quedó atrás, porque según nos contó luego le había dado una pequeña pájara.

Con la alegría de saber que vamos bien, la emocionante secuencia de llegada al balcón la experimentamos en solitario. Pongo aquí cinco fotos que os lo cuentan mucho mejor que yo:






Al fondo de esa cornisa doblamos a la derecha y se abre el grandioso panorama del Monte Perdido y su famoso y ya decrépito glaciar suspendido:


A pesar de todos los pesares, miramos al reloj y vemos que hemos hecho en tres horas y media lo que los itinerarios marcan como cuatro. Rosalía sigue en plena forma. Tanto, que en vez de parar y asomarnos al balcón para contemplar el valle de Pineta (lo dejamos para la vuelta) preferimos mirar hacia el lecho del glaciar y los pedruscos de las antiguas morrenas y seguir camino hacia el lago de Marboré por un sendero bien marcado de cahires.


Es otra media hora más de camino en el más absoluto silencio y soledad, con dos maravillosos alicientes: el de encontrarnos unos sarrios y oír algún crujido lejano del glaciar.


Y finalmente, llegamos al resto del lago del glaciar, con el pico, la brecha y el refugio colgado de Tucarroya en la línea de frontera con Francia. Las diez en punto de la mañana.


Mientras dábamos cuenta del bocata de mejillones y la botella de vino, llegó Juan Ramón y nos hizo la foto de rigor en la meta, con el Perdido y el cilindro de Marboré como fondo de escena.


También le hice yo una a él, claro está, para que se viera en nuestro blog, en tan buen lugar y... en tan buena compañía.


Y mientras la conversación se animaba, y yo la celebraba con mi tradicional cigarrillo de las cumbres, decidimos bajar juntos, con lo que pudimos aprender algunas de las muchas cosas de la zona que sabe Juan Ramón. Por ejemplo, la ruta al Monte Perdido, que desde aquí es algo verdaderamente tentador porque habiendo subido ya 1.300 metros, los 755 que restan para la cima (en otro día y con vivac por medio, por supuesto) no parecen gran cosa. Claro que la chimenea por la que hay que ascender al "cuello del Perdido" para conectar con el sendero que sube desde Góriz, es otro cantar. Juan Ramón nos la señaló con precisión y yo usé mi teleobjetvo para acercarme todo lo que pude a ella. Se ve muy bien porque es esa grieta negra que sale justo por encima del nevero con forma boomerang a la derecha del muro que sujeta el glaciar.




Desde lejos impone, pero para un trepador medianamente entrenado no parece que sea demasiada la dificultad. Eso nos dijo.

Pero bueno, lo nuestro no era ir por allí sino hacia abajo, y en el camino por el pedregal, Juan Ramón nos enseñó otro secreto: un estupendo refugio en la roca, de lo más socorrido en caso de tormenta, que él mismo lo usó en cierta ocasión.


Por supuesto, también nos hicimos la tradicional foto en un nevero. Y es que siempre hace ilusión pisar nieve a mitad del verano.


De todos modos, la foto del día es la del "balcón", y como la que nos hizo Juan Ramón a los dos no fue muy brillante, mejor poner aquí la que le hice a Rosalía, quien siempre embellece aún más todas y cada una de las montañas a las que vamos (le tendrían que pagar los de los Parques Nacionales ja ja ja).


Bonitas son también las vistas de la cornisa y la parte alta del sendero del embudo por el que salimos del balcón, que pongo igualmente en secuencia:





Desde el lago hasta el parking con parada en la fuente para contemplar la gran cascada que baja del glaciar, tardamos poquito más de tres horas.


Por supuesto, Juan Ramón nos llevó desde la fuente hasta la pista por el sendero verdadero (ahí no hay pérdida) y desde la pista hacia abajo por senderos en el bosque mucho más bonitos que la pista (volver arriba para ver el circuito marcado por endomondo) pero que sólo son para conocedores de la zona porque los cartelitos y las buenas marcas de senderos... brillan por su ausencia.


Una vez abajo, y mientras nos bebíamos una deliciosa horchata en la rulotte de Juan Ramón, volví a mirar hacia arriba para recrearme, ahora sí, en la vista del trazado por donde se supera (¡y habíamos superado!) ese precioso murallón.


Y puestos a la recreación, vayan como conclusión un par de imágenes más de endomondo con google: la del gpx y la de las marcas de los kilómetros, -que nunca sé si los toma en plano o si tiene en cuenta también el desnivel. Tanto da, que el monte no es para nosotros territorio de records ni de precisiones. Aunque sí de buena orientación y buenas indicaciones.