viernes, 7 de abril de 2017

237. MONTORTE Y ALTO DE AVELLANAL 1.150 (8,5 k 450+) Cripán



El maravilloso telón de fondo que tiene la Rioja por el norte, desde Pancorbo hasta el Codés, contiene numerosos promontorios y rincones que nos son aún desconocidos y que bien vale la pena una seguir explorando. Desde Logroño y a la izquierda del León Dormido es bien reconocible el famoso "bonete de San Tirso" al que hace años subimos por detrás desde Bernedo (v Montes 19). Pues bien, debajo del "bonete" y un poco más a la derecha según se ve desde el valle del Ebro, llama la atención un promontorio gordo y achatado que lleva por nombre Montorte. La línea cumbrera queda algo más atrás y está cubierta de bosque, y en los mapas lo llaman el Avellanal (aunque nosotros no llegamos a ver ningún avellano).


Sábado 18 de marzo, cinco de la tarde. Cierzo fino. Horario de invierno, o sea, tarde muy corta. Salimos de Cripán (700 m) y subimos directos en dirección norte hacia el depósito de las aguas.


En seguida nos vemos disfrutando de la vista de la masa y las paredes de roca de Montorte, a la izquierda, y de la cresta calcárea que va hacia Meano, a la derecha.


El camino se torna pronto sendero, aunque más adelante, al entrar en el bosquecillo mediterráneo reaparece con restos de pavimento de calzada:


Hacia el km 2... (pongo ya el track con el kilometraje para ir siguiendo sus indicaciones)




 ... la calzada gira un poco a la derecha y se encuentra con una pista agrícola de buen piso que sube también desde Cripán y que tomaremos a la vuelta (por aquello de variar). Encaramos la montaña y el espectáculo lo da ahora el fondo de la recia pared calcárea que emerge del tupido bosque:


Llegamos hasta el encuentro con una pista que viene de Meano y giramos noventa grados hacia el Este para subir aún por un amplio sendero entre bosquecillo mediterráneo:


El cambio entre el bosque mediterráneo y el hayedo es brusco y radical y para mí que se corresponde con esa línea hasta la que baja la famosa barda que forma el cierzo en estos montes:


La hojarasca difumina el sendero y como pude ver en un wikiloc, hay quien se pierde al llegar al punto en que se ha de girar ligeramente a la derecha y subir directamente al collado que pasa al otro lado de la sierra. Seguramente por eso han puesto allí un punto rojo en un árbol:


En todo caso el tramo que lleva al collado es muy corto:


Una vez arriba se vuelve a girar a la izquierda para ir en dirección Oeste por un sendero más o menos a cota igualmente difuminado por la hojarasca:


Al final del mismo volvemos a asomarnos al otro collado del lomo del Avellanal y como no hay sendero hasta la cima, el pequeño claro que se abre en ese punto nos sirve para hacernos la selfie de final de trayecto con el Montorte detrás (cuatro kilómetros, 450+, hora y diez minutos desde Cripán)


De frente y con el zoom de la digital capturé una neblinosa imagen del valle del Ebro con Cebollera al fondo:


La del San Lorenzo, hacia la derecha, algo más común:


De seguir por el lomo hacia el Este llegaríamos al bonete de San Tirso y detrás de él a la cresta de la peña llamada también León (aunque no dormido en esta ocasión); pero nosotros no teníamos mucho tiempo eran ya las seis y cuarto y para las siete anocheía.


En el descenso, el sol de atardecer bañaba de luz el cresterío y las masas de rocas situadas entre nuestro Avellanal y el León Dormido dándoles un relieve especial y obligándonos por fuerza a parar y fotografiar:



Con lo altivo que suele vérsele desde el Oeste, pegados aún a la sierra y en la línea de encuentro entre el monte bajo y los campos de cereales, el León Dormido apenas destacaba del resto del cresterío:


Hay que alejarse de la sierra, llegar hasta Cripán y esperar a que le dé en la punta el último rayo del sol de la tarde para que luzca como un faro sobre todo el valle.


Como decía antes, volvimos por la pista agrícola paralela al sendero-calzada de subida. Lo malo de esta opción es que acaba en la carretera y que hay que andar medio kilómetro por sus cunetas antes de volver al punto de partida. Claro que, con el contraluz del atardecer, también podíamos seguir haciendo bonitas fotos con las peñas del Castillo (terminología más que lógica) al fondo.


Tras la preceptiva cerveza en el bar de Cripán aún tuvimos que parar bajando a Lanciego para admirar una vez más los maravillosos colores del atardecer que no hay manera de capturar con las cámaras digitales o los móviles. Al menos esta vez, Rosalía me hizo una foto original:


Entre subir y bajar, contemplar y hacer fotos, empleamos 2h 16 minutos.