jueves, 19 de abril de 2012

91. PASEO AL BALCON DE SANTA LUCIA (4,5k 150+)



Hace unos años hicieron una pista a cota en la cara noroeste del cerro del Castillo de la Villa de Ocón y hasta el día de Año Nuevo de este mismo año no se nos había ocurrido recorrerlo. Pues bien, una vez trazado este paseo que lo incluye y recorre, puedo asegurar a nuestros visitantes de Santa Lucía que por nada del mundo deberían dejar de hacerlo. Es una gozada, veréis.

Se sale del propio pueblo (1) por la calle y camino que suben a la Villa de Ocón. Es una subidita de dos kilómetros y 155 mts de desnivel, pero si se va en plan tranquilo y disfrutando de los progresos de la gran plantación de cerezos que han hecho en la finca de al lado, se hacen muy llevaderos.


Sobre todo si no llueve, ja ja, porque el pasado Jueves Santo nos cayó algún que otro aguacero y hubo que ponerse el anorak por la cabeza y aligerar el paso.

Cuando se acaba la finca el camino discurre durante unos doscientos metros junto al barranco (que sigue lleno de basuras en ese tramo, ay) pero enseguida se llega al punto 2 en que aparece el camino a cota que he mencionado al comienzo. Es el momento de bajar el paso, ponerse a pasear de verdad y disfrutar de las vistas. En la tarde de Jueves Santo y con el día lluvioso, el paisaje se veía así de bonito:


Pero el día de año nuevo y mirando más hacia el norte, la amplitud de perspectivas era mucho mayor:


Fue en el paseo de Enero cuando tuvimos que buscar la forma de bajar desde ese camino nuevo hasta el camino verde que corre por debajo del pinar. Probé hacia la izquierda siguiendo unas rodadas que se pueden ver en la foto de google earth, pero no lo vi claro y me di la vuelta:


La derecha es encontrar (3) un sendero muy poco marcado que penetra en el pinar casi por el límite este del mismo y bajar alegremente por entre los pinos. El suelo está limpio y es una auténtica gozada recorrerlo.


Una vez abajo nos encontramos con uno de los caminos que más me gusta de Santa Lucía. Es muy poco frecuentado y como está en la ladera norte suele mantener el suelo verde casi todo el año. Por si su carácter bucólico no fuera suficiente, al fondo del mismo se ve el campanario de la iglesia del pueblo, y a lo lejos, el monte Zenzano.


El problema de este camino es que muere en una finca de cereal (4) y por lo tanto hay que andar por su linde derecho hasta llegar a un depósito circular de agua de riego hecho con chapa ondulada. Se bordea este depósito y aparece de nuevo un camino muy pendiente que baja junto a otro pequeño pinarcillo. Es uno de nuestro puntos favoritos para hacernos fotos con Santa Lucía, así que tampoco en año nuevo desperdiciamos la ocasión:


Desde ese punto solo queda bajar hasta el molino de viento amarillo que puede verse en las perspectivas anteriores, y regresar al pueblo por el camino semiasfaltado que viene del otro molino, o sea, el de viento que no es de viento, o sea, el turístico, ay. El total del paseo es cuatro kilómetros y medio, y se viene a tardar hora y cuarto, pero hay que ver la de variedad y belleza de cada tramo. Este es el perfil que me da el google earth:


Como creo que el paseo queda aún más bonito si le ponemos nombre, me he aventurado a llamarlo "paseo al balcón de Santa Lucía" y si nadie le da otro mejor, así se queda.


martes, 3 de abril de 2012

90. CUCURUCHA, 1.151 m. (8k 450+). Soto de Cameros.



En la excursión al Cerro de los Gardachos que conté en el post 54 vimos un sendero muy bonito que corría por la solana del cerro de Cucurucha y ya entonces pensé que algún día lo recorreríamos y que subiríamos a aquella otra cima sobre Soto de Cameros, pero tras ver en google earth que el sendero que corre por la pared Este del cañón del río Leza podría proporcionarnos un bonito recorrido circular con cima en el cerro, decidí que ese sendero en solana lo haríamos en el descenso.

Y de ese modo, tras dejar el coche en el parking que está junto al río y subir zigzageando por las empinadas calles del pueblo hasta la ermita de la Virgen del Cortijo, avistamos la entrada al sendero que llaman de la Peña de la Mora y que está bastante marcado y señalizado por la existencia de un par de yacimientos de huellas de dinosaurios.


El trazado del sendero es extraordinario y las vistas hacia el requiebro del Leza cuando sale de Soto, impresionantes, peeeeero, ay, ay, siempre la manaza de la gente más bruta: mirad que barandillas con alambre de espino han colocado a ambos lados del sendero. De premio.


Bueeeeno, para consolarnos un poco, echamos un vistazo al fondo del barranco:


Unos pasos más adelante está el indicador del primer yacimiento de icnitas. No nos entretuvimos mucho en él, lo justo para que Rosalía pusiera su mano al lado de la huella de algún tridáctilo pequeñuelo.


Justo en el aviso del segundo yacimiento sale un viejo sendero hacia arriba a la derecha al que hay que entrar por un estrecho zigzag para impedir el paso de animales. Afortunadamente los alambres no eran de espino pero en otro que encontramos más arriba ¡sí lo eran! con lo que tuve que ponerme la mochila encima de la cabeza para no desgraciarla. Qué merluzos. Bueno, a lo que vamos, en la bifurcación no hay indicación alguna y el sendero que sube a mano derecha está bastante abandonado, pero mi intuición montañera me dijo que era por ahí, y acerté. Y encima, dejamos de ir entre alambres de espino (!)


El sendero que dejamos a la izquierda y que más o menos mantiene la cota, pasa por debajo de la Peña Mora, que es la que se ve al fondo esta foto.


Más o menos a esa altura, estamos justo enfrente del mirador del barranco que hay en la carretera, así que, como casi siempre hay gente en él, escuchamos los saludos que nos hacían desde el otro lado del valle.




Poco antes de llegar a la altura de Peña Mora, nuestro sendero zigzagea para superar una lastra y gira a la derecha introduciéndose en una curiosa hondonada de antiguas fincas abandonadas que en el plano del Servicio Geográfico llaman "solana de Bolais".


El sendero está casi abandonado y al llegar al fondo de esta imagen gira a la izquierda pero nosotros intentamos seguir más o menos la diagonal que se ve en la ladera de enfrente para llegar a los corrales que se adivinan justo en el lomo del monte en el extremo derecho de la foto.

Según íbamos subiendo por esa diagonal echamos la vista atrás para gozar de la aparición del pueblo de Trevijano, colgado en los montes del otro lado del Leza:


La posible traza de un sendero se acaba y hay que ir subiendo por los restos de los viejos bancales con toda la hondonada a la vista.


Es un lugar que emociona bastante con solo imaginar la de vida que debió de tener en otros tiempos. Os lo pongo también con la vista aérea del Google Earth para que os hagáis mejor a la idea de su curiosa orografía.



Superados los últimos bancales llegamos a los corrales llamados de Valcárcel y al lomo de la Cucurucha donde al fin pisamos un poco de prado verde.


Mirando hacia el noreste conseguimos distinguir las ruinas de lo que fuera el pueblo de Villanueva de San Prudencio en las faldas del monte de Zenzano:


Ya solo quedaba darse un paseíto por el lomo del Cucurucha para llegar a su cumbre, que no tiene buzón ni vértice geodésico.


El reloj marcaba hora y media desde la salida y el GPS poco más de cuatro kilómetros y 1.151 mts de altura, por lo que le desnivel desde Soto (700 m) es de 451 mts, lo que no está nada mal. Con el día que hacía no hubo que bajar de la cumbre para almorzar, y allí mismo le dimos al vino y los mejillones, dieta infalible para un feliz día de monte.



Acabando la botella tuvimos visita. Dos jóvenes parejas andaban por allí algo perdidos sin saber como bajar a Soto. Nos mostraron el mapa que llevaban, ay, ay, uno de aquellos ecológicos "Paseos por la Naturaleza" que editó la Consejería de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente del Gobierno de la Rioja, es decir, la guía perfecta para no llegar a ningún sitio y perderse en el Monte. La miro y me parto de risa de lo poco que se ajusta a la realidad y de lo mal contado que está. Mucho hablar de especies vegetales y animales y poco de las indicaciones para no perderse.


Los muchachos llevaban tres horas andando y sólo querían bajar rápido a comer, asi que les indicamos que descendieran hasta el corral de Zorraquín para tomar el sendero de la solana por el que también pensábamos bajar nosotros, cosa que hicieron tras la preceptiva foto de nuestro encuentro y el aviso de que saldría en este blog. Aquí están:


Nosotros tampoco tardamos mucho en bajar porque ya tenía ganas yo de hacer esa senda, y más con los ánimos que siempre da el vinillo. Por el lomo del monte descendimos hasta el corral de Zorraquín, y por la ladera en hondonada hasta un par de abrevaderos de hormigón. Desde la cima habíamos visto con los catalejos que junto a los abrevaderos había un cartelito blanco como indicador de camino, pero una vez allí no hubo forma de encontrarlo y hasta dudamos un poco a la hora de tomar el sendero que baja a Soto, pero una vez encontrado, justo en la ladera derecha, ya no tiene pérdida. El paraje es árido y duro, y subirlo en verano tiene que ser horroroso, pero bajarlo tras haber diseñado tan buen circuito circular fue toda una gozada:


Y la llegada a Soto, digna como ninguna de un blog que se llama Montes y Arquitectura. 



Al llegar a las primeras casas estuve buscando alguna referencia o algún cartelito que dijera "sendero a los corrales de Zorraquín" o algo así, pero no había más que unas despintadas marcas blancas y amarillas que no se sabe quien marcaría algún día. Por si alguien quiere hacer este circuito al revés, pongo una foto de la última casa del pueblo en donde empieza:


Bajamos en una hora justa y lo celebramos en la terraza del bar de la plaza. El GPS cerró el circuito en poquito más de los 8 kms.

Regresando a Logroño paramos en el mirador del cañón del río Leza a contemplar la zona por la que habíamos subido unas horas antes. La Peña Mora, arriba a la izquierda, y el Cucurucha, probablemente, ese piquito que aparece al fondo a la derecha.


Y como no podía ser de otro modo, también le hice una foto al barranco del río Leza por si me lee alguien de fuera y aún no lo conoce.


 Excursión realizada el domingo 1 de abril del 2012.

lunes, 12 de marzo de 2012

89. VUELTA AL BARRANCO DE SAN MARTIN. LA RIOJA (12k 250+)



Planifiqué esta excursión como un largo acercamiento para subir a la Peña de San Bartolomé, pero cambiamos el recorrido sobre la marcha y no me pesa lo más mínimo haber renunciado a llegar al punto más alto del barranco porque el circuito así dibujado creo que es uno de la más bonitos y sorprendentes que se puedan diseñar por estos pagos.

Dejamos el coche poco antes de llegar al puente que cruza el Jubera-río (y que da acceso a Jubera-pueblo)  y tomamos el camino que va en dirección norte y que en seguida se bifurca:


El de la derecha va a la ermita de la Virgen de los Remedios que se ve al fondo. Nosotros tomamos el de la izquierda echando de menos alguna indicación (¿cómo es posible que el camino entre Jubera y San Martín no esté señalado, con lo sueltos de bolsillo que son nuestras autoridades para poner cartelitos?). Sea como fuere, en diez minutos llegamos a otra ermita, ésta en ruinas, dedicada a Santiago.


Y ahí, ay, es donde el camino se empieza a perder. Por encima de la finca de almendros que se ve a la izquierda, aún quedan las trazas de lo que fuera el camino, pero ya se empieza a llenar de zarzas y no hay marcas de que haya pasado nadie en mucho tiempo.


Sorteando las zarzas y subiendo por donde puedas, llegas a un collado maravilloso desde el que se divisa el barranco de San Martín y la Peña de San Bartolomé enfrente. Hay que girar ahora hacia el sur y dar con el camino semi perdido caminando a media ladera. En esta toma de google earth se ve muy bien el cambio de dirección (justo abajo en el mapa)


y en estas otras dos fotos, una tomada hacia delante (con la Peña de San Bartolomé  a la derecha) y otra tomada hacia atrás, se ve lo perdido que empieza a estar el sendero.



En cuanto brote la primavera y crezca un poco más la vegetación, por ahí no hay quien pase. Nos planteamos entonces cómo resolver el problema, si quejarnos inutilmente de la pérdida de nuestro patrimonio cultural (y nada más patrimonio que un viejo sendero como este) o si escribir una carta al alcalde de Jubera y a los tropecientos directores generales de las consejerías del ramo pidiendo firmas a todos los lectores de este blog para que paguen cuatro jornales a cuatro tíos con unas tijeras y dos bidones de roundup para que no se cierre. Lo que pasa es que como te hagan caso, lo mismo van, y ponen barandillas de madera y señales por todas partes, y no sé qué es peor. La prueba de que este camino a punto de perderse tiene una cierta entidad la tenemos en el mapa catastral de 1995 en que figura con trazo negro (el subrayado amarillo es mío)


Pasados unos doscientos o trescientos metros de sendero con matas se entra en una zona algo más despejada donde el viejo camino se hace bien visible y muestra toda su belleza:


...y entonces te repites una y otra vez: "esto no puede desaparecer, no puede desaparecer". Medio kilómetro más adelante parece que el monte le cierra el paso, pero milagrosamente, y entre nuevas zarzas, el sendero vuelve a abrirse camino:


En ese punto miramos al otro lado del barranco y vemos que hay un sendero en esa parte mucho más limpio que el nuestro (y eso que no figuraba en el catastral):


Cuál no sería nuestra sorpresa cuando vemos pasar por él a un grupo de valientes ciclistas de montaña:


Es entonces cuando cambiamos de planes, renunciando a subir por la pista desde San Martín a la Peña de San Bartolomé, para volver, a cambio, por ese bellísimo sendero. 

Un poco más adelante, barranco arriba, los dos senderos se juntan en uno que está en nuestro lado. En la siguiente foto vemos como nuestro sendero de ladera, otra vez bastante sucio, baja para encontrarse con  él. 


En la unión de ambos, ay, nos encontramos con otro de esos cartelitos estúpidos que han colocado recientemente y que dice que por el que veníamos, se va a Jubera. Es como para matarlos: mucho cartelito ahora, después de haberlas pasado canutas para no perderlo por su falta de limpieza. En fin, paciencia Juan, que esto es La Rioja y no da para más. 

Hasta San Martín el sendero discurre por el fondo del barranco y la llegada al pueblo no ofrece mejores perspectivas que la de un puente hundido.


Sin embargo el caserío del pueblo nos sorprende muy favorablemente. Pasado el río saltando entre piedras encontramos un recoleto cementerio muy bonito y poco más arriba un espacio excepcional en su escala y sencillez formado por la iglesia y el frontón (la nueva barandilla de la iglesia mejor que la manden a fundición para hacer otra cosa). No pongo fotos para no extenderme mucho aquí y para que el que vaya lo descubra por sí mismo. De lo que sí pongo otra imagen es del panorama que se abre barranco arriba, mucho más amplio y bucólico, y que muestra una construcción en una loma al fondo a la derecha, a la que nos animamos a ir.


Pensamos que se trataría de una ermita, pero en realidad es un corral, y como no tiene un acceso muy definido nos perdimos un poco creyendo que el amplio camino que va hacia el Este sería el que nos subiría. Pero no, tuvimos que volver porque la vegetación de matorral nos cerraba el paso. Así es como lo ha dejado contado el GPS:


Finalmente alcanzamos el corral y almorzamos allí nuestro bocata de mejillones y la botellita de vino. No hice foto del almuerzo pero sí de la vista hacia San Martín. Una maravilla. 


Entre zarzas, contemplaciones, visita al pueblo y pequeños despistes, casi habíamos tardado dos horas desde la salida y el GPS marcaba poco más de cinco kilómetros y unos 240 m de subida. 

Volvimos a pasar por el pueblo y a disfrutar del carácter urbano de su calle principal, y cuando nos metimos de nuevo al barranco hice esta foto para dar idea del carácter de garganta que tiene:



Por la derecha se puede apreciar el sendero, y en cuanto lo recorres un poco, empiezas de nuevo a contemplar las paredes del lado izquierdo del barranco y la peña de San Bartolomé presidiendo siempre  la escena.


Me hinché a hacer fotos de las paredes y del fondo del barranco, seguramente porque este blog se llama también de arquitectura, pero no es cosa de ponerlas todas. Os pongo, eso sí, el punto por el que se cruza el río:


...y una vista de la ladera por la que habíamos caminado un par de horas antes para ir a San Martín:


Lo bueno del caso es que el final del recorrido aún nos deparaba una inesperada sorpresa: la bajada a la Mina la Providencia (que en el mapa del catastro se llama "Mina Túneles de los Moros") con un precioso puente sobre un tajo del barranco:


La mina la deben estar "poniendo en valor" (ahhh, odio esa expresión!!!) turístico, porque la han limpiado y han colocado unas vistosas vallas con cuerdas blancas por todas partes. Pero hay que reconocer que la entrada a la mina es bien bonita y vale la pena haberla adecentado algo (¡aunque no tanto como si fuera Lourdes!)


Y aquí se ve la explanada ahora limpia de la mina (con mesas carteles de madera  por todas partes para los típicos paneles explicativos que aún no han puesto y que luego duran poco más de un año)


El camino sale a la ermita de la Virgen de los Remedios, que la pobre no tiene ni un miserable espacio alrededor para disfrutar del lugar (no os cuento cómo protegen la puerta para no sentir vergüenza ajena) y en cinco minutos regresamos hasta el coche. En total, hora y media para el descenso y la sensación de haber descubierto un circuito extraordinario. 

No os desaniméis por la suciedad del sendero, ni por los cartelitos estúpidos y caros, ni por las vallas de la mina. Vale la pena aguantar eso y mucho más. Lo que todavía no me explico es que nadie lo haya publicado como una de las excursiones más bonitas de la Rioja. O al menos yo no la he visto.

(realizado el domingo 11 de marzo del 2012)