lunes, 10 de enero de 2011

64. VUELTA AL BARRANCO DE SANTA LUCIA (7k 270+) Santa Lucía de Ocón, La Rioja

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He aquí un paseo montañero con inicio y final en nuestra propia casa de vacaciones. Si el algún lector ocasional de este blog tiene ganas de hacerlo, que sepa que está invitado a saludar, pedir consejo y tomar un vino con nosotros... siempre que estemos en ella, claro, lo que no es muy frecuente.  De todos modos con los datos que voy a aportar en este post, espero que nadie se pierda.

El encinar situado al sur de Santa Lucía, al otro lado de su profundo barranco, es un espacio semisalvaje que desde que lo conocemos me ha dado siempre la sensación de que fuera cerrándose y haciéndose cada vez más inaccesible. Angel, el viejo pastor del pueblo, me contaba que todo ese gran faldón del monte había estado cultivado cuando él era niño y en los primeros años de vida en la casa que allí nos hicimos, el paso mismo del barranco estuvo impracticable. Cuando hace años lo arreglaron exploramos el camino para subir directamente al Cabi Monteros, pero como el final de la excursión por el largo camino de coches que sale desde La Villa es bastante feo, no lo he contado aún en este blog. En poco más de un año el paso se lo llevó el agua y el camino se erosionó y lo deterioraron las vacas, de modo que pronto nos dejó de atraer el andar por él. Este comienzo de año, sin embargo, como lo hemos encontrado bastante limpio hemos paseado por él dos o tres veces hasta decidirnos a completar toda la vuelta con paso por La Villa. Así pues, la excursión tiene tres tramos bien definidos: el primero es la ascensión hasta el nacedero del ramal sur del barranco. El segundo consiste en llegar hasta La Villa ladeando. Y el tercero es el descenso desde La Villa a Santa Lucía por el camino que baja junto al ramal norte del barranco, camino que también se ha visto muy mejorado últimamente. Visto desde Santa Lucía este sería el itinerario completo, haciéndolo en sentido contrario a las agujas del reloj:



Y este el estupendo perfil que dibuja google earth una vez que has trazado el itinerario:



Pero vamos ya con nuestras propias fotos para entrar en ambiente. Para empezar, la del punto de salida, es decir, nuestra propia casa.



Justo a la derecha de la puerta sale el camino en dirección al barranco. Se baja cien metros, se bordea por encima de los farallones erosionados



Y se cruza el torrente... casi siempre sin agua:



Estas dos fotos están hechas mirando hacia atrás, claro. Una vez cruzado el barranco el camino se interna en el encinar y no tiene más misterio que seguirlo recto. Esta sería la imagen de google earth de este primer tramo mirando hacia atrás:



Y esta la imagen real de la marcha ascendente por el encinar:



A mano derecha se pasa por una casa abandonada y una caseta de toma de aguas, y a los 40 min. de marcha, aproximadamente, el camino sale del encinar, se avista hacia atrás Santa Lucía



y a la izquierda La Villa.



Se cruza una valla para el ganado



Se sigue hacia delante por un tramo algo abierto



Y enseguida nos internamos en el robledal


para llegar en diez minutos más a un camino más ancho y al fondo mismo del barranco donde hay un abrevadero.



Como dice el perfil de google, 3 kms exactos a ese punto y una hora escasa de ascensión (a la marchita de Rosalía..., 50 minutos).

Ahora viene la parte más delicada del recorrido por lo que vuelvo al google earth y a marcar el recorrido con puntos amarillos.



En vez de seguir el aburrido camino hacia La Villa, hay una senda que sale justo donde el abrevadero a la izquierda y que baja ladeando hacia un cortafuegos (hay unas marcas amarillas que a pesar de estar borradas aún pueden seguirse para no perderse). Se cruza el cortafuegos, se pasa otra valla para el ganado (pésimamente diseñada porque tiene alambre de espino y es estrechísima) y se ladea por un sendero no muy claro pero que no tiene pérdida porque La Villa siempre está al frente


y mientras se recorre el sendero, se disfruta del gran barranco a la izquierda, con Santa Lucía al fondo.



Lo más penoso del recorrido es la propia llegada a La Villa con el barranco lleno de suciedad y un panorama arquitectónico bastante desolador.



Una cervecita en el Hogar del Jubilado de la Villa sirve para coger ánimos, aunque el camino de descenso hacia Santa Lucía no los necesita pues es bien alegre



Y la última foto, una vez más, mirando hacia atrás para hacernos una idea del tercer y último tramo del recorrido:



Son 7 kms en total; dos horas o dos horas y media (si se incluye la cervecita en La Villa. 
A ver si nos vemos por allí.

(Recorrido hecho los días 2 y 6 de enero del 2011 con Rosalía)
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lunes, 1 de noviembre de 2010

63. PUIGMALE, 2910. (8k 1.000+) Monasterio de Nuria Gerona.

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Hace tiempo que tenía ganas de conocer ese escondido rincón del pirineo oriental que es el valle de Nuria, y para ello nada mejor que planear una subida al gran Puigmale, un monte orondo y muy concurrido, pero casi un tres mil. Invité a compartir la subida un gran conocedor de la zona, mi amigo Carlos Lloret, con quien el año pasado intentamos el Mont Valier (ver post  42). Esta vez el objetivo parecía más sencillo y todo salió a pedir de boca.

La foto de presentación está hecha al salir de Ripoll subiendo a Ribas de Freser. La gran mole que se ve al fondo del valle es el Puigmale.

La carretera se acaba en Queralb y ahí comienza uno de los grandes atractivos de la excursión: el de coger el viejo tren cremallera que sube a Nuria y que protege a ese rincón de la presencia de automóviles. Sin embargo, desde el mismo Queralb sube una larguísima pista en zig zag, que en algún tiempo se pensó como carretera al Monasterio pero que muere cuando alcanza una cota similar a Nuria y que se queda sin adentrarse en el valle. Muchos montañeros hacen esta excursión como un circuito: dejan el coche al final de la pista, suben al Puigmale, bajan a Nuria, y regresan por un largo sendero prácticamente a nivel  hasta donde han dejado el coche. Carlos lo planeó al revés, durmiendo en Nuria, como era mi ilusión, pero dejando el día anterior uno de nuestros coches al final de la pista para no tener que hacer el sendero de regreso a Nuria ni esperar al tren para bajar. Lo mejor de esa opción es que la hace mucha menos gente y que como vamos a ver, desde Nuria subimos tranquilos y prácticamente solos.

Esta es la imagen en relieve de Google Earth, con la subida (la de atrás) y bajada (la de delante) marcadas en rojo por el GPS:



Y este es el momento, a las 7 en punto de la mañana del día 28 de agosto del 2010, Monasterio de Nuria, 1940 m., en que Rosalía, Carlos, sus dos hijos (Juan y Carlos), y el que hace la foto, emprendemos la ascensión:


Con la fresca se sube de maravilla y enseguida se gana altura. Volviendo la mirada atrás antes de que salga el sol puede verse ahí abajo la pequeña hondonada de tan recoleto lugar y  las instalaciones de su estación de esquí:


El sol hace su aparición a mitad de camino, justo cuando cruzamos al lado derecho (orilla izquierda) de ese arroyo que baja de la cumbre que se ve al fondo. El sendero sube por esa especie de arañazos que se ven a la derecha de la pirámide final. En este punto eran las 8 y el GPS indicaba que habíamos hecho dos kilómetros y medio.


Un poco más adelante el sendero se empina, se pasa de los 2.500 m  y el suelo adquiere las características de la alta montaña. Pusimos un paso cadencioso y fuimos ganando altura hasta avistar la cumbre, a la que llegamos en 2 horas y media. Estas tres fotos lo cuentan mejor que nada:




Por el otro sendero la gente subía en procesión y la cumbre empezó a tener aires de plaza de pueblo, así que nos bajamos a tomar el almuerzo a unos pequeños refugios hechos con piedras (el viento soplaba fuerte y a esas alturas, ya otoñal) y tras una hora de vivir en las alturas iniciamos el regreso.


Por este lado hay un par de rampas muy duras y en una de ellas me di la vuelta para fotografiar al reguero de gente que subía por ella:


La verdad es que tienen una pendiente bastante impresionante, pero hay que alejarse un poco de ellas para apreciarlo mejor:


Debe ser cosa de la perspectiva o del ánimo, pero la mayoría de los montes me parecen muchos más grandes y duros cuando los bajo que cuando los subo. La imagen del Puigmale por el lado sur asusta bastante, pero como el GPS no engaña, te das cuenta de que el punto del aparcamiento dista de la cima casi lo mismo que el Monasterio de Nuria y que ambos están prácticamente a la misma altura. En todo caso y como es bajada, el descenso por este lado lo hicimos en una hora y cincuenta minutos sin prisa alguna.Y Carlos, que baja con mucha tranquilidad, lo hizo en media hora más, pero casi mejor, porque es un terreno como para solazarse en él. O aún mejor, para... bajarlo en invierno con nieve. Tiene que ser una gozada hacer este recorrido con esquís de travesía. 


Y para acabar, como siempre, foto a la guapa de la excursión con los pelos alborotados por el viento. 
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domingo, 24 de octubre de 2010

62. VUELTA A LAS TRES CIMAS DE LAVAREDO (6k 200+) Dolomitas, Italia.



Dormir en los refugios de Lavaredo para un montañero es como meterse en el vestuario del Real Madrid para un aficionado al fútbol. Te codeas sin querer con la crema y nata de la escalada a nivel mundial. Cenas escuchando como una pareja estudia los pasos de la dificilísima vía de escalada de mañana o desayunas viendo como tipos todo hechos de fibra van ordenando el material de cuerdas y fisureros. Pero esa cercanía a la élite tiene obviamente un pago: el de no estar solos. Las tres cimas de Lavaredo, al menos en verano, son casi un parque temático, un resort turístico, una procesión de coches y gentes de todo tipo. Por ello, el primer acontecimiento maravilloso de nuestra excursión fue conseguir una habitación doble en el Refugio de Auronzo en pleno agosto y con sólo una semana de antelación. Habíamos planificado la visita a Lavaredo en nuestro retorno desde Baviera a casa por Italia, pero no me podía ni imaginar que fueramos a tener tanta suerte. ¡Hasta la telefonista del refugio hablaba español!

En la red habíamos leído varias reseñas de esta sencilla excursión pero como cada uno la vive y cuenta a su manera, la nuestra no estará de más. Todos los relatos coinciden en las maravillas del lugar pero todos difieren en la parte organizativa. Lo que está claro (y de ahí nuestra suerte) es que para dar la vuelta a las torres no es necesario dormir en refugio alguno porque la excursión se hace en menos de dos horas, pero la ventaja de hacerlo como la hicimos ¡es poder darla sin gente!

Como todo el mundo cuenta, el acceso más conocido a las torres de Lavaredo es el de una carretera de peaje de 6 kms de largo que parte del Lago de Misurina a 1793 m y llega al Refugio Auronzo a 2.320 m. El desnivel es brutal y como dicen muchos, el peaje también: 20€. Pero lo más hiriente del lugar es con mucho el caótico y desparramado parking junto al refugio, con parada de autobuses inclusive.  Como nosotros llegábamos por la tarde, nos cruzamos con un rosario de coches que bajaba de pasar el día arriba y no tuvimos problema alguno en aparcar junto al refugio, situado, como puede verse en el mapa que pongo más abajo, en la cara sur de las tres cimas. Los senderos que por ambos lados llegaban al refugio vomitaban gente como si fueran salidas del Metro, pero poco a poco aquello se iba quedando en calma. Preguntamos cuánto costaba dar la vuelta y nos dijeron que unas tres horas. Como eran las cinco y media de la tarde y la cena en el refugio la daban a las siete y media nos animamos a ir cuando menos hasta el collado oriental, o collado Lavaredo, para ver la cara norte de las tres torres con la luz del atardecer. Y este es el reportaje fotográfico:

Mientras se dejan las torres a la izquierda lo primero que llama la atención son los otros macizos de la zona, erizados de bellísimas agujas de piedra, como este llamado Grupo de Cadini (que luego nos tocaría en suerte enfrente de la ventana de nuestra habitación, por lo que lo vimos con todas las luces posibles).



Yendo por el sendero hacia el refugio Lavaredo (a la izquierda en la foto), nos cautivó el paredón del fondo, llamado Monte Paterno, o Paternkoffel, pues en la zona casi todo es bilingüe por la proximidad con Austria.



Pero mirando hacia la izquierda, es decir, a la parte trasera o sur de las famosas torres, el panorama de agujas es espectacular.



Y forzando un poco la mirada, descubrimos a unos escaladores que estaban haciendo sus últimos largos en una de las más aéreas (la he puesto en la máxima definición para que ampliándola se pueda ver el jersey rojo de uno de ellos):



Tras llegar al collado en menos de cincuenta minutos aún bajamos un poco al lado norte para mejorar la perspectiva y la iluminación pues a las seis de la tarde teníamos el sol prácticamente de frente y las paredes de las torres a contraluz. En una las lomas cercanas al sendero vimos a un tipo con un trípode y maletín lleno de objetivos y le pedimos que nos hiciera una foto a los dos con mi cámara. Nos aseguró que íbamos a tener una foto hecha por un profesional pero..., bueno, el resultado creo yo que no es para tanto, ja ja ja. Estos italianos..., por presumir que no quede. 



Al margen de fotos, lo que está por contar es que regresamos al refugio, disfrutamos de la noche, y tras el desayuno de las 7 (un poco tarde ya) salimos a hacer la vuelta completa antes de que subieran del valle las caravanas de coches. Pongo aquí el mapa del recorrido para que orientar a los que quieran ir.



Igual que el día anterior por la tarde, salimos del Refugio Auronzo por el sendero 101 pero con distinta luz y esta es la vista del refugio Auronzo y el sendero con el sol de amanecer.



La foto de arriba, la de la presentación de esta entrada, la hice en el collado Lavaredo a eso de las 8 de la mañana. El sendero “oficial” desciende hacia el norte para ir hasta el refugio Locatelli (sendero 105) pero nosotros preferimos aventurarnos por el que va justo debajo de las paredes que está marcado con una línea negra a trazos y  recorrer con la mirada los increíbles muros de piedra para descubrir en ellos a los valerosos escaladores que las desafían  Y así, en el costado de la gran torre central, la más alta, capté la imagen de estas dos o tres cordadas:



Mientras que en la mismísima pared había no menos de diez tíos metidos a los que se les oía mejor que se les veía (también he puesto estas fotos en el máximo tamaño para poder compartir la emoción de su aventura):



Por lo que respecta a nuestro paseo hay que decir que el sendero que escogimos no es precisamente “de paseo” pues en su zona central la pedrera es enorme y hay que seguir los cahires para no perderse o descalabrarse




En la tercera de las torres, a la derecha de ese escalofriante extraplomado había también una cordada con más de media pared recorrida (¿a qué hora habrían empezado?) y un tío debajo que la subía en solitario:



Como decía al comienzo de esta entrada, sólo de verles tan cerca te pone el corazón en un puño y... el cuello a punto de  torticolis porque entre la grandiosidad de la pared y la de la emoción de su osadía no puedes dejar de mirar hacia la izquierda. Por suerte, pasada la tercera torre el sendero se hace más suave ya todo es un paseo hasta el collado de Medo,



y luego, hasta el refugio. La vuelta por este sendero nos costó 2 horas 10 minutos, incluídas las numerosas paradas para la contemplación y las fotos, así que a las 10, cuando el parking empezaba a llenarse de coches y gente, nosotros estábamos ya listos para huir de allí con el mejor de los sabores: el de haberlo hecho de la mejor de las formas posibles para disfrutar del lugar en relativa soledad.

Realizada el 22 y 23 de agosto del 2010 con Rosalía.
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jueves, 7 de octubre de 2010

61. EL ZUGSPITZE, 2962 m. Pequeño paseo por los restos de su glaciar

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Hace un par de años, veraneando junto al Lago Constanza, me planteé acercarme a conocer la “gran montaña” de Alemania, su cima más elevada, el Zugspitze. Si no lo hice fue porque las carreteras que bordean el Bodensee tenían un tráfico tremendo y no pocos atascos, así que temía perder mucho tiempo. Pero este año, pasando el verano a cuatro pasos de Garmish-Parterkichen, a poco de llegar allí nos acercamos a verlo. Bueno, a intentar verlo, porque el tiempo lluvioso de todo el mes de agosto hizo casi imposible la empresa. Los farallones de roca que se ven desde Garmish son verdaderamente grandiosos


y la gran muralla de roca que se ve desde el Eibsee en Grinau (un poco más al Oeste de Garmisch), es preciosa



pero con el tiempo que hacía, la cima estaba casi siempre cubierta de nubes.

Como el macizo de Zugspitze es la gran atracción turística de la zona y el turismo interior en Alemania es diez veces superior a cualquier turismo razonable, todo el entorno de Zugspitze es una verdadera feria. Por todo ello, entre lo complicado que era aparcar en cualquier parte, lo larguísimo que es cualquier acercamiento montañero a la cumbre, la dificultad del idioma para hacer gestiones en los posibles refugios, y el clima lluvioso al que he hecho alusión, aceptamos la derrota montañera y optamos por ser unos turistas más subiendo a verlo en el funicular cuando el tiempo lo permitiera. Y eso fue el 14 de agosto, ¡once días después de haber llegado allí! y... cuando las hijas ya se habían ido.

El poder de la ingeniería alemana sobre la montaña consiste en llevarte hasta la misma cima y por el lado más corto, es decir, el más vertical.


Para llegar a la cruz que señaliza la cumbre hay que sortear una vía ferrata llena de gente,



así que, bastante avergonzados ya con haber subido tan alto sin otro esfuerzo que el de pagar el billete, preferimos asomarnos al “plateau” del viejo glaciar y bajar al mismo (en otro funicular) para hacer un pequeño recorrido por los restos de hielo que quedan.




Los numerosos folletos turísticos que dan por todas partes (foto de arriba) pintan ese “plateau” nevado como si se tratase de un verdadero glaciar, y la verdad es que con la altura que tiene el monte, la latitud a la que está y la forma en corona abierta hacia el Este (muy parecida a la del Vignemale) se podría esperar que allí hubiera una grandiosa explanada blanca, pero nada más lejos de ello. Grande sí que es, pero en su mayoría pedregosa. Es decir, poco premio para quien elija subirlo por el larguísimo camino del valle del Reintal o “vía normal”.

Como decía, nosotros bajamos al "plateau" y aunque no teníamos crampones para andar por el hielo ni piolet para apoyarnos, no tuvimos mayor dificultad en dar la vuelta al pequeño glaciar sobre el que apoyan los postes de unos telesquís.





En la parte superior del glaciar nos asomamos a las paredes del lado austriaco pero las nubes llegaban justo hasta el mismo borde rocoso



En el descenso había que andar con cuidado de no darse una buena culetada sobre el hielo, así que fuimos andando hacia la roca completando el periplo en una hora poco más o menos.



Pongo también una vista general del pequeño glaciar, hecha desde la estación del funicular del “plateau”



y una singular imagen del “fuego” que ardía en la cafetería de dicha estación..., que por si sola habla del despropósito montañero de la jornada.



Yo creo que lo mejor del macizo del Zugspitze tienen que ser las mil y una vías de escalada que habrá en sus innumerables paredes, pero ese es un mundo que se nos escapa. Así que por volver a los orígenes de este blog, con el que trataba de acercarme a las montañas como maravillosas arquitecturas de la tierra, me atrevería a decir que la mejor forma de contemplarlo puede ser la que nos brinda Google Earth con la herramienta de relieve puesta. Puestos a depender de las máquinas y a no recomendar repetir nuestra experiencia, yo invitaría al lector que quisiera recorrer su fisonomía a hacerlo con tan estupendo invento. Y estas tres imágenes pueden ser una buena muestra.