sábado, 27 de agosto de 2011

74. LAS GRANDES MONTAÑAS DE OREGON, USA


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No todo va a ser aquí subir montañas. He de recordar que este blog nació bajo el título de “montañas y arquitectura”, pues de lo que se trataba en un principio es de admirar su belleza como grandes edificios de la Naturaleza. El hecho de conocerlas, nombrarlas, contemplarlas y hasta acercarme a ellas ya les da derecho a estar aquí. Sobre todo, porque..., a medida que pasan los años y... vienen los achaques, ay, cada vez van a ser mucho más objeto de admiración que territorio deportivo.

Bueno, pues es el caso que tras los modestísimos paseítos primaverales por los alrededores de la Sierra de la Hez en el Valle de Ocón, este verano nos hemos acercado a las grandes Montañas Rocosas del Noroeste americano en el estado de Oregón, y aunque nuestra intención no era subir a ellas (más de un día nos hemos quedado con las ganas), no me quedo contento si no les hago una reseña.

Como apenas preparé el viaje de antemano, la única montaña de la que había oído hablar o ver alguna foto, era el Monte Hood de 11.239 pies (o lo que es lo mismo, 3.425 m), más que nada por lo curiosa que resultaba su altitud y soledad, producto evidente de su origen volcánico. Pues bien, en cuanto el avión se acercaba a Portland (procedente de Dallas), allá que lo vimos por las ventanas de la derecha le hicimos unas fotos en las que aparece como un blanco Fuji Mori emergiendo majestuoso de entre los bosques y neblinas, a últimos días de julio.


Pero cuál no sería nuestra sorpresa cuando al avanzar un poco más el avión, pudimos ver que nuestro gigante Hood se quedaba pequeño ante otra gran montaña aislada que se alzaba por el Norte más allá del río Columbia, en el vecino estado de Washington: el Monte Adams de 3.742 mts.



No paró ahí nuestro entusiasmo descubridor pues bajando ya al aeropuerto de Portland aún apareció en lontananza y al Oeste del Adams otra gran montaña blanca, algo más chaparra que las anteriores, pero más oronda, como corresponde a la configuración de un gran cráter volcánico: el Monte Helen (de 2.550 mts) cuya última gran erupción acaeció en 1980.

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En el trayecto en autobús hacia nuestro destino en Eugene, ciento y pico kilómetros más al sur de Portland, aún pudimos ver algunos otros picos blancos que emergían por encima de las montañas boscosas que cierran por el Este la amplia llanura del valle del río Willamette, por lo que, aparte de declararnos como unos absolutos ignorantes en la zona y faltos de estudios previos de la misma, nos alegramos por lo mucho que íbamos a tener por descubrir en las semanas de vacaciones que teníamos por delante.

Y así fue. Al poco de estar instalados en Eugene, salimos río Mackenzie arriba hasta el paso del mismo nombre, desde el que pudimos contemplar la grandeza del conjunto de las Sisters, tres picos encadenados en cordal norte sur de 10.085, 10.047 y 10.358 pies de altura respectivamente, o en metros, 3.072, 3.62 y 3.157. Desde el paso Mackenzie solo se ven las dos más septentrionales...:



... por lo que pongo también aquí la foto que les hice desde las grandes praderas de entre Bend y Sister (pueblo) en la que se vean las tres:



Más al Este de la Sister Sur aún puede verse otra montaña más baja pero aún nevada que lleva el nombre de su fisonomía, el Broken Top, o Cima Rota. Es decir, un volcán que, como otro que veremos más adelante, debió de estallar en un día malo y quedar como una ruina.



Pero los felices hallazgos no se acababan ahí ¡ni mucho menos!, pues mirando desde el paso Mackenzie hacia el Oeste y por encima de un petrificado mar de lava se alzaba  una hermosa roca que lleva por nombre Mt Washington, no muy alta (7.794 pies/ 2.375 mts) pero sí muy altiva



Con el Mt Washington hay la suerte de poder verlo por su cara Oeste desde el paso de Santiam, así que ahí va otro foto suya.



Sorpresa tras sorpresa, tras descubrir el Mt Washington vimos hacia el norte y atrás otra gran montaña nevada que supusimos que era el consabido Mt Hood, pero mira por donde que era otra nueva y gran montaña aislada e intermedia, llamada Mt Jefferson de nada menos que 10.497 feet., es decir, 3.199 mts.



La segunda incursión que hicimos por entre las montañas que tanto debió costar pasar a las caravanas de carretas de se dirigían hacia el Oeste en el siglo XIX, fue río Umpqua arriba, excursión que tenía como objeto visitar el Crater Lake, otra gran montaña llamada Mazama, probablemente la más grande y alta de todas, que voló por los aires en una gran explosión volcánica sucedida hace unos 6.850 años.

Pues bien, poco antes de llegar a dicho lugar, aún descubrimos otros tres nevados más: el desafiante Mt Thielsen de 9182 feet (2.798 m)



el más amable Mt Bailey (8.363 mt / 2.549):



....ambos a uno y otro lado del Diamond Lake, y finalmente el Diamond Peak (8744 feet/ 2.665 mts) algo más escondido entre lagos y cadenas montañosas. La foto que muestro está tomada desde el Odell Lake.



Pero como decía, la excursión tenía como objeto la visita al famoso Crater Lake o difunto Mt Mazama...



...que lo más que dejó en pie fue al lateral Mt Scott de 8.929 feet / 2.721 mt cuya conquista hubiera sido sencillísima a poco que nos hubiéramos provisto de unas botas y unos crampones para subir por un sendero bien señalizado.



Sin embargo y como se va viendo, lo nuestro en este viaje no era la conquista sino la exploración, y por ello celebramos encontrar allí mismo este sencillo dibujo en que aparecen uno a uno los montes que íbamos fotografiando y que aquí cuento.



Desde el mirador donde estaba ese croquis había este otro dibujillo localizador de los otros dos picos más al sur, el McLouglin y el Shasta. 



A fe que la puntita de éste último, situada en 4.322 mts (la segunda más alta de todas las rocosas solo sesenta metros por debajo del septentrional Mt Ranier), se veía desde allí, aunque con la foto que le hice con mi elemental cámara sea difícil de creer.



Completamos toda esta primaria exploración con una visita en toda regla al Monte Hood y su no menos famoso Hotel Timberline Logde (el de la película El Resplandor) y un par de paseos en él: el de la foto de presentación de esta entrada, por el extraordinario Pacific Crest Scenic Trail, del que hablaré otro día, y uno a última hora de la tarde hacia la nieve de la cara Oeste donde la estación de esquí aún estaba en funcionamiento a mediados de agosto.



De regreso a casa, nos volvió a tocar ventanilla a la derecha del avión, por lo que a diferencia de la ida, esta vez pudimos ver bien el Monte Jefferson en primer plano, y al fondo, las Sisters



Ahora tocaría ya la conquista de alguno o varios de ellos ¿verdad? Pero..., ay, quedan un poco lejos y... quizás andemos ya un poco viejos para ello.
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jueves, 23 de junio de 2011

73. LAS ANTENAS 1.110 m (5,5k 300+) Las Ruedas de Ocón. La Rioja

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Cuando llegamos a Las Ruedas de Ocón en la última excursión de marzo, vimos encima del pueblo una especie de proa del monte perfectamente marcada por unas antenas y un marcado camino que subía hacia ellas, es decir, un mirador excepcional sobre todo el valle de Ocón desde el que poder recrear con la mirada todos los paseos realizados este invierno por la zona. Y aunque nos hayamos retrasado un poco en llegar hasta él, el pasado 19 de junio encontramos la ocasión.

Para no liarnos con los caminos hice una visita a Google Earth y esto es lo que me ofreció entre las Ruedas y el punto rojo que marca el emplazamiento de las antenas:


A la vista de lo cual hay que elegir entre subir directamente por el camino que ladea y luego tomar la directa por el monte, o dar la vuelta por la pista que llega hasta los molinos. Parecía mucho más atractiva la primera opción pero nosotros elegimos la segunda, más que nada por los problemas de columna/pierna de mi compa. Eso sí, una vez arriba, nos animamos a bajar por la vía directa. Este el recorrido que nos grabó el GPS, al que he añadido las flechas del sentido de nuestra marcha:


Subiendo no parece que le afectara mucho a la pierna de mi socia porque lo hicimos en 45 minutos. El GPS marcaba 3 kms escasos. El desnivel es de unos 300 mts (850 en Las Ruedas, 1150 en los molinos y algo menos en las antenas). Y ahora las fotos y una pequeña descripción del recorrido.


El camino por el que se empieza es la gran pista del fondo del barranco de Las Ruedas que no sale del mismo  pueblo, sino al comienzo del camino entre Las Ruedas y La Villa. Como nosotros dejamos el coche junto a la iglesia de Las Ruedas dudamos de subir por el viejo sendero del barranco pero un lugareño nos dijo que estaba sucio y que mejor lo cogiéramos cruzando por entre las casas hacia el Oeste. Las primeras dudas las recoge muy bien la línea roja del GPS. Dejamos a la derecha el camino de regreso y nos adentramos en el barranco hasta un lugar muy bien acondicionado para picnics veraniegos:


Allí mismo se toma el ramal que sube hacia las antenas que como es pista y tiene una pendiente muy pronunciada, no es muy bonito que digamos. Será por eso que Rosalía corría tanto. 


En seguida se pone uno casi debajo de las antenas pero el monte está bastante cerrado (mucho más de lo que parece en la foto aérea de GE) y no hay forma de llegar directamente hasta ellas, así que hay que subir hasta casi llegar a los molinillos de Iberdrola y luego bajar por el lomo del monte hasta llegar a nuestro objetivo. 



Tal y como se puede uno imaginar viendo esta foto, el mirador sobre el valle es espectacular, y a diferencia de la cima de Cabi Monteros, la escasa vegetación forestal no dificulta el disfrute de las amplias perspectivas. . 


Como la ascensión había sido tan rápida ni nos paramos a descansar y Rosalía tiró para abajo por la vía directa, que no tiene sendero pero que no está muy sucia aún y que como se puede ver en esta foto tiene una pendiente considerable.


Lo bonito de este descenso es que parece caer directamente a Las Ruedas:


No es así, claro. una vez que bajamos este tramo tan pronunciado, pasamos una valla de ganado y llegamos al viejo camino alto entre Las Ruedas y La Villa, giramos noventa grados a la derecha y regresamos por él hasta la pista de subida. Pongo aquí una foto del mismo para apreciar la diferencia que hay entre ir por un amable camino y una árida pista...:


Aunque en este tipo de caminos rurales siempre te puedes llevar la sorpresa de que algún tractorista salvaje lo  desdibuje a mitad de temporada y lo puedas llegar a perder. 


Y como era domingo y estaba abierto, en el bar del pueblo, situado entre la iglesia y la casa rural, nos tomamos unas cervezas con Juan José, amable y simpático encargado del mismo. 

Queda por decidir si esta pequeña excursión la consideramos paseo o monte. Hombre, entre subir y bajar sólo nos costó hora y media, pero claro está, trescientos metros de desnivel ya es un puntito montañero. Lo llamaremos "ascensión" y ni pa tí ni pa mi. 
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lunes, 18 de abril de 2011

72. DE ALDEALOBOS A CARBONERA (10,5k 250+). La Rioja

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El "quinto" de los paseos por el Valle de Ocón no podía salir malo. Fijamos el punto de salida en Aldealobos; el destino, llegar a Carbonera; y la vuelta por los Corrales de San Julián y Oteruelo. Diez kilómetros y medio que nos llevaron exactamente dos horas y media. El circuito tal y como lo grabó el GPS y lo muestra Google earth, es como lo vemos arriba, con el Norte en la parte superior. Pero a mi me gusta ver el mapa al revés, con la montaña arriba, así que le doy media vuelta para ir contando los detalles de cada tramo e ir ilustrándolo con fotos.


Vale, ahora me gusta más, je je. Como digo, salimos de Aldealobos, en la parte inferior derecha y nos dirigimos hacia el Este por el llamado camino de Tudelilla y lo primero que admiramos a nuestra derecha es la hermosa silueta de Oteruelo debajo de las faldas de la Sierra (la pongo en definición suficiente para ser fondo de pantalla de la semana).


El camino sigue más o menos recto por debajo de una impresionante finca vallada de cerezos, cruza el fondo del viejo y seco barranco de San Julián (el agua se lo quedan las estancas que han hecho arriba para regar los cerezos) y asciende por la ladera que cierra el valle de Ocón. Cuando empezamos a ganar altura me doy la vuelta para hacer una foto de la gran  finca de cerezos (detrás de ella se ve Oteruelo) y del gran espacio en falda del valle de Ocón con el castillo de la Villa cerrándolo por el Oeste.


Si os fijais bien en la imagen de google earth veréis que a mitad de esta subida hay un viejo camino que ataja y que nos evitaría dar la vuelta en V que hicimos nosotros. En cualquier caso no hay pérdida al llegar arriba, porque ya se intuye que si queremos ir hacia Carbonera hay que dejar el camino que baja a Tudelilla, girar en dirección a la Sierra, y cruzar el encinar.


Cuando el GPS marcaba poco más de tres km recorridos llegamos a un collado desde el que se avista la iglesia y algunas casas de Carbonera. Momento bonito, claro está.


Hay que bajar un poco para cruzar el fondo de uno de los últimos barrancos Sur/Norte de la Sierra cuyas aguas salen ya por Tudelilla, dejar a mano derecha el camino que tomaremos luego para el regreso, y en un kilómetro más de marcha estamos ya en Carbonera, que es un aldea semiabandonada de una sola calle en ladera que da la espalda al noroeste.


Nos llegamos hasta la iglesia y nos asomamos a las eras que tiene detrás para contemplar el valle que baja a Tudelilla y, de paso, hacernos amigos de dos parejas de San Sebastián y un chico de Tudelilla que habían elegido el mismo día y momento que nosotros para contemplar el paisaje desde allí:


Como no conocían apenas el Valle de Ocón les dimos la dirección de este blog para que se animasen a hacer alguno de los cinco paseos que llevamos descritos este invierno (los recuerdo por orden: 1) el barranco de Santa Lucía, 2) el monte de la Mata de Galilea, 3) el cerro de los Barrancos, 4) el balcón central del valle, y 5) esta vuelta por su extremo oriental).

El regreso lo hacemos por el camino en balcón que nos lleva a los corrales de San Julián. Para ello, primero desandamos un poco el camino de llegada y giramos hacia el Oeste para alcanzar el collado que separa el valle de Tudelilla del Valle de Ocón dejando Carbonera abajo:


Justo en este tramo se contempla una de las vistas más emotivas del recorrido. Si miramos a mano izquierda, hacia la sierra, vemos un largo barranco que no tiene ni camino ni construcción alguna. Dios lo guarde muchos años:



Pongo también su foto a gran tamaño para que nos descanse un poco la vista en la pantalla del ordenador, y seguimos para delante. Al llegar al collado volvemos a disfrutar de la amplia perspectiva del valle de Ocón, con la finca a nuestros pies, sus balsas de riego encima (ay, qué feas) y Aldealobos a la derecha.


El camino en balcón hasta los Corrales de San Julián es una gozada y no tiene mayor misterio. El descenso hacia Oteruelo lo hicimos por el viejo camino que discurre junto a su barranco, que está bastante abandonado y que en cuanto crezcan unas zarzas más se hará intransitable. Debió de ser en sus tiempos una cadena de pequeñas choperas muy bonitas cuando los habitantes y animales de Oteruelo le darían vida.


Al paso por Oteruelo hice una foto del cartel explicativo del abandono del pueblo, que para estar en sintonía con el lugar, también se ha abandonado a sí mismo:


Para bajar a Aldealobos hay un par de caminos, uno muy poco marcado que es continuación del que llevábamos y otro un poco más al Este que nos pareció más claro. Escogimos este último para recordar la piña que se pegó Rosalía por culpa de su firme de piedras gordas cuando lo exploramos por primera vez con nuestras recién estrenadas bicis de montaña..., ja ja ja, hace de eso ya... ¡unos cuantos años! Busco las fotos por los álbumes de 1994 y las pongo luego de recuerdo.


El regreso por esta ruta es un poco más larga que la ida. El GPS marcaba al llegar 6,5 kms al punto donde teníamos el coche, y el reloj, una hora y media.

El paseo lo completamos con un vermut en El Redal, donde saludamos a Angel Sainz de Azuelo, y otro en Corera donde nos encontramos a Agustín Yécora que nos enseñó la última adquisición para su colección de coches antiguos: un precioso Thunderbird blanco de 1957. Y claro está, le hice posar para poner aquí la foto


Si en los paseos por los caminos desiertos del valle entramos en íntima comunión con su naturaleza, en los vermuts de los domingos disfrutamos bien a gusto de la vidilla de la gente de sus pueblos, y de quienes acuden a ellos los fines de semana. Los bares a esa hora parece como si estuvieran de fiesta. Es una gozada completar el paseo con este otro tipo de visitas. La guinda del pastel. O el perejil de Arguiñano.
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Y aquí están las prometidas fotos de 1994. Rosalía a su paso por Oteruelo, cuando el pueblo parecía entonces mucho más entero, más recuperable que ahora,


Y llegando a Aldealobos después de haberse dado una culada por tropezar con una piedra del camino e irse con la bici al suelo. Eso sí, la sonrisa no se pierde nunca:

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