jueves, 14 de agosto de 2014

162. LA COLLARADA, 2.883 m (1200+) Desde La Espata



Esta gran montaña que preside la entrada a los Pirineos desde Jaca ha sido durante toda mi vida como un gran sueño incumplido. Antes incluso de verla e identificarla, le oí hablar de ella a Chuchi de Galdácano, el de Cianoplán, mi primer mentor en cosas de montañismo. A finales de los ochenta había realizado su ascensión desde Canfranc vivaqueando en los barracones de los constructores del emblase de Ip, y me habló con tal entusiasmo de lo que le había reportado su aventura que ya nunca se me olvidaría. Este invierno nos acercamos a ella con raquetas (v Montes 144) y empecé a planificar su ascensión para el verano pensando en un vivac y un baño posterior en alguna poza del río, e invitando a todo ello a María Belmonte y a un viejo amigo del Sherpa, el Buri. Elegí como fecha el fin de semana más próximo al 16 de julio, que parece que nos da suerte, pero al final la expedición se quedó reducida a Rosalía y a mí, taxi-Land Rover hasta la Espata y nada de vivac, que la espalda de mi colega no está para esos trotes. Los blogs están llenos de relatos y fotos de las rutas y ascensiones a esta montaña, así que poco voy a añadir yo salvo los comentarios más personales y por supuesto, nuestras fotos de recuerdo.


El Land Rover que tiene dispuesto la Oficina de Turismo de Villanúa para no dejar que los coches suban por la pista hasta los dos mal llamados refugios de la Espata y la Trapa (ya vimos en la primera inspección que dormir en este último era hacerlo entre basura...), suele salir a las 7 de la mañana, pero si les pides que te suban a las 6, también lo hacen pues el chófer, Pablo, es muy amable. Cobran 10 euros por persona y afortunadamente no me sentí culpable de la poca rentabilidad del viaje y del madrugón de Pablo pues cuando nos llegamos a la Oficina de Turismo donde habíamos quedado, había otros dos montañeros más.  El tiempo estaba así así y al salir del Hotel Lacasa, donde nos habíamos hospedado, nos cayeron unas pocas gotazas que no asustaron para nada a mi valiente socia (a mí sí...). Los compañeros de Land Rover habían decidido subir desde La Trapa en vez desde La Espata, así que a las seis y media en punto nos dejaron a nosotros dos solos y echamos a andar para arriba con las primeras luces del día siguiendo el track 1119471 de wikilok de xfer8850. 


El sendero llega enseguida a uno de lo únicos pasos entre las rocas de ese largo resalte que ofrece esta montaña en su vertiente sur y hay que echar las manos un poquito, pero nada del otro jueves. No lo sabíamos en ese momento, pero de regreso a Villanúa el dueño del bar de la plaza nos contó que en este tramo perdieron la vida hace cuatro años tres montañeros navarros sepultados por un alud (!).


Pasado el resalte rocoso te entra cierta impaciencia por ver ya la parte alta de La Collarada pero aún falta un rato de fuertes pendientes herbosas que te van llevando hacia el Noreste con algunas marcas en las rocas del sendero y unos grandes cahíres en torno a algún palo, un poco más arriba.


Esperando a ver La Collarada se empieza a disfrutar en cambio de las vistas hacia los laterales o hacia atrás:  al Sureste, Punta Espata y detrás el gran lomo del Bacún (foto de arriba); y hacia el Sur- Suroeste, la salida del valle del río Aragón con Villanúa debajo.


Los hitos están muy distanciados en este tramo, por lo que en caso de niebla es recomendable (obligatorio) guiarse por gps. Cuando esta pendiente semiherbosa llega hasta el borde lateral de lo que la toponimia aragonesa llama un "cubilar" (antiguo recipiente glaciar), aparecen al fin las siluetas rocosas de La Collarada (izquierda) y su vecina menor, la Collaradeta (derecha):


La belleza de este tramo creo que queda perfectamente reflejada en la foto de presentación de este post o en esta otra de arriba. No acababa de salir el sol pero tampoco se cubría mucho más, así que un poco más adelante, felices y contentos por nuestra progresión, avistamos el "paso de Abete", que está en ese cambio de color de roca de gris a marrón y en esa invisible línea en la que empieza la "alta montaña":


Excitados por lo bien que se iban poniendo las cosas subimos hasta él en un pispás y avistamos el otro "cubilar" al que hay ir dando la vuelta por la derecha hasta asomarse a las dos ventanas o collados de Ip con la cima rocosa de la Collarada a la izquierda. Extraordinario ambiente rocoso, solitario y desértico, de lo que puede llamarse ya "alta  montaña".


El viento soplaba fortísimo de sur y en la primera ventana a Ip salió la foto muy mal. Al pasar por la segunda tampoco salió mucho mejor pero es inevitable ponerla:


Más bonita quedó la que le hice a mi socia un poco más arriba sin miedo de que el viento me la tirase hasta el embalse.


Mi idea inicial era haber almorzado en ese collado, o cuando menos tomar alguna barrita energética antes de atacar la cumbre porque en otras ocasiones he llegado un poco desfallecido a los últimos metros, pero el fortísimo y molesto viento no nos daba tregua, y después de nuestras primeras experiencias en trepa y escalada, la roca del último tramo nos llamaba con más fuerza que nunca. Cuando llegamos a ella recogimos los bastones y echamos mano a la piedra con una alegría y una confianza tan inusuales en mí que se me olvidó el haber parado un poco y haber hecho alguna foto de ese bonito tramo algo más vertical. La única que os puedo mostrar es justo la de Rosalía cuando ya lo estaba superando. No tiene ninguna dificultad ni da ningún vértigo, así que nadie se asuste por la imagen que este tramo ofrece desde abajo (ver tres fotos antes) o por esta otra desde arriba:


Pasado ese resalte rocoso, llegamos a la cima a las 9:30, es decir, en tres horas justas desde La Espata.


El pequeño abrigo de rocas está pensado para los vientos del Norte y como las cimas me dan un poco de yuyu yo hubiera bajado un poco para almorzar, pero Rosalía se empeñó en sentarnos al otro lado del murete de piedras mirando a la pala de Ip y a fe que acertó.


Mirando al Midi y al Balaitús sacamos nuestros bocatas y la botellita de vino, y como estábamos más solos que la una (o que los dos) hasta nos hicimos una feísima foto selfish, ja ja ja (feísimo yo, claro):


En esas estábamos cuando del lado Oeste de la cima apareció un tipo pidiendo disculpas por interrumpir tan hermoso momento. Tantísima educación en estos tiempos nos dejó tan impresionados, o incluso conmovidos, que le invitamos rápidamente a sentarse con nosotros, beber nuestro vino y compartir conversación. César Fandos, arquitecto técnico y de Zaragoza. Un gusto conocerle. Tanto es así que nos animamos a bajar tras él (y tras otros dos montañeros rapidillos de los que están poco más de cinco minutos en la cumbre) por la ruta por donde habían subido, es decir, por la de la Trapa, haciendo una circular que no teníamos pensada.


Además de la compañía y la curiosidad por conocer este otro recorrido, debo decir que la pendiente de este primer tramo de descenso por roca en canal me pareció algo menos vertical y más fácil de destrepar que el del lado por donde habíamos subido, así que eso también contó en la decisión.


Viene luego el tramo más temido por muchos montañeros, el del gran canchal de piedra suelta donde Rosalía se dio (cosa rara, ay) una pequeña culada. Suele ser habitual que la pendiente se aprecie más en las fotos de arriba hacia abajo que en la de abajo hacia arriba, pero mira por donde que en este monte los efectos fotográficos son distintos y es mirando a la canal que habíamos bajado como se aprecia mejor la inclinación de esta pala.


A esta altura del descenso es obligado mirar hacia el Oeste y contemplar la extraordinaria zona de "el Campanar de la Collarada", esa meseta de roca marrón con un arco delante que parece un resto arquitectónico. Y de fondo, el Aspe y el Bisaurín.


Otro de los curiosos efectos fotográficos que observé mirando hacia atrás durante el descenso fue el de la perspectiva de la canal por la que habíamos bajado y es que a medida que te alejas de ella parece no ya un duro escollo...


... sino una pared casi imposible (!!) o por lo menos muy respetable.


Supongo que esa diferencia de perspectiva debe de impresionar a los que suben por este lado, claro que... mejor que la impresión de dificultad vaya de más a menos que no al revés, porque si no se le quitaban a uno las ganas de acercarse a esa roca tan lejana y gallarda.

Tampoco en esta parte del recorrido hay muchos cahíres o marcas y la pérdida o el extravío en caso de niebla puede dar algún mal rato. Llegados a la embocadura de un torrente hay que seguir bajando hacia el Oeste hasta una tubería negra de saiplén que conduce ya sin pérdida hasta la famosa canal de la Trapa y el pequeño agujero rocoso que tiene encima:


Nosotros no tuvimos problema alguno pues nos cruzamos con los esforzados voluntarios que estaban marcando la carrera 2KV Collarada del día siguiente dejando en el camino unas pequeñas banderitas moradas. En todo caso, al llegar a la canal el camino parece como si desapareciera en el abismo y fuéramos a volar sobre los prados de La Trapa


Para que nadie se pierda hay un montón de señales amarillas y blancas y hasta una cadena a la que agarrarse cuando el sendero se pone abrupto o, especialmente, para cuando la roca esté húmeda:



De la cima hasta el refugio de la Trapa tardamos exactamente 2 horas y en la mesa tan bonita que tiene debajo de un árbol les hice a César y Rosalía una foto similar a la que había hecho en la excursión del pasado invierno:


César se brindó a bajarnos en su coche desde donde lo había dejado, es decir, en la barrera de la pista, así que desde allí mismo llamamos al Land Rover para que se olvidara de nosotros. Para que veáis hasta donde llega la amabilidad de Pablo os cuento que se ofreció a devolvernos la mitad del importe del trayecto (!). Desde La Trapa hasta la barrera nosotros conocíamos ya el trayecto del valle de los Azus pero no el magnífico sendero trazado entre los pinos que seguramente será difícil de seguir cuando lo cubra la nieve pero que en verano es realmente bonito. Antes de tomarlo echamos la vista atrás para fotografiar la canal de la Trapa y apreciar una vez más el efecto de magnificación que siempre se da en este monte: si uno la ve al subir, seguro que se pregunta con asombro: ¿seguro que hay paso por ahí...?:


Aquí un par de fotos del sendero de descenso en su inicio y en uno de los tramos inferiores, que los ciclistas de montaña han convertido en una acusada V:



Ya no medí el tiempo pero sería poco menos de otra hora. Así pues, la ascensión de 1.200 de desnivel la completamos con unos 1.600 de descenso. Como la batería del móvil se me agotó al poco de empezar a bajar, he completado el track de la parte grabada con líneas discontinuas.


 Nos quedaron por hacer los otros 400 metros de desnivel que hay hasta Villanúa que... los dejamos para los corredores del día siguiente... Y es que lo que fuera una bonita excursión de sábado se convirtió el domingo en el magnífico espectáculo de la carrera 2KV, es decir, 2 kilómetros en vertical desde Villanúa al Collarada ida y vuelta. Por ello, después de despedirnos de César y echar la siesta, salimos a ver el ambientillo previo a la carrera y me hice una foto con el fabuloso récord que marcó hace un par de años un corredor marroquí. ¡¡¡Dos horas y diecisiete minutos en subir y bajar desde Villanúa hasta la Collarada por el recorrido completo que... sólo bajar en parte ya nos había costado a nosotros tres horas!!!


Al día siguiente pues, nos levantamos prontito para no perdernos a las 8 de la mañana la salida de todos los superhombres y supermujeres que lo iban a subir y bajar corriendo. Noventa y cinco en concreto.


 Y después de desayunar y recoger nuestras cosas en el hotel, a las diez en punto ya estábamos apostados cerca de la meta para aplaudirles en su llegada. No habían pasado unos minutos de las diez cuando apareció el ganador que parecía bajar como una pluma sin apenas rozar el suelo:


A los tres minutos el segundo corredor...:


y veintitantos segundos después el tercero, y todos ellos habiendo pulverizado el récord del marroquí (!!!). qué jornada tan gloriosa!!!


Como es habitual en nosotros nos quedamos aplaudiendo casi hasta que hubo bajado el último pues a todos los consideramos unos superhéroes. Y dado el buen ambiente que reinaba en la meta, Rosalía aprovechó para hacerse una foto con el supercampeón, el castellonense David Prades:



y con el vecino de la habitación del hotel, Manuel Martos Sánchez, que entró en en el puesto 23 aunque por categorías de edad fue el primero en la suya (!).


Magnífico broche deportivo y humano que completó nuestra modesta conquista al Collarada y que amplió nuestra comunión emotiva con esta montaña.


miércoles, 13 de agosto de 2014

161. SAN DONATO / BERIAIN, 1.493 m. (10,4k 865+) Desde Unanu



Nos llamó la atención desde la cima del Txindoki (v Montes 158) mirando hacia el Sur, allí detrás de las grandes praderas de Aralar, así que puse todo el zoom posible a mi cámara digital para verlo mejor:


Hace muchos años que no habíamos ido desde Vitoria a Pamplona por carretera pero de la primera vez que hicimos este recorrido aún recuerdo la impresión que me causó la proa que este monte muestra hacia el Oeste. Gracias a las vistas aéreas de google earth he podido apreciar la curiosa continuidad del lomo de esta montaña con el farallón del puerto de Leizarán en contraste con el largo tajo que la separa de Aralar.


Regresando en coche el día del Txindoki por el puerto de Leizarán no dejamos de contemplarla según le dábamos la vuelta, y como sus casi 900 metros de desnivel desde Unanu nos parecieron un buen entrenamiento para la ascensión al Collarada, allí que nos fuimos una semana antes de nuestra gran aventura pirenáica de este verano, es decir, el domingo 13 de julio del 2014. Al llegar desde Logroño al mirador del puerto de Leizarán nos paramos una vez más a fotografiarla de cerca:


Es una montaña realmente espectacular que deja ver bien el sendero por el que se la gana. Sólo hay que tirar un poco de zoom:


Es más difícil dar con Unanu por carretera que encontrar luego el sendero de subida. Desde el pueblo de Leizarán hay caminos asfaltados para llegar a Unanu pero no tienen ninguna señalización así que preguntamos a unos paisanos y nos dijeron que mejor  nos llegáramos a la carretera Vitoria - Pamplona y tomásemos la primera salida a la derecha y luego un cruce a la izquierda todo bien señalizado. Y eso hicimos. Nada más llegar a Unanu se ve un cartel que te marca el camino al Beriain y en cuanto echamos a andar debajo de la gran proa que mira hacia Vitoria ya hice la primera foto:


A un kilómetro vimos a un montañero que tiraba por un sendero poco marcado de la izquierda pero como el track de wikilok que me había bajado como guía iba por el camino (no recuerdo ahora cuál de los muchos tracks que hay en la web seguimos pero en esto de los tracks ya empieza a ser hora de hacer limpieza...), nosotros seguimos por lo seguro, es decir, por la pista. Como luego bajaríamos por el sendero poco marcado pongo aquí el track que nos grabó endomondo y en trazos la variante:


Cuando se vuelven a juntar la pista y el sendero (poco antes del kilómetro 2) la ruta al Beriain se interna en el bosque, se pone muy cuesta arriba (y más si el terreno está húmedo, como el día que nos tocó subir y como será lo normal...) y hasta se bifurca y pierde en varios atajos y eses, pero al final siempre se encuentra y no te sientes nunca perdido. No hice fotos de este tramo pues bastante teníamos con no darnos un resbalón en el barrillo creado por las últimas tormentas. Es al llegar al km 3 cuando sales del bosque y el panorama se abre para mostrarte la dura senda que se veía desde el mirador de Leizarán:


 En esta perspectiva no parece dura, pero ya veréis después cuando haga la foto desde arriba. Antes de eso, mi cámara se me fue varias veces hacia la maravillosa cascada de piedra que teníamos a la derecha y que a mí se me antojaba similar a los contrafuertes laterales de la Catedral de Chartres (ver fotos en el post 67 de edificios LHD):


Desde la parte alta del sendero, cruzándonos con algunos montañeros que ya bajaban, apreciamos mejor la dureza de su pendiente (!). Rosalía la comparó con la que subimos hace un par de años al Bisaurín.


El sendero sube más o menos en zigzag hasta que al llegar cerca de la línea cumbrera traza una larga diagonal en dirección Este. Desde el final de esa diagonal vemos con perspectiva de avión el pueblecito de Unane y la pista por la que habíamos empezado a subir:


El sendero se dirige a la parte alta de los contrafuertes y en la grandiosidad de la imagen siguiente apenas se le distingue a Rosalía:


Esos farallones dan un poco de respeto pero el sendero nunca se acerca mucho a ellos ni se hace demasiado aéreo. En cuanto se llega encima de la primera cortada ya se avista el largo lomo de la cima justo al pasar por unos cuantos grandes cahíres muy útiles para la vuelta en caso de que haya niebla.


El paseo por el lomo del San Donato en un día de sol y sin apenas viento, como el que nos tocó en suerte, es casi mágico:


Poco antes de llegar a la ermita el track marcaba el km 5 y al llegar al vértice geodésico que está un poquito más arriba, el reloj decía que habíamos tardado exactamente 2 horas justas. No está nada mal.



En cuanto a las vistas ya os podéis hacer una idea. Hacia el Este continuaba el lomo del monte hacia el arco de Leizarán dejando a ambos lados buenas cortadas:


Y mirando hacia el Oeste, se avistaba la punta de proa de esta montaña que también se asemeja a un gran transatlántico:


Echamos una ojeada a la ermita, que tiene un limpísimo refugio como portal (chapeau por los que lo cuidan!):


... y un altar muy curioso en el que San Donato parece desdoblado como el propio nombre del monte, ja ja ja. Digo yo si el otro santo que enmarca la cruz no se llamará Beriaín...:


Como se estaba mejor fuera que dentro y en la parte Sur de la ermita no hay ningún banco (pequeño fallo) decidimos almorzar a pocos pasos de la cumbre junto a una de las grandiosas "ventanas" que miran hacia el norte:



El descenso lo hicimos con bastante precaución (1h 30'), o sea que nada de hacer el cabra, que ya va uno para viejo..., pero eso sí, cuando salimos del bosque y vimos claro el sendero alternativo a la pista y que era más bonito que ésta, por allí que bajamos y por allí que hice la última foto de esta estupenda ascensión a esta fascinante montaña:


Lo dicho: 13 de julio del 2014, 2 horas para el ascenso, 1 hora de almuerzo en la cumbre, y 1 hora 30' para el descenso. Pensando que íbamos a bajar exactamente por donde subimos sólo grabé el track de la subida por la pista. Sorry.


viernes, 18 de julio de 2014

160. RAW INDOOR, EL ROCÓDROMO DE JOSÉ. LOGROÑO, Polígono de la Portalada



De la ciudad nos fuimos al monte para hacer montañismo sin saber que también en la ciudad se puede hacer monte o, al menos..., un simulacro. Las paredes del rocódromo RAW INDOOR de Logroño tienen dibujados unos picos de lo más ingenuo y gracioso, pero no va por ahí la semejanza je je. La experiencia de Toix (v Montes 154) pedía algún tipo de continuidad con esa forma de practicar la montaña agarrándose a ella con uñas y dientes, y al final hemos acabado por probar lo del rocódromo, una disciplina más bien gimnástica que desarrolla habilidades, pasos, músculos y formas de equilibrio que nunca hubiéramos imaginado. Y la verdad es que, por lo menos a mí, ya me ha enganchado. A Rosalía me costó un poco más convencerla llevarla (y eso que Teresa también empujaba desde lejos), pero el viernes 11 de julio accedió al fin y ahí la veis andando por la vertical de una pared sujeta a esas pequeñas presas como si cualquier cosa.


Los rocódromos no son nuevos pero nunca nos habían llamado la atención. Me da que la escalada ha sido durante mucho tiempo una especie de límite que muchos aficionados al monte hemos preferido no traspasar porque detrás de ese raya empezaban ciertas truculencias, por un lado, o cierta épica, por el otro, y que tanto unas como otras preferíamos dejarlas al margen de la belleza y tranquilidad que buscábamos en la montaña. Pero bien mirado, ninguna montaña es tranquila. Toda salida a la montaña es una pequeña aventura de incursión en la naturaleza que lo mismo te embelesa que te sorprende. Bien pensado, la naturaleza que te descubren los rocódromos no es la de las montañas sino la de uno mismo, la de las posibilidades de tu propio cuerpo. Ahora bien, para eso no es suficiente el rocódromo: se necesita también de un buen guía. Y a fe que Jose lo es. Sólo verle gatear por las presas del RAW INDOOR como una araña o una lagartija ya te entran ganas de imitarle, pero si aparte de eso, luego, cuando habla contigo o te asegura, te transmite a la vez una especie de calma y sosiego que nada tiene que ver con las hazañas deportivas al uso, el resultado no puede ser más gratificante y desmitificador.


Desde que he empezado a ir a su rocódromo, Jose no para de decirme que tenemos que ir a las rocas de verdad, a las paredes de Estella por ejemplo, que dice que están muy bien y son fáciles, pero yo no tengo muchas prisas porque rocas vemos cada domingo en cualquier salida montañera. Otra cosa sería mezclar lo de las caminatas por el monte con alguna zona en que haya que gatear, como nos pasó en el arranque del último tramo del Vignemale (v MONTES 41). No creo que nunca lo hagamos (o busquemos hacerlo) porque cuando llegamos a un tramo de dificultad en roca, suelo estar tan cansado de andar y subir, que nunca tengo ganas de complicaciones. De todos modos, si esto del rocódromo nos hace perderle miedo a esos pasos y acercarnos a la montaña (o a la naturaleza de nuestros propios cuerpos) sin salir de la ciudad, bienvenida la experiencia a este mismo blog.




martes, 1 de julio de 2014

159. EL RAVE, 864 m (8k 300+) Villalba de Rioja, 47 AÑOS DESPUÉS (!)



Entre esta foto en blanco y negro hecha en la cima del Rave, y esta otra en color, median nada más y nada menos que... ¡47 años!


Yo tenía 13 cuando mi padre (arriba a la derecha en la foto siguiente) organizó una macroexcursión con amigos y familiares que puso en la cima a toda esta gente (!!!):


El motivo fue homenajear a sus amigos José Mari San Juan y al dueño de calzados Cabezón de Haro (no recuerdo ahora su nombre de pila) porque un año antes habían acudido como voluntarios a apagar el fuego que había devastado esa pequeña montaña metida en los Montes Obarenes a mitad de camino entre Villalba de Rioja y la Camáldula de la Herrera. Tengo un montón de fotos de ese día pero no es cuestión de ponerlas todas aquí, aunque lógicamente, la pequeña excursión que hicimos Rosalía y yo el pasado domingo 29 de junio, festividad de San Pedro, comenzó llena de recuerdos. Otra cosa es como acabó, ah, casi casi como en otro incendio. Ya veréis por qué.


Nada más fácil y sencillo que subir al Rave. Y bonito de veras. Se sale del punto más alto del casco urbano de Villalba y se enfila derecho en dirección norte hacia el Portillo. Al principio por camino, y luego por senda. Ojo en el primer cruce de caminos porque el grande tira hacia la izquierda y hay que coger el otro. Un bienaventurado montañero ha puesto un pequeño cahir para indicar que es por el derecho. Un kilómetro de suave subida y se llega a un pequeño embalse que se bordea por la derecha. Desde el borde del embalse se ve una de las dos paredes de roca que funcionan como escuela de escalada. 


El corte que se ve por debajo de la pared es el talud de la pista que sube hasta el Portillo que queda un poco más a la izquierda de esta foto. Esta pista sale también desde el mismo Villalba un poco más abajo desde donde habíamos dejado el coche y sube zigzagueando hasta justo debajo de la pared. Ideal pues para ponerse a escalar sin cansarse lo más mínimo. Bordeado el pequeño embalse, nosotros seguimos el sendero en dirección Oeste hasta que quinientos metros más adelante se encuentra con una pista que sale de la anterior y que se dirige hacia el mirador de Villalba, donde almorzamos el día de la subida a la cruz de Motrico (v. Montes 102).  

Justo al llegar a la pista hay otra zona de roca equipada como escuela de escalada y como nos encontramos a un chico en plena faena (y supuestamente a alguien más asegurándole), subimos a charlar con ellos y resultó que eran usuarios del mismo rocódromo al que he empezado a ir estos días, el RAW de José en la Portalada. 


Tras un ratillo de amigable cháchara seguimos nuestro camino hacia el Oeste hasta llegar a una zona llana que creo que llaman "la fuente del gallego" en la que hay que andar con ojo para encontrar el sendero que se mete en ese pequeño llano (no hay cahir ni señal alguna) y luego doblar a la derecha para ascender a la cumbre (ahí la senda se ve mejor). No os preocupéis que no hay pérdida, y si no, aquí os dejo el track y el mapa:


La ascensión de este segundo tramo es tan corta que para cuando empiezas a sudar ya estás arriba. La cima está en el quiebro que se ve antes del km 3. Desde Villalba tardamos 56 minutos, entre los cuales hay que contar también el rato que estuvimos de charleta con los escaladores porque no paré el endomondo. Creo que no llegan a los 300 metros de ascensión. 


Sabiendo que era tan accesible no llevamos ni siquiera almuerzo, pero aún así, pasamos un buen rato en la cumbre disfrutando de sus extraordinarias vistas. 


Y ahora viene..., como se dice en las pelis ¡cuando la mató! ¡ah!. Yo no tenía ni idea de que hubiera un segundo sendero para llegar a la cumbre pero en la cima, alguien con pintura verde ha marcado sobre la roca una flecha y ha escrito un rótulo que dice AL PORTILLO, indicando un sendero que sale por detrás de una especie de estación meteorológica que hay en otra roca detrás de la del buzón. ¿Qué hacemos? nos preguntamos ¿vamos por aquí? Total, es un monte tan pequeño...

Damos cuatro pasos y el sendero parece pisado y sobre todo, bellísimo: una especie de túnel en la vegetación en el que encontramos un par de cintas grises a modo de señales de que vamos bien:


Pero en el primer cruce de senderos la cinta gris está colgada como quien se deja allí un pañuelo sin marcar por cuál de los dos seguir. Cogemos el de la izquierda, que parece más ancho pero enseguida me doy cuenta de que la orientación que lleva no es buena y damos marcha atrás para coger el de la derecha (justo en el km 3 del track). Un poco más adelante encontramos otra cinta y algunas pequeñas marcas de pintura verde en alguna piedra del suelo y nos alegramos de ir bien, pero al llegar a una zona de roca en que el sendero se asoma al sur, tiramos para abajo por lo que parece un sendero muy poco andado y nos metemos en un berenjenal de narices. 


Le sugiero a mi socia volver a subir al punto de la cresta y dice que no, que para abajo, que parece que el sendero sigue, pero... ay ay, cada vez se pone más sucio e intransitable (cada vez nos arañamos más) y cuando ya habíamos bajado media ladera y emitido (yo) más de un improperio, decido dar la vuelta y volver al punto de la cresta de roca donde nos habíamos perdido. 


Marcar un sendero es un gran favor a los montañeros pero también una responsabilidad y si no se hace bien puede ser la causa de un mal rato como el que pasamos nosotros. Menos mal que es un monte muy pequeño y que en el peor de los casos podríamos volver a la cima tranquilamente, pero hay que tener un poco más de cuidado con las señalizaciones. En efecto, al volver a línea cumbrera (ver otra vez el mapa del track) encontré a tientas el sendero verdadero que sigue hacia el Este y algunas (pocas) marcas de pintura verde en alguna piedra en medio del sendero, sobre todo, ay, cuando no hay cruces ni dudas. Esta parte del sendero (especialmente cuando gira hacia el sur en el km 5 del track, es bastante más estrecha y está más sucia que la de arriba y me temo que pueda ser muy fácil perderse, por lo que convendría marcarlo mucho mejor. Al final, cuando sale a la pista que baja a la Herrera, hay otra flecha verde que marca su inicio. 


Como decía antes, la cosa no acabó en incendio pero con estas cosas, la verdad, te entran ganas de prender fuego al monte y al que puso las marcas verdes. Y nada peor que arruinar tan bonita excursión y tan bonitos recuerdos como tengo del Rave (o Rabe, escriben otros), así que para finalizar, aquí va otra de las fotos en la cumbre de aquel gozoso día de agosto de 1967 en la que también se me ve junto al cura de Villalba que como se puede apreciarse, ¡subió con sotana!